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jueves, 12 de abril de 2012

DISCIPULADO No. 4 El despertar de la conciencia y los ciclos cósmicos




DISCIPULADO No. 4
El despertar de la conciencia y los ciclos cósmicos

La Ley del Ritmo o Periodicidad nos enseña que  en la Creación todo fluye y refluye, asciende y desciende, nace y muere, en periodos exactos de oscilación pendular, entre los dos polos determinados por la Ley de Polaridad. Esto nos indica que todo en la Creación se desarrolla siguiendo un movimiento ordenado dentro del cual existen momentos indicados para cada proceso. Esto da lugar a los ciclos de desarrollo y recapitulación que abarcan desde los grandes días de manifestación o Manvantaras, gigantescos períodos de creación que van acompañados de sus correspondientes noches Cósmicas o grandes Pralayas, gigantescos períodos de disolución, hasta los pequeños ciclos de vida y muerte de cualquier criatura. Cada ciclo macro o micro cósmico contiene dentro de sí un juego de ciclos menores que son representaciones exactas del gran ciclo. Podemos afirmar que siempre existirán ciclos dentro de ciclos, en un sistema holográfico o fractal como se le denomina en la actualidad. En cada ciclo particular sea grande o pequeño se trabaja sobre un principio especial y se busca llevarlo a la perfección, siendo ésta un programa ideal trazado en la Mente del Divino Arquitecto, hacia el cual avanzamos como quien camina tratando de llegar a la línea del horizonte, de tal suerte que una vez hemos avanzado, la meta se ve igualmente o más lejana, pero se trata de un horizonte distinto, cuyo propósito no es lograr que lo alcancemos sino hacer que caminemos, en un proceso llamado evolución.
Al comienzo de un ciclo grande, la vida parece regresar al comienzo como un péndulo que vuelve una y otra vez, de polo en polo, buscando el equilibrio, y los ciclos pequeños son etapas de recapitulación de procesos gigantescos que ya se han vivido pero que se repasan ahora a mayor velocidad, o etapas de preparación para futuros procesos que despertarán en futuros grandes ciclos. Para el caso de nuestra Corriente de Vida, nuestro Esquema Creador, que se desarrolla en siete mundos de diferente nivel de vibración,  comprende 7 días de Creación  o Períodos Mundiales, que se reflejan o subdividen en siete grandes Revoluciones Cósmicas o Rondas. Estas a su vez se subdividen en 7 periodos globales, ya que en cada revolución trabajamos en 7 globos diferentes. Los periodos globales se subdividen en7  Épocas o Grandes Razas y cada una de éstas en Razas propiamente dichas, las cuales a su vez se fraccionan en 7 subrazas y éstas en encarnaciones o vidas. Cada encarnación se subdivide en etapas de siete años y representa en su totalidad todo el proceso creador del Esquema.
 Nuestro Esquema creador particular se ha desenvuelto a partir de tres Fuerzas Cósmicas: Voluntad, Sabiduría y Actividad, las cuales se proyectan como Poder, Amor e Inteligencia Creadora. Nuestro Esquema se desarrolla en tres grandes Manvantaras o Grandes días de manifestación,  estando en cada uno de ellos predominante  una de las tres fuerzas, en su orden. En la actualidad estamos atravesando el segundo de estos Manvantaras y nos falta un tercero, estando formado cada uno de estos grandes períodos de Creación por todos los ciclos septenarios enumerados anteriormente y muchos otros que no menciono para no complicar la comprensión ahora. En cada día de manifestación las tres fuerzas obran todo el tiempo cumpliendo tareas diferentes.
 La fuerza de la Inteligencia Creadora actúa primero, para construir los mundos que serán el campo de la evolución. Su tarea es gradual y se desarrolla conforme a las necesidades de las Corrientes de Vida evolucionantes. La fuerza del Amor-Sabiduría actúa en segunda instancia proporcionando las Corrientes de Vida, que a su vez se subdividen en Oleadas de Vida, es decir, esta fuerza vitaliza el Esquema. La fuerza de Poder-Voluntad actúa en tercer lugar para despertar la Consciencia de las aparentes entidades evolucionantes y llevarlas hasta la omniconsciencia.  
La vida arquetípica ideal de un ser humano debe abarcar 147 años que son 3 grandes períodos de 49 años. En cada uno de estos períodos trabaja una de las tres grandes fuerzas en forma predominante. La fuerza de Inteligencia Creadoradomina en el primer período, de 0 a 49 años; la fuerza del Amor-Sabiduríagobierna en el segundo período, de 49 a 98 años y la fuerza  Poder-Voluntadgobierna el tercer período de 98 a 147 años. La mayoría de los seres humanos debe alcanzar por lo menos el segundo ciclo, el cual representa el segundo Gran día o Manvantara del Esquema actual, pero como éste aún no termina y vamos más o menos a la mitad, de igual forma los seres humanos alcanzan una edad promedio de unos 72 años que sería el fractal correspondiente a un ciclo y medio aproximadamente.
Cada período de 49 años se subdivide en 7 ciclos de 7 años equivalentes a los 7 días de Creación o Períodos mundiales . En total, los 147 años contienen 21 períodos de 7 años. Cada período de 7 años se subdivide a su vez en 7 períodos de un año y también, al igual que todo el ciclo de vida, por ser fractal de éste, en 21 períodos de cuatro meses. Los subperíodos de 7 años y los menores de un año son etapas de trabajo recapitulatorias o preparatorias de cada día de la creación. Los 21 períodos de 4 meses( 3 ciclos  por año, uno para cada una de las 3 fuerzas), representan momentos especiales de trabajo. Todo el ciclo de 21 períodos de 4 meses es gobernado por una fuerza planetaria o zodiacal principal que abarca todo el período y cada uno de los 21 ciclos permite el trabajo de otra fuerza planetaria o zodiacal abarcando con esto un trabajo gradual ordenado con las 22 fuerzas sagradas que nos dirigen (12 fuerza zodiacales y 10 fuerzas planetarias, los 22 senderos del árbol cabalístico).
La Chispa de la Llama Divina o Mónada, nuestro Ser Esencial, a imagen y semejanza de su Creador, irradia de sí una triple fuerza, las cual construye el triple Espíritu o Ego ( con E mayúscula). Poder- Voluntad se manifiesta como Espíritu Divino o Atma, Amor-Sabiduría como Espíritu de Vida o Budhi  e Inteligencia Creadora como Espíritu Humano o Manas Superior. Este triple Espíritu se refleja en el foco llamado Mente y se refleja en un triple cuerpo: Físico, Etérico y Astral respectivamente, dando lugar a un juego de 7 vehículos primarios para el trabajo evolutivo. Cada día de la creación está dedicado a uno de estos siete vehículos  e igualmente cada período de siete años y cada ciclo menor de un año está especialmente dedicado a este trabajo.
