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jueves, 23 de abril de 2015

Discipulado Nº 19 - Acerca del Karma

DISCIPULADO No. 19
ACERCA DEL KARMA

(Edición de la conferencia  dada en el Satsang del retiro espiritual de Semana Santa, el 4 de abril de 2015)



La única diferencia entre todos los seres de la Creación es el grado de adormecimiento de la conciencia que está dado por la misma Divinidad, quien es la que promueve ese adormecimiento, ese aletargamiento. Ella misma ha programado un largo despertar. Ha decidido dormir un largo sueño bajo el velo de Maya.

 Maya, el velo de la ilusión, además de crear una ilusoriedad, además de ocultar la Realidad, genera un sueño profundo, una ausencia de auto consciencia que se convierte en el sueño profundo de la Divinidad. Pero la divinidad apuesta a despertar de su sueño. El sueño de la divinidad tiene un ensueño y ese ensueño es la Creación. Luego del ensueño, la Divinidad quiere despertar, pero planea hacerlo lentamente porque tiene el juego de proyectarse en la multiplicidad. Entonces, no puede despertarse a sí misma sola, sino que una vez que se ha convertido en multiplicidad, que es donde duerme, de esa multiplicidad debe despertar, así que lo tiene que hacer parte a parte dentro de su propio sueño. Parte a parte significa que debe despertar a través de las diferentes criaturas. Una de las leyes que impone el juego de la Creación es la Ley de polaridad, la oscilación, la cual genera ciclos dentro de ciclos, juegos dentro del juego, oleadas de vida que se desplazan en los ciclos, corrientes de vida que como olas  golpean las arenas de un mar, que van y vienen, y en su mágico vaivén van haciendo que haya un despertar.
Dios está absolutamente inconsciente en los reinos elementales, profundamente dormido en el mineral, sueña en la planta, despierta en el animal  y en el hombre se hace consciente. En el Ángel es más consciente aún, y aumenta su grado de consciencia paulatinamente en la medida que asciende por los diferentes Coros angélicos o Jerarquías Creadoras, que también son reinos.


 Nuestra oleada de vida incluye los reinos elementales 1, 2 y 3, que se encuentran en el mundo mental y astral, en donde la vida no transita a través de una estructura material densa; en el mineral comienza el primer grado de solidificación donde Dios puede transitar, en el vegetal hay un segundo grado, donde la solidez estructural se hace menor,  pues las envolturas de las plantas son menos densas y sólidas que las de los minerales. En el animal la materia se hace viva, se hace fluida, elástica, gelatinosa, y la vida fluye a través de ella. La materia se eterifica y pierde densidad y la vida va fluyendo con mayor libertad. En el hombre la materia es sumamente plástica. Hay un grado de plasticidad mayor que en el animal. Hay una mayor sutilización en la medida en que el ser avanza en su necesidad de expresarse a través de las formas y su despertar de consciencia es cada vez mayor. La materia que atraviesa se hace más etérica, más fluida, sintiendo la presencia de la Divinidad, siendo la materia una parte de Dios mismo. La materia es el resultado de la precipitación y combinación de los distintos elementos de la sustancia virgen universal, que es impregnada por la polaridad positiva de la Divinidad. El Espíritu del mundo, el Alma del mundo es el polo positivo del Espíritu Cósmico y la materia en la cual encarna es el polo negativo. Hay una oscilación del polo positivo al negativo, en el vaivén de las polaridades en forma vertical.

Cuando el Alma encarna profundamente en la materia, vive procesos de ciclos, con despertares graduales. Pero cuando el Ser intenta hacerse absolutamente consciente, en un despertar perfecto a través de la materia, se forman remolinos, debido a la intensidad de la energía que fluye, como cuando una gran cantidad de agua se vierte en el cauce de un rio. Entra en los recodos del rio, en los meandros  de ese cauce y choca en la curva, generando un remolino.