El primer ciclo de 49 años es recapitulatorio ya que corresponde al Primero de los tres grandes días o Manvantaras donde se trabajó fundamentalmente la fuerza de Inteligencia Creadora. En ese ciclo el juego de 7 cuerpos es reconstruido gracias a los átomos simientes que contienen toda la información de la experiencia adquirida en pasadas encarnaciones. Se hace en ellos alguna mejora, pero el karma acumulado de otras vidas se hace presente.  En este ciclo, la fuerza de Inteligencia Creadora debe actuar en el individuo para construir el alrededor ambiente o campo de evolución de la encarnación.
En el segundo ciclo de 49 años se realiza el verdadero trabajo de la encarnación, donde es fundamentalmente activa la fuerza de Amor- Sabiduría correspondiente al Segundo Gran día del Esquema. El individuo debe aplicar todas sus fuerzas despiertas para este trabajo, haciendo uso de todas sus facultades y talentos, a la vez que hace un gran trabajo de interiorización que le permite descubrir falencias, corregir errores, pulir tendencias y desarrollar mejoramientos de sus estructuras.  El tercer ciclo de 49 años es preparatorio de futuros trabajos y de vidas o niveles posteriores. Solo llegan a él quienes cumplen satisfactoriamente las dos anteriores etapas. Este ciclo maneja la tercera fuerza, Poder Voluntad y es una etapa de alto contacto espiritual, si las condiciones de los cuerpos son óptimas para el trabajo, lo cual implica que se ha vivido sabiamente en las etapas previas. El número de años vividos no indica necesariamente que el individuo ha despertado al nivel de conciencia correspondiente pero sí señala que los vehículos están ya listos para ese proceso. El espíritu puede haber o no aprovechado la oportunidad. También puede indicar que en una encarnación anterior se alcanzó el nivel pero que alguna situación kármica impide su manifestación.
 En el primer ciclo de siete años, del primer ciclo de 49, nuestra primera infancia, se trabaja fundamentalmente sobre el Cuerpo físico. Los demás cuerpos  de la personalidad permanecen en un estado de incubación o latencia. Este primer desarrollo físico será complementado durante otros tres períodos de siete años, hasta los 28, al igual que sucede en el proceso macrocósmico, en el cual en cuerpo físico comenzó en el primer día  de la Creación y se perfeccionará al final del cuarto. En el último año de este ciclo, de 6 a 7 años, despierta el Espíritu Divino o Atma al igual que ocurrió en la última revolución Cósmica o ronda del Primer día creador.
En el segundo ciclo de siete años, de 7 a 14, despierta  o nace el cuerpo vital o etérico,  se trabaja sobre él y se reconstruye hasta el quinto período, hasta los 35 años. En el penúltimo año de este ciclo, de 12 a 13 años, despierta de su letargo el Espíritu de Vida o Budhi y de los 13 a 14 se activa la conexión con Atma.
En el tercer período de 7 años, de 14 a 21, la adolescencia, despierta el cuerpo astral o Emocional, junto con sus oleadas de emociones, se trabaja en él y se reconstruye hasta el sexto período, el cual culmina a los 42 años. De los 18 a 19 despierta el Espíritu Humano o Manas o Mente Superior, de los 19 a 20 se activa su conexión con Budhi y de los 20 a 21 con  Atma.
 En el cuarto ciclo, de los 21 a 28 años, la Juventud, despierta el cuerpo mental, se trabaja en él y se construye hasta el séptimo período, el cual finaliza a los 49 años. A partir de los 25 a 26 debe comenzar la construcción del puente que establecerá la conexión del cuerpo mental con el Espíritu Humano o Mente Superior. De los 26 a 27 comienza el trabajo de conexión con Espíritu de Vida o Budhi y de manera similar de los 27 a 28 comienza el trabajo de conexión con Espíritu Divino o Atma. Esta triple conexión que constituye la parte superior del Cordón de Plata, que aún no se ha alcanzado en el proceso evolutivo, es el trabajo anticipado ya que constituye una labor a realizarse durante la quinta, sexta y séptima Rondas o revoluciones del presente día de la Creación llamado Período Terrestre en nuestro Esquema particular de evolución. Este trabajo puede también ser reforzado durante los períodos septenarios quinto sexto y séptimo los cuales recrean no solo los tres últimos días creadores sino también las revoluciones correspondientes. Es a partir de estas edades que deben ser comenzadas las prácticas de meditación, contemplación y adoración o éxtasis espiritual, ejercicios espirituales cuyo propósito es efectuar las conexiones mencionadas. Si no se ha hecho un trabajo previo al respecto en otras encarnaciones, lo cual se evidenciará notoriamente en la vida del individuo ya que toda anterior iniciación debe ser recordada conscientemente y el poder alcanzado despertará tal vez en los primeros años de vida, todo trabajo  de meditación, contemplación o ejercicios de mayor nivel a edades tempranas constituye un trabajo prematuro que puede producir fuertes alteraciones o patologías mentales de diversa índole. En esta época de 21 a 28 en la que culmina el trabajo reconstructivo de cuerpo denso, trabaja intensamente Espíritu Divino o Atma, reincorporando la quintaesencia del trabajo de reconstrucción y recapitulación kármica de Cuerpo Físico. El Alma Consciente, fruto de este proceso alcanza el nivel de la encarnación pasada y si el trabajo es bien realizado se alcanza una leve mejora junto con la eliminación de programas errados en relación con hábitos, tendencias y situaciones kármicas, incluidos patrones de enfermedad que nuestro vehículo físico trae de otras encarnaciones.
En el quinto ciclo, de los 28 a los 35 años, la adultez, Espíritu de Vida, el cual se refleja en el Cuerpo Etérico, que termina aquí su reconstrucción, extrae la quinta esencia de la experiencia etérica vivida en la reconstrucción y en la recapitulación kármica. Alma Intelectual, fruto de este proceso alcanza el nivel anterior junto con las correcciones y mejoras correspondientes, si se ha hecho un buen trabajo ( recordar aquí que nuestra Alma constituye el triple fruto de la evolución, como reflejo del  triple aspecto de la Chispa de la Llama Divina o Mónada).

En este ciclo hay trabajo especial de Espíritu Humano. Este quinto ciclo de siete años es esencialmente una etapa preparatoria para las futuras condiciones del período de Júpiter, pero también recrea la Quinta Revolución Cósmica, donde El Espíritu Humano es despertado. Este vehículo sale de su letargo en esta época y ejerce su influencia separatista y de independencia. La energía del Espíritu Santo influencia poderosamente la vida del individuo. Es una buena etapa para independizarse, para casarse, para tomar partido, para elegir una ruta definida. También es la época ideal para la meditación profunda que nos permite entrar en contacto con el mundo de las ideas. Siendo el Espíritu Humano, el que expresa La energía creadora del Espíritu Santo, es esta la edad propicia para intensificar nuestro poder de Epigénesis. Es la época de la inteligencia, de la invención, de la creatividad, de la acción sabia. La clave de toda esta etapa esindependencia creativa e inteligente.

En el sexto ciclo, de 35 a 42, Espíritu Humano, extrae la quintaesencia del cuerpo Emocional, que termina aquí su reconstrucción. El Alma Emocional, fruto de este trabajo, alcanza el nivel de vida anterior, junto con las mejoras correspondientes.
Este sexto ciclo de siete años es una etapa preparatoria para las futuras condiciones del Periodo de Venus, pero también recrea la sexta Revolución Cósmica, donde el Espíritu de Vida tiene su acción predominante. Este vehículo tiene un nuevo despertar y ejerce su fuerza unificante, dejando sentir la poderosa energía de Cristo en la vida del individuo. Es una época adaptada para el despertar del Cristo interno y para afianzar nuestros principios de Unidad y Fraternidad Universal, rompiendo la influencia separatista. La subdivisión septenaria, siguiendo la clave recapitulatoria nos da la guía de
acción en estas edades.

En el último ciclo del gran ciclo de  49 años correspondiente a la fuerza de Inteligencia Creadora, de 42 a 49, se hace una última recapitulación reconstructiva, año por año para cada vehículo y muy especialmente para el cuerpo mental el cual termina aquí su reconstrucción completa.
Este séptimo ciclo de siete años es una etapa preparatoria para la divinas experiencias del Período de Vulcano o séptimo dia creador, y una recapitulación de la séptima revolución cósmica y el séptimo globo, donde la actividad del Espíritu Divino predomina. Durante este ciclo el trabajo consiste en la educación de la voluntad humana para la aceptación de la voluntad Divina mediante el conocimiento y colaboración con el plan evolutivo. Este septenario debe estar dedicado a la práctica de la adoración y a la vivencia espiritual más elevada, mediante la disciplina no dogmática ni represiva y la acción recta.Igualmente, cada uno de los siete vehículos se dispone especialmente para ser interpenetrado, en un nivel más alto, por la fuerza de Amor- Sabiduría que gobernará especialmente en el segundo ciclo de 49 a 98 años.

La edad de 49 años representa un verdadero segundo nacimiento. Es la época del despertar del segundo Aspecto- Fuerza que venimos trabajando desde la aurora de este Segundo Gran día o Manvantara. Antiguos hábitos destructivos, patrones emocionales caducos y vicios mentales deben ser dejados atrás por el aspirante a la vida Superior si desea despertar en plenitud esta Segunda Fuerza. De lo contrario, rodará solamente por la rueda del ciclo anterior, siguiendo un patrón en círculo en lugar de abordar el sendero en espiral, propio de un correcto sendero evolutivo. El sendero circular indicará que la anterior etapa no fue vivida plenamente y los errores no corregidos aparecerán, generando diversas patologías crónicas, a nivel físico, emocional y mental, que pondrán en evidencia las grandes falencias que impiden entrar en la onda superior de la espiral. En la mayoría de las personas es la etapa de los desórdenes crónicos y este sendero llevará al deterioro y destrucción de los vehículos constituyendo tan solo una etapa de ajuste kármico que será vivida encarnación tras encarnación hasta que karma se agote y se entre en el proceso real del despertar del Amor- Sabiduría. ( Para una explicación más detallada, año tras año, del primer ciclo de 49 años lea el artículo “La Recapitulación en la Vida diaria” escrito por mí hace algunos años, disponible en PDF, anexo).
Si alcanzamos correctamente la segunda voluta de la espiral ascendente, a partir de los 49 años, la Segunda Fuerza, Amor- Sabiduría, despertará de su letargo e irradiará a través de los siete vehículos, en forma paulatina, siguiendo el curso ordenado de siete nuevos períodos septenarios.
A los cuarenta y nueve años el hombre ha vivido en pequeño los siete días de la creación y se prepara para otro nuevo ciclo que representa un nuevo esquema evolutivo, otro día de manifestación. Estos al igual que todo nuestro proceso siguen un orden perfecto de tal suerte que el primer ciclo septenario  (primeros cuarenta y nueve años de vida) corresponden a una vida de expresión física donde el desarrollo del Cuerpo Denso y la educación de la Voluntad son las claves a seguir. Este segundo juego de de cuarenta y nueve años corresponde al Cuerpo Vital y a su contraparte el Espíritu de Vida y la nota clave es el Amor. Esta nota clave se relaciona con Chokmah cabalístico o el principio Crístico.

Cada septenario de esta segunda vuelta corresponde igualmente a una etapa recapitulatoria  y de trabajo, relacionada con uno de los siete Períodos mundiales de creación, o con una revolución cósmica, globo, época, raza o subraza. La Fuerza Amor- Sabiduría ya ha sido incorporada en nuestros vehículos en pasadas encarnaciones y permanece latente en los átomo simientes, despertando gradualmente en cada uno de los subciclos correspondientes, en el primer ciclo de 49 años, principalmente en los años que corresponden a Espíritu de vida ( 5-6, 12-13, 19-20, 26-27, 33-34, 35-42, 47-48), pero con un despertar total en este segundo gran ciclo. Espíritu de Vida o Budhi es el aspecto de nuestro Yo Superior que fue emanado del segundo aspecto de la Mónada, Amor-Sabiduría y es el vehículo espiritual que nos permitirá funcionar conscientemente en el Mundo del Espíritu de Vida o Mundo Búdhico, también llamado Mundo Samádico o Intuicional, siendo este nivel cósmico el mundo donde cesa completamente toda diferenciación y se alcanza contacto pleno con la Unidad universal.

En el primer ciclo, de 49 a 56, el cuerpo físico debe ser convenientemente revisado y purificado para que alcance un nivel vibratorio superior, una voluta más de la espiral ascendente. El Amor debe irradiar de él. Deben haberse superado toda clase de bloqueos en la expresión afectiva. Si no es así, es una buena época para hacerlo. Aquí es importante considerar que el cuerpo denso debe ser nutrido con sabiduría y debe atenderse cualquier rezago de enfermedad que aparezca en él. Es la época para aprender acerca del efecto en este cuerpo de mala alimentación, sobresfuerzo, abuso o desorden de la sexualidad, emociones negativas, pensamientos destructivos, tendencia egoísta o separatista, tendencia anti solidaria, debilidad de la voluntad o cualquier otra fuerza mal usada o canalizada proveniente de los demás vehículos. En cada uno de estos 7 años ha de considerarse el vehículo correspondiente, su relación con el denso y el mejoramiento de la armonía entre cada par, con el objeto de espiritualizar el vehículo material a tal punto que se convierta en un verdadero canal para la Fuerza de Amor o Fuerza Crística. El discípulo ha de desarrollar y manifestar corporalmente, en esta época, afectuosidad, magnetismo, sanidad, solidaridad  y misericordia. Todo contacto corporal ha de transmitir amor en su más pura manifestación. El trabajo del cuerpo denso que comienza aquí tendrá cuatro nuevos estadios de 7 años y será terminado en el septenio de 70 a 77.