 El remolino  de Divinidad se convierte en una yoidad, en un yo, y en ese punto la vida divina se auto hipnotiza, debido al juego del Velo de Maya, y cree que está separada de sí misma. La aparente parte que se cree separada de sí misma piensa que existe por sí misma, que es independiente, y juega al juego de ver a un Creador fuera de sí misma. Y cuando hace esto surge una perfecta yoidad, como un remolino de consciencia, y ese remolino de consciencia hace que se obstruya totalmente el libre fluir de la vida divina a través de su expresión estructural, que es el polo negativo del Espíritu Cósmico. Cuando ocurre esa obstrucción se genera un juego de luces y sombras donde la luz es la expresión y la consciencia de la vida divina, es la fuerza intuitiva, es la Inteligencia Divina Universal que lleva a esa forma de vida a expresarse, en un ritmo perfecto y correcto en la evolución, donde no hay tropiezo.  

Hay una simbiosis perfecta entre todas las criaturas que viven y conviven en el campo de la Creación. Pero el remolino genera una alteración de esa simbiosis y esto crea la apariencia de un desvío del cauce del rio universal. Ese desvío es como un tabique que se crea, como si se hubiese derrumbado algo de la orilla del rio, y ocurre un desbordamiento de la energía que genera estragos y destruye lo que encuentra a su paso. Esa obstrucción creada por la yoidad, generando un derrumbamiento en el cauce de la Vida Divina, es lo que nosotros llamamos el karma. El río de la Vida Divina necesita corregir su cauce, necesita volver a encontrar su camino para ir hacia el mar de la Infinitud. La dirección del agua es siempre hacia el mar y aprovecha siempre el más mínimo desnivel para fluir. Cuando no encuentra desnivel desborda y produce una inundación. La Vida Divina, buscando ese desnivel, se topa con el remolino del yo, que obstruye, produce estragos y genera lo que nosotros llamamos el karma, porque en ausencia de auto consciencia, la yoidad, pretendiendo hacer lo correcto, hace cosas que están desviando el fluir natural de la Vida Divina a través de las estructuras. Cuando eso hacemos, la propia Vida Divina tiene que auto corregirse, generar un proceso de auto corrección, de rectificación. 