En el segundo ciclo, de 56 a  63, el cuerpo Etérico vuelve a tomar protagonismo. Siendo este el reflejo de Espíritu de Vida y este a su vez proyección del Segundo Aspecto. Este septenio tiene gran importancia. Es época para espiritualizar el cuerpo Vital , para lo cual el cultivo de los llamados éteres superiores es necesario. Estos dos éteres llamados luminoso y reflector son el asiento de la percepción y la memoria y son la clave del mejoramiento conductual del ser humano pues es aquí donde se fijan fuertemente los programas de vida y conducta. La oración desde el corazón y el discernimiento son claves en este proceso así como el estudio profundo de grandes verdades espirituales, puesto que la clave de la grabación en el cuerpo etérico es la repetición. Lecturas, audios, conferencias, videos y toda clase de ayudas de conocimiento espiritual son muy útiles para este tiempo. El desarrollo de los dos éteres superiores capacitará al individuo para el aprendizaje por método directo en los mundos de vibración superior ya que estos dos principios pueden ser separados del vehículo físico para ser llevados como instrumentos de registro por el Ego durante vuelos anímicos por planos superiores de consciencia. Para el desarrollo del cuerpo Vital es necesario el cultivo de una actitud amorosa y solidaria en relación con el medio circundante. Esto constituye el amoroso espíritu Crístico o irradiación Búdhica que permite la manifestación del Segundo Aspecto lo cual equivale al nacimiento del Cristo Interno. Aquí es necesario, a la par que se efectúa el anterior trabajo, el economizar éter en sus dos aspectos inferiores, llamados químico y de vida con el objeto de aumentar los superiores. Para ello, una sana alimentación evitará el desgaste, al igual que la moderación con el ejercicio físico y el uso de la sexualidad. A este respecto, toda promiscuidad debe haber cesado a esta altura de vida, con el objeto de evitar la contaminación de los éteres. Una vida sexual moderada y sana debe ser llevada por el aspirante al discipulado para evitar represión destructiva. El celibato absoluto solo se sugiere para los iniciados de alto grado que han logrado el despertar del poder creador de la palabra y pueden canalizar en forma perfecta el poder de la energía sexual no utilizada.

Por ser el cuerpo Vital el vehículo inferior de consciencia, ya perfeccionado por los Ángeles, el contacto con esta Jerarquía puede ser de gran utilidad en este septenio. Se sugiere al aspirante al discipulado el estudio de los llamados Coros Angélicos o Jerarquías creadoras y en especial el Coro de Ángeles. Es de utilidad que se conozca el sistema de correlación y trabajo de estas Jerarquías con cada ser humano de acuerdo con su carta Natal. Es muy útil el estudio de los 72 ángeles de la cábala, regentes del zodíaco y, para esta época especialmente, el estudio de los 8 representantes angélicos correspondientes  ( del 65 al 72). El libro “Los Ángeles al alcance de todos” del Iniciado Kabaleb puede ser una buena guía para introducirse en este tema. La Jerarquía de los Ángeles es la actualmente encargada del desarrollo, perfeccionamiento y espiritualización de los cuerpos vitales de plantas, animales y humanos. También pueden ser útiles los libros “La estructuración dévica de las formas” y “Los Ángeles en la vida social humana” del Iniciado Vicente Beltrán Anglada.

El tercer ciclo, de 63 a 70 años, es nuevamente del predominio del cuerpo de deseos el cual debe ser espiritualizado. El Amor-Sabiduría debe inundar el campo de acción de este vehículo para permitir elevar el grado de vibración de nuestras emociones, deseos y sentimientos en los cuales debe primar la nota clave del Segundo Aspecto. La espiritualización de las emociones implica una dura batalla contra el egoísmo, un gigantesco dragón de 7 cabezas formado por el desborde y pérdida de control de energías planetarias: la solar soberbia. La venusina lujuria, la mercurial envidia, la lunar pereza, la saturnina avaricia, la jupiteriana gula y la marciana ira. Las positivas emociones que contrarrestan estas fuerzas negativas deben ser desarrolladas a partir de la transmutación de éstas. Sugiero estudiar el artículo “ El Culto a la Personalidad” de mi autoría, el cual les anexo a este escrito. El conocimiento de la Ley Divina debe constituir el código de acción del aspirante. Estudiar las Leyes de la Naturaleza es clave en esta época: Mentalismo o Unidad Universal, , Polaridad, Género, Ritmo, Causalidad, Correspondencia o Analogía o Afinidad y  Vibración (Ver “ El Kybalión”, por Tres Iniciados).

 La corrección del cuerpo de Deseos o Astral, reflejo del espíritu Humano o Manas superior, reflejo del Tercer Principio, lleva al establecimiento equilibrante del Segundo Principio, el Amor-Sabiduría. En la cabalá, la corrección perteneciente a la columna de la izquierda o del Rigor comandada por Binah, equivalete al Espíritu Santo, lleva a la cesación de todo karma mediante la acción equilibrante de Chokmah, equivalente al Cristo cósmico, perteneciente a la columna de la derecha, la de la Misericordia, que nos trae como regalo la Sabiduría.

En esta época es deseable la ayuda de los Arcángeles, jerarquía actualmente encargada del Cuerpo Astral. Conviene estudiar la acción y beneficios de los 8 representantes Arcangélicos (57 al 64) dentro de los 72 genios de la cabalá.

El cuarto ciclo, de 70 a 77 años, corresponde a la Mente concreta. Es el septenio para espiritualizar la Mente. Ha de revisarse aquí la correcta conexión de ésta con los vehículos de la personalidad, físico, etérico y astral, de los cuales debe ser su comandante y con los vehículos de la Individualidad, Atma, Budhi, Manas o Espíritus Divino, de Vida y Humano respectivamente. Es también el tiempo de corregir antiguos patrones mentales caducos o anquilosados y de eliminar los vicios mentales, a los cuales me referiré en una futura entrega.

En este septenio termina el trabajo de espiritualización del cuerpo denso en el segundo gran ciclo de 49 años. Espíritu Divino extrae la quintaesencia de este trabajo y lo convierte en Alma Consciente.

Pueden ayudarnos en este ciclo los Señores de la Mente o Principados ( ver genios cabalísticos 49 a 56). Esta Jerarquía es la actualmente encargada del cuerpo Mental.

El quinto ciclo, de 77 a 84, es el tiempo de Espíritu Humano. Es época de vencer toda influencia separatista y romper apegos y barreras, al tiempo que se evalúa el trabajo real individual realizado pues esta época es de creatividad pues la energía de Inteligencia Creadora está en predominancia para ser integrada a Amor, propio de este segundo gran ciclo. Es el tiempo de ofrecer frutos propios que beneficien al colectivo. Es tiempo de entrega total sin búsquedas de reconocimiento o recompensa. En este ciclo, Espíritu de vida recoge la quintaesencia del trabajo de espiritualización del cuerpo etérico, que termina aquí y lo convierte en alma Intelectual. Es tiempo de Meditación. Son de gran ayuda Las Virtudes o Señores de la Forma ( ver genios 41 a 48).

El sexto ciclo, de 84 a 91, es muy importante ya que es el ciclo de Espíritu de Vida, reflejo de Segundo Aspecto, fuerza central de todo este gran ciclo de 49. Es época de manifestación del Amor más elevado, la expresión hacia el mundo del Cristo Interno, la exteriorización de la Sabiduría destilada. Aquí termina también la espiritualización de cuerpo Astral y Espíritu Humano toma su quintaesencia y la transforma en Alma Emocional. Es un tiempo para trabajar la Fraternidad Universal. Es tiempo de Contemplación. Son de ayuda Las Potestades o Señores de la Individualidad ( genios 33 a 40).

El séptimo ciclo, de 91 a 98, es el momento de Espíritu Divino o Atma. Es la hora de la Adoración que nos lleva al sentimiento perfecto de unidad con la Totalidad. Es también el ciclo donde termina la espiritualización de la Mente luego de su cuarto período septenario.  En este ciclo nos ayudan los Señores de la Sabiduría o Dominaciones ( genios cabalísticos 25 a 32). Todo este septenio es a la vez recapitulación, año tras año de todo el segundo gran ciclo de 49 y cada vehículo se prepara en su respectivo año para ser interpenetrado por el despertar o el advenimiento de una Tercera Fuerza, Poder Voluntad, la que gobernará en el tercer gran ciclo de 49, si la encarnación prosigue, al haber alcanzado los standares requeridos para ello, es decir si se pasó exitosamente por el ciclo de Amor- Sabiduría.

El Tercer gran ciclo de 49 años, de 99 a 147, es preparatorio y constituye un período de anticipación reservado a quienes aprobaron satisfactoriamente los dos cursos anteriores y aún mantienen sus vehículos en óptimas condiciones para un proceso más avanzado que corresponde a la acción de la Tercera Fuerza, Poder Voluntad. Esta irradiará a través de todos los cuerpos en sus respectivos septenios y llevará al ser a la trascendencia, al contacto consciente con la Unidad de toda Vida. La Fuerza cabalística de Kether, el Padre será reinante en este gran ciclo y despertará al ser a la omniconsciencia, proceso que será paulatino y que será continuado en futuras encarnaciones si no se logra la liberación.

Todas las fuerzas despertadas, todos los logros alcanzados serán incorporados a los átomos simientes y entrarán en estado de latencia o noche cósmica al final de la encarnación, para despertar después del largo sueño de la muerte , en una nueva encarnación, después del necesario proceso de recapitulación.

Los seres que van alcanzando un nivel de evolución más avanzado o que desean avanzar a una mayor velocidad, no necesitan esperar el lento proceso recapitulatorio de cada siete años para recapitular o desarrollar algún aspecto de cada vehículo, sino que pueden hacerlo dentro de la espiral más pequeña de un solo septenario, donde el trabajo de cada vehículo pude hacerse en un año. De esta manera los Discípulos e Iniciados trabajan a una velocidad sorprendente, sin infringir la Ley Cósmica. Igualmente si alguien dejó pendiente un trabajo de un vehículo dado en su septenario correspondiente, puede recuperar el tiempo mediante un trabajo más intenso en el año correspondiente del siguiente ciclo
de siete años. Este ritmo, llamado la ronda interna, permitiría a un individuo realizar siete espirales completas en lugar de una en cuarenta y nueve años, con lo cual adelantaría el trabajo de varias vidas. Y se aún quisiera ir a mayor velocidad  lo cual necesariamente multiplicaría la intensidad de su trabajo espiritual, puede tomar la ruta de espirales más pequeñas contenidas en cada año, en cada mes y aún en cada semana.

La recapitulación es un proceso que se vive permanentemente y aún dentro de cada año hay pequeñas espirales individuales para cada persona con mágicas divisiones septenarias de las que puede deducirse la clave de acción inteligente y amorosa bajo el concurso de la voluntad Divina para llevar una vida completamente adaptada a la leyes cósmicas. El autor considera que todo aspirante al discipulado y a las Iniciaciones de avance evolutivo debería conocer este esquema a profundidad para avanzar rápidamente en el sendero, alcanzando cada vez mayores alturas y siguiendo el gran lema de la evolución: Arriba y hacia delante siempre siempre.

José Vicente Ortiz Z. ( Alipur Karim)


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EL CULTO A LA PERSONALIDAD





EL CULTO A LA PERSONALIDAD 



Como pudimos apreciar, en el capítulo sobre la ilusión de la separatividad, la mente humana condicionada culturalmente cree que el hombre es un individuo, una persona considerada aisladamente con relación a una colectividad. Esta concepción alimenta la tendencia a pensar u obrar independientemente, sin tener en cuenta a los demás, o ceñirse a normas generales, cultivando un afecto excesivo para consigo mismo, denominado egoísmo.
En su ignorancia, el hombre se considera completamente separado de las demás criaturas, incluso de Dios, actuando como tal y mostrando con sus actitudes un completo desconocimiento acerca de la unidad de toda vida. Esto le hace creerse superior a los demás seres, o desear ser superior a ellos, generando una serie de conductas que en nada benefician al colectivo, extraviándose en ilusorios caminos, a través de los cuales pierde su identidad divina, sumergiéndose en un mundo falso, en el cual se identifica con su cuerpo, con sus emociones o con sus pensamientos, es decir, con su personalidad; desarrolla hábitos, hechizos, vanidades, ilusiones, privándose casi por completo de la luz interna de su realidad, llamada de otra forma Habitante Interior. Bajo estas circunstancias, rinde un completo culto a la personalidad, y sólo busca larealización y felicidad a través de una supervivencia avasallante, del placer sin fronteras, del dominio mediante un malversado poder, o del control ideológico, creyéndose alguien especial, hablando siempre de sí mismo, o de lo que cree que le pertenece como lo mejor. Todo esto, indudablemente, conduce al separatismo y se convierte en una epidemia psicológica que afecta a toda la humanidad, y se transmite de generación en generación, mediante la cultura familiar, regional, nacional y mundial. Cada hombre dominado por esta tendencia individualista, se presume el Rey de la Creación, con todo el derecho de pisotear a los demás y de exigir lo mejor y lo primero, renegando de la vida cada vez que el inclemente destino se opone a sus caprichos.