camino de arboles
Solemos hablar del sendero recto y del sendero correcto. El sendero recto es la distancia más corta  que hay entre dos situaciones, entre dos eventos. El sendero co-recto es un sendero corregido, cuando nos hemos desviado del sendero recto. Debemos corregir nuestra vida, nuestro sendero, de tal manera que volvamos a encontrar el cauce de la Vida Divina. Para hacer eso echamos mano de una Ley que es el Principio de polaridad y es éste el que genera las acciones kármicas. Estas acciones están dirigidas, en forma general, a corregir la desviación del río de la Vida Divina. Nosotros estamos acostumbrados a escuchar del karma como de una situación que es individual, que nos compete directamente, como algo que se nos devuelve en forma instantánea como sujetos, pero a la vez tenemos el concepto de que el Ser, la Vida Una, es la totalidad, sin división, y no hay partes. Cómo podría la divinidad, si no tiene partes, querer castigar a una parte suya? En realidad, la fragmentación solo puede ser una abstracción que se genera bajo el Velo de Maya. Afuera del velo, la Divinidad, el Absoluto, es Indivisible, Indestructible, es Todo, no tiene imperfección, es imposible de ser destruido, atacado, dañado, de manera que la acción kármica solo ocurre bajo el Velo de Maya. Pero el Absoluto nunca deja de Ser, y por tanto es absolutamente consciente de sí mismo, de la Creación, de su propia ilusión y su propio sueño. Soñando sabe que sueña y su sueño es perfecto. Es dentro de su sueño que ocurre el karma, es dentro de su sueño que ocurre la desviación del flujo de la Vida Divina, pero en la realidad no hay ninguna desviación posible. Por tanto, el karma que ocurre y parece una tragedia dentro del sueño divino, en realidad es algo que pertenece a la perfección del sueño de la Divinidad. Solo lo vemos como karma desde acá, solo lo vemos como una acción, como una fuerza que nos es devuelta para equilibrar, por polaridad, una fuerza que está desbalanceada. Pero en realidad no se puede aplicar un karma individual; en realidad el karma siempre debe ser colectivo, porque tiene que haber una sincronía entre quien vive el evento kármico y quien es instrumento de las fuerzas kármicas.
 La vida divina tiene fuerzas de creación, fuerzas de mantenimiento y fuerzas de destrucción. Normalmente karma opera bajo fuerzas de destrucción. Es la fuerza que va en contra de un propósito, de una voluntad. Generalmente va en contra de nuestros deseos ese karma aparente, pero no hay una fuerza no inteligente que dirija esa fuerza destructora sobre el ser. Por el contrario, la fuerza kármica es una fuerza muy inteligente. Es la Inteligencia Divina que busca la sincronía universal para devolver el fluir de la Vida Divina al cauce natural. Simplemente, así como no se planea una encarnación sola, pues no hay un individuo planeando una encarnación, porque las estructuras de la yoidad están disueltas, tampoco se planea un karma solo. No hay un individuo planeando su auto castigo, su karma. Cuando planeamos un auto castigo estamos por fuera de la inteligencia de la ley natural, en nuestro propio juego ilusorio. Y eso solemos hacerlo una vez que la fuerza divina ha entrado en encarnación. La misma energía divina vuelve a crear, por la memoria de sus remolinos anteriores, la precipitación de un juego de encarnaciones. Y una vez que ha ocurrido esa aparente división, esa ilusión de separatividad nuevamente, lo cual ocurre antes del nacimiento de los seres, cuando estamos descendiendo desde el bardo hasta la encarnación, las fuerzas kármicas se reparten en forma colectiva, de tal manera que hay una sincronía, donde comienza a operar la fuerza de destrucción de la Divinidad, que hace que esas fuerzas antiguas se canalicen y vayan hacia las fuentes de su propia creación. Entonces toda fuerza regresa a su origen, a su propia fuente, para ser corregida. Pero la fuente aparentemente ha sido un remolino de yoidad que no existe, porque la yoidad es una ilusión, generada por una vacuidad en la percepción, creada  por la ilusión de la percepción sensorial, que es la que ha creado ese karma, de tal suerte que ese karma es también ilusorio. Una planta surge de una semilla que es similar a su propia naturaleza. No podemos sembrar naranjos y obtener cardos. Si sembramos semillas de naranja, surgen naranjas, así que lo que nace de la ilusión es ilusión también. El karma  dirigido a un ente individual es ilusorio por cuanto quien lo genera es un yo ilusorio y vuelve hacia  él.


Resultado de imagen para tras el velo de mayaSolo podemos percibir el karma bajo el Velo de Maya porque sin el Velo de Maya el karma no existe. Los Maestros enseñan que cuando entramos en el proceso de meditación, que significa el estado de permanecer en el Ser sin que exista la mente inferior como ilusión del yo, en ese instante se quema el Karma.

Si Uno logra permanecer en ese estado de contemplación y meditación en forma permanente, allí la ilusión del karma muere porque el Velo de Maya se ha levantado. El karma solo existe bajo este velo y si no hay velo, no hay karma. Así de fácil se acaba, y Dios despierta de su sueño. Es como cuando tenemos una pesadilla en la que alguien nos persigue y nos va a matar con un cuchillo y no podemos correr y se atraganta nuestra voz y no podemos pedir auxilio y ya casi el asesino nos alcanza y entonces ya sucumbimos de terror. En el estado de ensueño es una tragedia, es algo gravísimo, tenemos sufrimiento y hay angustia. Pero de repente alguien nos dice: hey, despierta! es tan solo un sueño. Entonces despertamos, suspiramos y descansamos. No era verdad, termina la angustia, termina el dolor, termina el sufrimiento, todo aquello acaba, la calma vuelve. La persona dice que lo que vivió en la pesadilla es real, pero es una realidad transitoria, relativa. Vivió esto una existencia relativa allí, en ningún lugar real. Es una sensación relativa esto del karma. Una vez salimos del sueño, lo cual equivale a levantar el Velo de Maya, vemos que todo está bien, que todo está en calma, que solo se trataba de una ilusión. Así que al despertar de nuestro largo sueño de consciencia de Divinidad, de la ausencia de autoconsciencia, volvemos a recuperar la consciencia del Ser y despertamos de esta pesadilla llamada karma.