En este maravilloso proceso de la vida, el plan original determina que el Habitante Interior mantenga siempre el comando de las operaciones. Esto implica que la consciencia actúe en forma permanente, sin que el automatismo dado, por la brecha creada en la mente al retirar la atención de una parte de ella,a la que llamamos el subconsciente, sea dominante. Sin embargo, el proceso de condicionamiento, esa implacable domesticación a la que es sometido el hombre desde su nacimiento, permite que el mecanismo automático haga al ser humano fundamentalmente reactivo. La consciencia real, ese ojo interno del Habitante Interior, se ve opacada por la multiplicidad de programas que son instalados mediante la culturización. Llega un momento en la vida del individuo en el que ha perdido su objetividad, debido a que cualquier observación está viciada por algún programa de información. Se presenta entonces una confusión, un enmarañamiento de la consciencia. La mente suele tomar el comando de las operaciones, junto con las emociones, construyendo una especie de piloto interior al cual la consciencia se somete. Entonces, éste último se encarga de dar las órdenes. Ese comandante de vuelo es llamado el ego. Cuando éste se instala, el ser humano cae en la trampa de creer ser lo que no es, es decir se autoidentifica con el ego, con la estructura, con el equipo de energías y sus programas, y pierde su identidad real como Habitante Interior. El hombre piloteado por el ego cree que es su cuerpo, o sus emociones o su mente. Y una estructura sin control va a donde quiere guiada por su información. Todo lo que hace es recrear y multiplicar sus órdenes y programas, tratando de ejecutarlos a como dé lugar.
A veces, el individuo, olvidándose de sí como Habitante Interior, cree que es el cuerpo físico y que toda la vida se resume a una experiencia biológica, donde el cerebro genera los programas de vida, la energía, los pensamientos y las emociones. Entonces, lo más importante para él es sobrevivir, no importa cómo. Sus intereses están en la obtención de alimento, en la perpetuación de la especie y en la defensa de la vida. La existencia de este individuo da la mayor importancia a lo instintivo. Se siente orgulloso de su cuerpo, de su figura, de su fuerza, de su sexualidad, de su apetito.
Otras veces, el individuo se identifica con sus emociones. Entonces el mundo emotivo y sensitivo cobra la mayor importancia; la obtención del goce emocional se hace importante. La satisfacción de los deseos se convierte en objetivo de vida, y éstos se aumentan en gran medida. Los sentimientos se intensifican, las pasiones se desbordan; se siente orgulloso de sus desvaríos emotivos, de su temperamento, de su altivez, de su lujuria, de sus conquistas afectivas, de su sensibilidad, de sus apegos.
En ocasiones, la identificación es con la mente. La obtención de información,la acumulación de conocimientos, el leer muchos libros, el estudiar asiduamente,el ser culto, el seguir fielmente una creencia, son la meta de vida. El raciocinio, la intelectualidad, es su centro de comando. Se siente orgulloso de sus títulos, de sus alcances intelectuales, de sus ilusiones, de sus creencias. Generalmente es un fanático de algún paradigma convencional.
Muchos de los habitantes de este planeta son comandados por poderosos egos, los cuales varían en cuanto a su punto de enfoque; pero, a medida que la vida avanza, el enfoque se traslada y el hombre termina creyendo que él es su cuerpo, energía, emociones y mente, rindiendo un gran culto a su personalidad. Además, se rinde veneración a la personalidad de los demás. La influencia del ego se convierte en una verdadera epidemia que engloba al género humano. Laexaltación de la familia, el nacionalismo y el racismo son una muestra clara de ello.
La actividad del ego se denomina egoísmo y una persona dominada por su ego es un egoísta, uno que rinde culto a su ego. Esta clase de sujetos, bastante comunes en nuestro planeta, son esclavos de sus programaciones. Todas sus acciones son movidas por un interés exclusivamente personal, lo cual los lleva a ser marcadamente separatistas, defendiendo sus puntos de vista con gran fervor, sin siquiera contemplar los de los demás.
El ególatra siempre está exigiendo, tratando de imponer su voluntad, deseando figuración, desafiando, buscando posiciones para gobernar y aprovecharse de los demás. El lo desea todo para sí mismo; no le interesa compartir, pues sus motivaciones están dirigidas por el interés personal. El egoísta es un controlador que siempre está demarcando su territorio físico, emocional y mental, interesado en sus deseos, placeres, conquistas y ganancias, manipulándolo todo, a expensas de los demás, para demostrar su pretendida superioridad. Es muy prepotente, y por lo general quiere ser el que da las órdenes, aunque no tenga autoridad ni rango para hacerlo. Esto lo hace estar ansioso de descubrir un modo de controlar a los demás, para que todo se haga según como él cree que deben hacerse las cosas, pues el se considera el mejor en todo.
El egoísta siempre está llamando la atención sobre sí, y buscará para ello algo en lo cual sobresalir, no con la intención de crecer, sino de ser admirado. Probablemente se hará codicioso y materialista, buscando alcanzar poder a través del dinero. Quizá desarrollará un carácter antipático, pleno de emociones desbordadas, a fin de reclamar atención o para infundir temor. Tal vez deseará encontrar un conjunto de ideas o un grupo, que le hagan presumir ser el poseedor de la verdad, el que todo lo conoce y lo explica, y muy seguramente se convertirá en un fanático de aquello en lo que cree, tratando de convertir a todo el mundo y menospreciando a los que no reverencian su doctrina. Indudablemente se hará muy susceptible y se sentirá herido cada vez que alguien no ceda a sus órdenes, sus deseos o sus teorías. También se hará orgulloso, y se pavoneará enseñando sus triunfos, sus títulos y honores, alegrándose por los fracasos de los demás, encontrando placentero el descubrir los errores de otros para sentirse superior. Esto lo convertirá en un crítico mordaz y destructivo, y en un intolerante incorregible, que todo lo ve a través de su propio colorido, malinterpretando siempre lo de los demás para acomodarlo a su propia versión. Estará tan ocupado en querer mostrarse y sobresalir, que no tendrá tiempo de construir algo realmente digno de ser enseñado, y atacará con vehemencia y envidia a todo aquel que muestre algo valedero, utilizando seguramente el chisme, la calumnia, la mentira, la mala intención, la murmuración y la traición. No conoce lo que es el perdón. Su personalidad es imponente y vive de la adulación, la cual exige, pues de ella se alimenta, para reforzar su falsa seguridad. Se cree absolutamente indispensable en cualquier actividad en la que esté involucrado, y cree que los demás son incapaces de hacer algo valioso sin él.
Y cuando no pueda destruir a su enemigo, se unirá a él para adornarse con sus virtudes y vivir de la satisfacción de logros ajenos, buscando la simulación, con el objeto de destronar silenciosamente a su adversario, pero perdiéndose en pos de falsos valores, y convirtiéndose en alguien diferente de sí mismo, con una máscara tras de la cual es fácilmente visto, pues una falsa virtud se ve como un lunar en una personalidad no cultivada. También se hará admirador de ídolos distantes, de estrellas humanas, especialmente de las que cree que le pertenecen o de las que se asocian con él, con su familia o con su nación, para vivir de glorias ajenas y rellenar su vacía personalidad. Caerá entonces en el mundo del fanatismo nacionalista, que por tantos siglos ha impedido la fraternidad entre los pueblos.

En el sendero de la liberación de todo sufrimiento, es pertinente seguir el rastro del ego, haciendo un esfuerzo grande para tirar el velo que ha opacado la consciencia. El ego constituye una máscara que impide ver la realidad, desde la perspectiva del Habitante Interior, y es uno de los mayores acumuladores de emociones y pensamientos en el cofre de la intimidad, de lo cual podemos inferir que es el principal causante de enfermedad, y uno de los más grandes obstáculos para un crecimiento real. El egoísmo es una gigantesca barrera en las relaciones humanas armónicas, y un alimento permanente para el separatismo, que genera las guerras y conflictos externos e internos.

El egoísmo se convierte en una fuente poderosa que alimenta las emociones negativas. Cual caja de Pandora contiene en sí mismo todos los males del mundo, y guarda las raíces más profundas de la soberbia, la lujuria, la envidia, la pereza, la gula, la avaricia y la ira, en todas sus múltiples facetas, justificándolas por el afecto excesivo a sí mismo. Constituye un oscuro velo que obnubila la visión de la Chispa Divina, haciéndole perder el sentido total de la realidad.