 Pero como el karma existe bajo el Velo de maya, mientras estemos bajo este velo, aparece ante nosotros como un karma real, en la ilusión del sueño divino llamado Creación. Y en este sueño hay determinados karmas  que se precipitan en nuestras ilusorias vidas. De un lado, está el karma que debemos pagar en esta encarnación, que se ha precipitado a través de la estructura de esta vida como una corrección para volver al camino recto. Este es una especie de karma programado para la encarnación. De otro lado existen otros karmas que están latentes dados por todo  que el conjunto de samskaras que se encuentran en nuestro ser. Los samskaras son todas nuestras tendencias negativas no redimidas de otras vidas, esa suma de memorias, de instintos, emociones, sensaciones automáticas y pensamientos programados que se encuentran en lo que la ciencia moderna llama nuestro inconsciente, el cual no es para nada un espacio virtual.

El inconsciente  está en el cuerpo físico, energético, emocional y mental. Es un campo de fuerzas que nuestra consciencia no puede ver, que subyace a la consciencia vigílica. El hecho de no verlas hace que no se activen permanentemente. En el transcurso de las encarnaciones van saliendo de acuerdo a un cronograma, a un juego, a un patrón dinámico. El inconsciente es algo que permanece ahí, como una serpiente encerrada que busca una salida y de repente, cuando encuentra una pequeña fuga en la consciencia o un pequeño conector o una pequeña oportunidad, asoma su cabeza y  escapa. Es como un gato encerrado que busca huir. Cuando encuentra una ventana abierta, da el salto y aflora. Es energía represada, contenida por la misma Divinidad, que sabe que si manifiesta toda la sombra de un solo golpe, destruye la estructura. Así que lo va sacando a cuenta gotas. Si lo tratas de sacar  a fuerzas, te muestra los dientes. El inconsciente no es solamente una memoria olvidada que genera un impulso, que es lo que la psicología nos ha querido hacer ver, que es una memoria olvidada de un pensamiento o una emoción de algo que hemos vivido en el pasado. Pero no es simplemente un cliché, una película o un video cinematográfico lo que está guardado en nuestra memoria. El inconsciente es una fuerza potente que es capaz de obrar sobre nuestro cuerpo material, sobre nuestra energía, sobre nuestras emociones y sobre nuestro pensamiento. Ese conjunto de fuerzas que hay ahí, son todos nuestros samskaras. En realidad nosotros tenemos diferentes campos de memoria, pero más bien valdría decir, diferentes niveles de consciencia o también podríamos decir diferentes posibilidades de consciencia. Cuando la consciencia Absoluta  del Ser se establece y simplemente decidimos permanecer en el Ser, en ese momento la consciencia es Total. Cuando la consciencia es total no hay rincones distintos de memoria. No necesitamos guardar memoria donde hay Sabiduría Absoluta. Si lo sabes todo, ¿para qué necesitas la memoria? La memoria es un artificio del yo, para hacernos creer que el proceso de evolución es un movimiento que se realiza a través del conocimiento de la mente racional, que necesitamos aprender cosas y más cosas, y ponerlas en la memoria y hacer un proceso de  análisis, comparación y síntesis con el objeto de obtener un conocimiento y una sabiduría. Pero la Sabiduría verdadera no es así. La Sabiduría es total. Dios, estrictamente hablando, no tiene memoria ya que es sabio siempre. La creación, su sueño, sí tiene una memoria, tiene muchas memorias, las llamadas memorias de la naturaleza. Está la memoria Cósmica, en el Cuarto plano Cósmico, la memoria de nuestro sistema solar en el Mundo del Pensamiento, la memoria subconsciente del sistema planetario que está en el campo etérico planetario. Igualmente nosotros hemos creado, en nuestra ilusión de ser seres individuales, juegos de memorias. Tenemos una memoria subconsciente en nuestro éter reflector del campo etérico. A  través de esa memoria se filtran nuestros samskaras a la fuerza etérica y al cuerpo físico hacia abajo y hacia arriba se filtra hacia el mundo de las emociones y hacia el mundo del pensamiento. También hay una memoria personal en el plano mental, nuestra memoria de la consciencia racional, y también hay otra memoria  supra consciente, que se encuentra en un nivel desde donde se precipita como una historia. Ese punto está arriba del plano mental, en el llamado mundo del espíritu de vida o nivel búdico. Allí se encuentra esa memoria, no como un registro de hechos y formas, figuras, eventos o acontecimientos, sino como una fuerza, como un patrón dinámico energético de nuestra propia historia. Cuando accedemos a ella, la información vibracional se precipita, se hila, se organiza y podemos verla como una memoria mental que nos trae el recuerdo de vidas anteriores.

Pero todas estas memorias son producidas en el Mundo de Maya, que es el mundo de nombres y formas, el cual es generado por una perversión de la percepción. Todas las memorias, aunque existen son ilusorias. El karma se basa en esas memorias. ¿Cómo te pueden castigar si no tienes tu récord, tu historial? Si un criminal entrara a los juzgados y robara su expediente y no hay pruebas y se roba el paquete donde están todas las pruebas almacenadas, no hay forma de acusarlo. Entonces tiene que salir inocente por falta de pruebas. Si no hay memorias en nosotros, memoria inconsciente, subconsciente, supra consciente, si no existen, no hay karma, no somos reos de nada. Pero el juego de Maya incluye todo eso. Así como en un juego de parqués, que incluye la cárcel, que es el castigo,  como el karma,  al final solo se trata de un juego,  en el que alguien gana y alguien pierde. Una vez terminado, las fichas se recogen y todas salen del juego y la partida ya no existe más. Y una vez que no existe más, días después, para nadie fue importante ni nadie recuerda si estuvo o no en la cárcel porque al final de verdad ninguno de los jugadores estuvo en ella sino la ficha, que es una simple representación simbólica de la persona que estaba en el juego. Nadie en realidad vivió la experiencia de la prisión. Así mismo, nosotros en la encarnación pasamos por estados de prisión que son ilusorios, porque en realidad Atman, La Chispa de la Llama Divina, el Ser Infinito que fluye a través de toda estructura, no puede ser atrapado, no puede ser detenido, no puede ser quemado, no puede ser destruido, no puede ser confinado, no puede ser puesto prisionero, no está reducido al límite de la estructura corporal. 


Entonces, ¿cómo puede Atman en realidad estar prisionero? Es una ilusión creada por el Velo de Maya. Creemos  que somos incapaces de salir de la prisión. Es increíblemente fácil esto y sin embargo nos parece tan difícil salir de esta cárcel. Y lo único que nos saca de esta prisión kármica es la perspectiva de percepción. Si miramos desde el yo estamos presos, si miramos desde el Ser somos seres libres. Por eso, la experiencia de alcanzar el nivel de conciencia que mediante una distinta forma de cognición nos permite una percepción absoluta y total se denomina Liberación. ¿De qué nos liberamos? De maya. De una ilusión cósmica.

Esto que estamos diciendo aquí no es el común criterio escrito en los tratados que nos hablan del karma. El karma es descrito de diversas formas, desde la perspectiva de la dualidad. Hay cierto karma inmediato: la ley de acción y reacción de la materia densa. Si le das un golpe a la pared, fuerza de acción, te devuelve una reacción; te devuelve una fuerza de la misma intensidad que la fuerza que pusiste. Entre más duro el golpe a la pared, mas grande será la fuerza que el objeto me devuelve, y su poder destructivo, será mayor. A veces hay karma inmediato, nos sale el tiro por la culata, vamos a disparar  y se devuelve el tiro de inmediato. Hay también el llamado Prarabdha Karma, el que se ha elegido que el ser viva en cada vida. Desde la ilusión de la dualidad, de la separatividad, en el que se escogen karmas de auto castigo, se decide vivir ciertas circunstancias y experiencias que entran en un campo de sintonía kármica. Pero, como ya lo manifestamos, nadie puede planear un karma solo. Simplemente la fuerza se precipita y se encausa a través de nuestras propias ilusiones de individualidad y separatividad y en esa sincronía los seres nos encontramos para lanzar nuestras cargas de energía unos a otros. Eso es Prarabdha karma. Es la cuota del karma total acumulado por un remolino de yoidad que se ha precipitado en esa sincronía mágica en cada encarnación. Cada vida tiene una cantidad de Prarabdha karma  que un conjunto de seres deben vivir. Pero hay otro karma que es el karma total acumulado en la sucesión de memorias de remolinos que hemos vivido en lo que llamamos encarnaciones. Los samskaras en nuestro inconsciente contienen todo el karma posible, pero el karma acumulado es el que está represado. Hay como un sello, como una placa que no deja salir todo ese karma para una sola encarnación, al menos que ocurra algo extraordinario y el Parabda karma se agote.