El individualismo fue un paso necesario, herencia del proceso evolutivo. Sus orígenes se remontan al tiempo de la inmersión del Espíritu en la materia, con el objeto de lograr el dominio consciente de los niveles vibratorios más densos del Sistema Solar. Fue propiciado por el tercer aspecto de la Divinidad, el de la creación, con el objeto de que cada chispa lograra la identificación de su poder divino, actuando en lo humano, hasta el punto en el que el segundo aspecto Divino, el Amor, despierte la consciencia de la unidad de la vida.

Esta manifestación egoísta debería ser ya parte del pasado, desde el advenimiento de los Grandes Mensajeros del Amor, sublimes Avatares que han sido los Divinos exponentes de la Sabiduría sempiterna, que nos señaló que ya el tiempo estaba maduro para el despertar del principio de Amor-Sabiduría, latente en cada semilla humana. Sin embargo, la mayoría de los seres humanos, embriagados en las obnubilantes sensaciones del placer, se han quedado en la hipnótica y obcecada contemplación de sí mismos, rindiendo culto a la temporal personalidad, en lugar de hacerlo a la Divina Esencia, en la cual todas las Chispas Divinas están unidas.

Los caminantes conscientes del sendero de realización entablan con frecuencia duras batallas contra sus personalidades egoístas, sin ver resultados fructíferos a través de los años, aún a pesar de alimentar sus mentes con profundos conocimientos filosóficos, y logrando tan sólo la represión de sus instintos, hábitos, emociones y pensamientos egoístas, incluso por largas edades y encarnaciones, y construyendo, en un equivocado trabajo, poderosas bombas de tiempo que tarde o temprano desencadenan procesos de enfermedad, explosiones de emociones desbordadas, y expresiones de locura que a veces parecen no tener explicación, para las mentes que desconocen la Ley de Causa y Efecto, debido a la salvaguarda de la memoria entre las encarnaciones. La represión de una fuerza jamás conducirá a su control. Sólo la comprensión divina, esa mezcla extraordinaria de Luz y Amor que conduce a la Sabiduría, puede lograr la expansión de consciencia necesaria para dominar al egoísmo. Es a la vez sencillo y complejo como ocurre en toda las paradojas universales, testigos de la Ley de Polaridad. Basta con comprender que la separatividad de las criaturas en tan sólo una ilusión, pues la Vida Una es indivisible. Cada ser es sólo una expresión de la Divinidad, manifestándose en múltiples facetas, para dar lugar al juego de la creación, en el cual Dios utiliza como única materia prima, la Sustancia Raíz Universal, la cual no es otra cosa que el polo negativo de sí mismo. El Universo manifestado es una creación de la Mente Divina, un sueño hecho temporalmente realidad y en el que Dios se recrea en su Eterna Existencia, hasta la siguiente noche cósmica, donde un nuevo sueño surgirá. Así como la luz puede refractarse en un espectro de siete colores, cada uno de los cuales puede extenderse en gamas infinitas, que se confunden con sus vecinas, así el Eterno se manifiesta en diversas e iridiscentes facetas representadas en las criaturas de la existencia. Cada hombre no es más que una forma distinta de Dios desplegándose a sí mismo, pero sin perder su unidad y su universalidad más que en la ilusoria apariencia de la mente humana.
El egoísta muestra, sin lugar a dudas, que en él no ha despertado el aspecto de Amor-Sabiduría que yace profundamente dormido en su corazón. En él no ha nacido el Cristo Interno, el Budha Iluminado, único jinete que doblegará a los corceles impetuosos de la personalidad, para hacerlos ir en la dirección correcta, transportando el carro del Alma en el infinito viaje de la Divina Chispa, la manifestación de Dios. El egoísmo es tan poderoso que se expande en todos los vehículos humanos, haciendo que el Yo Real se haga invidente, y dejando el dominio a la personalidad, la cual, aún en su ciego trono, puede llegar a perder el control de sí misma. Si los tentáculos del egoísmo atrapan al cuerpo físico, éste enferma, pues hay una rebelión donde algunas células no preparadas tratan de tomar el control, trastornándose la fisiología, debido a la alteración del programa de correcto funcionamiento. En el momento en que las emociones se ven inundadas por el egoísmo, todas las bajas pasiones se potencian y controlan a la mente, buscando ser justificadas plenamente, mediante astutas artimañas de la personalidad descontrolada, que sólo ansía satisfacerse a sí misma. Cuando la mente es invadida por el egoísmo, se desencadena el cristalizante fanatismo. Se hace cerrada, falta de luz, esclava de las emociones, se obnubila por las ilusiones, y busca, aún dentro de las creencias más elevadas, su propia satisfacción, maquinando maquiavélicos procesos, que finalmente sólo llevan a la satisfacción por el placer desmedido, disfrazándose con hábitos de santidad o de pureza.
                 
El egoísmo es un dragón de siete cabezas que debe ser derrotado por la espada de Luz del guerrero espiritual, a fin de lograr la reconquista del templo de la personalidad, para que nuevamente lo ocupe el Habitante Interior, transmutando su esencia en Alma, logrando una alquimia verdadera, pues todo lo que construya el egoísmo está destinado a perecer.

¿Cómo podremos matar al dragón? En realidad no hay que matarlo sino transformarlo. Primero hay que reconocerlo, observarlo y descubrir sus estrategias de auto-protección. La auto-observación es la primera clave. Una observación atenta y persistente de tus actos, sensaciones y pensamientos es necesaria para detectar el comando del ego. Así se puede descubrir si tus movimientos corresponden a una búsqueda real o a un simple juego de intereses. Las motivaciones nos dan una idea clara de quién es el que tiene el control de la personalidad, y de si nos estamos identificando con ella. Cuando analizamos nuestros motivos, hay dos que analizan: el Yo Real que trata de imponerse y la astuta mente, viciada por el condicionamiento y el egoísmo, que trata de justificarse y hacerse pasar por el Espíritu. Si descubres el más leve rastro del ego, es necesario tumbar el pedestal de la soberbia, aprendiendo a ser humildes, aunque si irse al polo opuesto, es decir sin menospreciarse; el principio de igualdad de todos los seres puede evocarse para hallar el punto de equilibrio. Es útil, para ello, ser sincero, reconocer tus faltas, y evitar buscarlasen los demás, cultivar el sentido de la unidad de toda vida, perdonar si te sientes ofendido y no inflarte si te loan, hallando la causa real de tu susceptibilidad, hasta que aprendas el arte de la neutralidad frente a ofensas y alabanzas, ser tolerante, desarrollar la gratitud, cultivar el desapego y aprender a ver lo bueno que hay en todos y en todas las cosas.