En este sendero hacia la liberación total es necesario, primero, no generar más karma en esta encarnación, lo cual significa ir por el sendero recto que es el más corto. Para lograrlo hay que tener un gran sentido del equilibrio, del punto medio, de la balanza, de ser justos: por eso los cabalistas llaman al camino de la espiritualidad el sendero del Tzadik, el sendero del justo, que es el sendero que en el árbol cabalístico va de Yesod a Tipheret.  Para evitar nuevo karma se necesita que haya justicia, como lo representa el signo Libra, cuyo símbolo es La Balanza, el equilibrio de las fuerzas. El comienzo del signo Libra señala el punto medio del zodíaco intelectual. Tenemos que encontrar ese punto medio, el camino del Buda. Cuando encontramos ese punto medio y obramos desde ese punto de moderación, no generamos karma porque no nos vamos hacia ningún lado de la fuerza de polaridad. Si es así, no necesitamos de una posterior fuerza equilibrante para llegar al punto neutro. Como segunda medida, necesitamos agotar nuestro Parabda Karma. Es lo que en nuestra ilusión de ser seres separados precipitamos al venir a la encarnación. Es lo que está aparentemente determinado por las fuerzas planetarias en el momento exacto del nacimiento. Las fuerzas planetarias lo que nos conceden en los aspectos llamados de fricción, entre planetas, o aspectos negativos, es una superabundancia de energía. Entre una cuadratura y un trino, hay más energía en la cuadratura. Los ángulos que son producto de 60 grados son ángulos suaves donde la energía fluye suavemente. Los ángulos de  90 y 45, son de difícil movimiento, donde la energía se libera con mayor intensidad. En un círculo astrológico, cada noventa grados, una cuadratura, hay un cambio de dirección. El aspecto más rico en energía es la cuadratura. La vida nos da una superabundancia de energía a través de estos aspectos. Pero pasa que cuando viene mucha agua por el cauce del rio, cuando hay un aguacero y la cantidad de energía es superior a la capacidad del cauce, el rio se desborda y causa una tragedia. Entonces el asunto es aprender a canalizar la energía que nos dan nuestras cuadraturas. Ahora bien, los causantes del karma no son las cuadraturas. Estas solo son el cauce a través del cual la fuerza que se liberó en el pasado, la fuerza liberada por un remolino de yoidad, aparece ante mí en este momento. La fuerza de la cuadratura, por ley de sincronía vuelve a tu propia vida. Y en tu ilusión de separatividad antes de encarnar te colocas bajo el cauce de esas energías estelares y decides nacer en ese punto. Entonces los angelitos del karma te echan una ayudita y decides, junto con otros,  que vas a tomar esa cruz. Te pones bajo esas fuerzas para mirar que tan valiente eres para soportar toda esa avenida de energías. Piensas que cuando venga la crecida del rio, nadarás en contra de esa fuerza, no te dejarás arrastrar, serás  capaz de hacerlo. No importa cuánta energía venga, te crees capaz. Pero lo que pasa es que visto desde arriba todo se ve pequeño. Cuando sobrevuelo una ciudad la veo diminuta, los seres humanos como pulgas; si salgo al espacio son apenas un punto y después ya ni los veo y me parece que todo es pequeño. Desde una dimensión superior todo lo vemos diminuto. Para el Atman toda la encarnación es una nimiedad, es nada. Una vez toda la fuerza de Atman se focaliza a través de una estructura, para vivir una experiencia determinada, nuevamente repite la experiencia del Velo de Maya, y al caer bajo su ilusión, desde lo terrenal se ve difícil escapar. Desde lo sutil nos parece que toda esa energía  es  fácil de  dominar, y al llegar a la Tierra, bajo la ilusión de la separatividad, de la imposibilidad, del no poder, del no saber, del no conocer, de la ignorancia,  pensamos que no somos capaces de contener ese caudal y nos arrastra. Si estás bien plantado cuando la corriente llega, seguramente puedes nadar y sostenerla, pero si te agarra desprevenido, o asustado o crees que no eres capaz, te arrastrará. Generalmente nos arrasan esas fuerzas. Eso se convierte en nuestro karma de la encarnación.
Para lograr la Liberación debemos agotar el Prarabdha Karma, que es el karma de la encarnación presente, que está relacionado con la secuencia de vidas. Es esa porción que se eligió pagar. Pero fíjense bien en que no es una elección personal; no es un yo el que eligió pagar el karma. O sea que tiene que haber otras fuerzas que han convocado ese karma a esa presencia, en esa estructura particular. Esas Fuerzas son energías vivas y están gobernadas por los llamados Señores del Karma que son los que canalizan todas esas fuerzas para generar la sincronía de todos los que están “karmatizados”. 

Los señores del Karma son: el Ángel de la Liberación, el Ángel de la Muerte, el Ángel de la Justicia y el Ángel de los Archivos Akhásicos. Esos cuatro grandes seres son jerarquías superiores a nosotros, en cuanto a grado de consciencia se refiere, y están encargados de encausar las fuerzas de todos los vivientes en una mágica y total sincronía, de tal manera que la fuerza de destrucción fluya inteligentemente sin que tenga  el más mínimo error,  es decir que las fuerzas se encausan exactamente hacia donde deben llegar. Pero, ¿qué es lo que permite que se encausen? Es el remolino de ilusoriedad lo que permite que la fuerza llegue a uno. Cada yoidad se convierte en el imán que atrae sus propios clavos. En la medida que yo piense que tengo un karma, que tengo una deuda que tengo que pagar como individuo, como  persona ignorante, pecadora o mala, falta de consciencia, en ese sentido estoy aceptando y he abierto una ventana, una puerta para que el karma se precipite.

En la medida en que me sienta culpable debo pagar un karma. Tengo algo por corregir, pero cuando salto hacia arriba, como un alpinista, trepo más allá de la simple colina y voy a la cima de la montaña, desde allí el paisaje se ve hermoso y podemos contemplar muchas cosas en forma simultánea. Cuando subimos con nuestro equipo de alpinista espiritual vamos a ver  la colectividad de todas nuestras fuerzas y vamos a estar por encima de esas fuerzas. Hemos subido la montaña y entonces no nos agarra la creciente del rio, porque estamos arriba, a salvo. Cuando subimos en nuestra montaña interior, lo cual significa crecer espiritualmente,  permitir que el remolino cese para que la vida interna fluya en forma conveniente, por su cauce natural, en ese momento nuestra percepción aumenta desde el Ser y nos permite ver que todo es fácil y estamos a salvo de nuestras fuerzas kármicas. Cambiar nuestra perspectiva de percepción nos permite darnos cuenta de que hasta el karma de una vida es también una ilusión, pues está bajo el Velo de Maya.