La aceptación es el segundo paso y nos conduce a incrementar la alerta y a descubrir las estrategias de la personalidad. Debemos hacer un inventario personal completo de todas nuestras facetas egoístas, ya que estos son los puntos donde radica la fuerza del dragón.
El tercer escaño consiste en ejercitar la voluntad, para que pueda surgir de ella una verdadera sed de cambio, que nos permita ver la ruta correcta. Sólo cambiamos cuando en realidad y con gran intensidad interior lo deseamos.Unicamente nos modificamos si verdaderamente lo queremos. Nada ni nadie externo logrará transformar a alguien. A la personalidad solamente le interesan los caminos que la satisfagan, y tiene sus propios mecanismos de defensa, para evitar ser convencida de lo mejor, cuando está atrapada por el egoísmo. Siempre vale la pena, en este paso, considerar si cada nuevo cambio no será una astuta treta del egoísmo para conducirnos a otro sendero de auto-satisfacción. Cuando llegamos a este tercer nivel, ansiamos a la real libertad, aquella que tan sólo se encuentra a través de la verdad, y no en la forma cristalizada de los dogmas.

 La voluntad educada nos conduce a la cuarta clave que es la de la acción recta. El caminante consciente deberá considerar aquí cada paso que da, con el objeto de que beneficie únicamente al Todo. Examinará claramente la motivación de cada pensamiento que le conduzca a la actividad. La acción recta restará poder al egoísmo solamente si está basada en la verdad, en la universalidad y en la divinidad.

El que obra con rectitud accederá al quinto escalón, hasta el altar de su corazón, donde verá resurgir el amor verdadero, que despierta de un largo y profundo sueño.

Una ventana se abrirá en el corazón del caminante y por ella entrará la fuerza del segundo aspecto divino, que lo impulsará de inmediato al servicio desinteresado, el sexto escalón. Allí descubrirá el secreto de compartir, sin esperar nada a cambio, ni siquiera la gratitud, ni el reconocimiento. Encontrará que asistiendo a otros se sirve a la Unidad de la Vida.

Finalmente, después de este largo sendero, llegará al séptimo escaño: la consciencia permanente de la Divinidad en él y en todas las cosas. Ya no deseará pensar de otra manera, y todas las cosas serán vistas como si fueran parte de sí mismo, viviendo en el concepto de la eterna unidad de Dios, y convirtiéndose en un Iniciado, un ser cuya mente está controlada por el Yo Real, y en equilibrio con su corazón, a través del cual fluye la Divina Sabiduría, mediante la facultad intuitiva, no cediendo a los impulsos del deseo, los cuales serán momentáneos y cada vez menos frecuentes.
Es necesario mantenerse alerta porque en este proceso el ego presentará una fuerte resistencia a ser desplazado, y recurrirá a la manía de tu mente de justificarse a través de rebuscados raciocinios y parcializados puntos de vista. No es deseable, en este sendero de realización, el dejarte abatir por el sufrimiento, pero tampoco elevarte en el vacío globo del egoísmo.

La vanidad es corona y estandarte del ego. Si tienes algunos de sus rasgos puedes ir tras la pista del villano. Cuando crees haber alcanzado logros materiales y espirituales que en realidad no has conquistado, si confias en saber cosas que en realidad no sabes, si te sientes capaz de hacer algo para lo cual en realidad no estás capacitado, cuando crees tener cosas que en realidad no has adquirido, si constantemente te alabas y buscas reconocimiento y aceptación, estás en terreno del ego.

Para recuperar tu territorio es útil un sincero cuestionamiento, a fin dedeterminar con absoluta claridad, a la luz de la verdad, qué es lo que crees que eres y cuál es la altura material y espiritual que has alcanzado, y si es eso lo que proyectas a los demás o estás exagerando. También debes esclarecer qué es realmente lo que sabes. No los títulos que tienes, ni tu recorrido por las aulas del saber, o los libros que te has leído, sino cuánto es de tu real dominio. Igualmente, has de hacer un balance de las cosas que pretendes realizar, de los dominios que deseas conquistar, para saber si efectivamente estás capacitado para esas labores, o tan sólo estás presumiendo. De la misma manera identifica exactamente lo que tienes, lo que en realidad te pertenece. Para esto puedes ayudarte pensando que todas las cosas de las que te crees dueño, todas tus riquezas materiales, intelectuales y espirituales, son una propiedad tuya sólo en la medida en que tu consciencia de la vida es separatista. Pero en cuanto evoques el principio de unidad de toda vida, de universalidad, te darás cuenta de que todo pertenece a todos, ya que la propiedad es únicamente un invento del hombre atrapado por la ilusión de la individualidad, y de que cuando presumes de lo que crees tener solamente te estás luciendo con galas ajenas.

En el camino hacia la libertad es necesario destruir al dragón del ego, pues una naturaleza egoísta esclaviza al Habitante Interior, enmascarando su identidad real, haciéndolo parecerse a un actor que se quedó en el escenario representado una obra teatral, completamente olvidado del artista que lleva adentro.

Progresivamente, mediante este trabajo interior exhaustivo, toda la fuerza del dragón del egoísmo será dirigida a nuevos cauces para alimentar la naturaleza superior del hombre, es decir, a su Yo Real. Un gran egoísta puede transformarse, mediante esta alquimia, en un caminante consciente, en un trabajador voluntario, conocedor del Plan Divino. Todo es cuestión de redireccionar la poderosa energía convocada y acumulada por el ser, durante edades de trabajo inconsciente.

Es importante recalcar que el trabajo de transmutación de las fuerzas egoístas en energías constructivas lleva necesariamente a una desidentificación con la personalidad: mente, emociones, fuerzas vitales y cuerpo denso, lo cual implica necesariamente desapego de instintos, hábitos, impulsos emocionales y condicionamiento mental. El trabajo no puede tomarse a la ligera. Debemos recordar que el conocimiento no es suficiente; sólo es una ayuda. No nos transformamos por creer en algo, así que la tarea es grande. Esto no nos debe desanimar, sino servirnos de parámetro para saber cuanta fuerza espiritual vamos a emplear en ello. La transformación real, hacia una vida consecuente con la Verdad y las Leyes Universales, no depende del tiempo sino de la intensidad con que se trabaje, y ésta depende de cuan decididos estemos para la faena. Nuestro progreso será lento si hacemos las cosas tenuemente y les damos largas, lo cual significa que en realidad no nos hemos decidido a observarnos, aceptarnos y luego transformarnos, porque estamos muy complacidos en nuestros viejos hábitos. También lo será si nuestra actitud es demasiado severa, rígida, dogmática. Esto sólo nos bloquea la mente, ya que la Vida Universal es energía fluyente, movimiento perpetuo. Todo encasillamiento es cristalizante, nos limita en el tiempo y termina por convertirnos en estatuas de sal que se desmoronan con el viento.

Para progresar rápidamente hay que aprender a decidir y ser decisivos. Un río va cambiando constantemente de dirección para adaptarse al relieve, movido por la invisible energía de la gravedad que lo lleva rumbo al mar. Su fluir nunca se detiene. Así debe el hombre adaptarse constantemente a las distintas circunstancias de la vida, mediante frecuentes decisiones, guiado por la invisible energía intuitiva que proviene de su Yo Real, el Dios interno, la Inteligencia Universal que lo lleva hacia el océano infinito de la Verdad, hacia amplios niveles de consciencia, donde puede observar la acción de la Vida Una, cara a cara. Estancarse es perecer. Fluir es crecer, madurar, evolucionar!

José Vicente Ortiz (A. Karim)(Tomado del libro “La Aventura Interior”)


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