Existe karma en cuanto hay dualidad, polaridad, ilusión de la realidad, ausencia de consciencia de la real unidad, vacío de auto consciencia; pero en la medida en que ese vacío se llena, porque el alpinista sube a lo alto y se libera de todas las fuerzas que hay en el valle de la ilusión, en ese momento no hay karma porque la auto consciencia vuelve. El fluir natural de la fuerza se restablece porque la percepción va más allá de la simple causa y del efecto. Se está por encima, en el punto neutro del yin y del yang, en el punto inmóvil de la oscilación del péndulo existencial. En ese momento no hay karma; ese es el secreto real de transmutar un karma. Puedes escoger también la técnica del niño del premio y el castigo: si te portas bien te perdonamos la falta, si haces méritos te damos algo, si haces buenas obras de misericordia y de caridad con los demás, es posible que te conmutemos la pena. Ese es un juego que tú mismo haces.  Dios no es un mercader de pecados. Es un juego que tú permites en cuanto eres una criatura que crea una ilusión de separatividad, con un creador que está afuera y que mira tus acciones, un ojo que siempre ve y juzga tu vida. Pero Dios no es juez. Dios es el todo y a la vez la parte, siendo la parte una ilusión del juego de la Creación, porque Dios es indivisible, como tal no puede juzgar a una parte que en realidad no existe. ¿Cómo puede Dios juzgarse a sí mismo? No puede, porque no hay una parte de Dios que se salga de la perfección. No hay una parte de Dios que este oscura y otra iluminada, no hay una parte de Dios que este incorrecta para ser corregida y juzgada. El proceso de corrección, mientras estamos en la encarnación, llamado karma, es una auto corrección automática del cauce divino, de la fuerza que fluye en nosotros, en virtud de la ley del movimiento universal, propia del proceso creador, y no un castigo. Este movimiento universal es una ilusión de flujo de la inmóvil presencia divina, que busca llenar el aparente vacío creado por la ilusión mayávica.

En realidad, la percepción de la Presencia Absoluta consiste en la atención en el presente. La atención en el presente es la ausencia de futuro y la ausencia de pasado. Como ilusión en nuestra mente, es un juego en el tiempo. Y si la percepción del Ser, de la Totalidad, está basada en el enfoque en el presente, esto significa que en Él hay ausencia de pasado. Si hay ausencia de pasado en el enfoque en el presente, ¿cómo puede haber karma si las causas pertenecen al pasado? Los efectos pertenecen al futuro, las causas pertenecen al pasado, es un juego de polaridad. Si estoy en el punto neutro, en el presente perfecto, en la Seidad  o consciencia del Ser perfecta, que es aseidad del yo,  no hay pasado, no hay futuro, no hay causa, no hay efecto, no hay karma.

¿Es obligatorio pagar el karma mediante el dolor? No.  Hay un beneficio absolutorio que se llama la Gracia Divina. Es una fuerza que surge cuando un chorro de auto consciencia es dado al remolino que intenta obstruir el libre fluir de la vida divina. Cuando ese raudal de auto consciencia llega, nos podemos liberar del karma. La Gracia no es un don otorgado por el capricho de un Maestro, ni por el capricho de una Divinidad manipulada por la sensiblería humana, no es la respuesta a la intensidad de la perseverancia en la oración egoísta. Es el despertar en la conciencia del Ser lo que genera la adquisición del poder de la Gracia. De ninguna manera  es una concesión gratuita de una divinidad hacia nosotros. Mientras estamos en la conciencia de la dualidad, jugamos al juego de pedir, de pedir la Gracia divina, que nos sea concedida por el Misericordioso Señor, por el Cristo, por Hochmah, por Shiva, por Hesed, por Netzah, por cualquiera de los seres de la columna de la gracia del Árbol de la Vida, o por el Segundo aspecto de la Divinidad o por todas las jerarquías que lo representan, o por algún Ángel especial que llamamos el Ángel de la Gracia. Pedimos a estos seres o a alguno de nuestros Maestros encarnados que nos conceda por gracia el perdón de nuestro Karma. Pero esto es en realidad un juego porque aquel a quien pedimos es nuestro propio Ser, aquel a quien pedimos hace parte de nosotros mismos, porque no hay un ser allá, una parte real de Dios que sea capaz de hacernos eso. Es una ilusión aunque la llamemos Maestro, Divinidad, Dios. Solo hay un solo Uno, el Uno sin segundo. Entonces todo es como un juego en el que estamos auto hipnotizados, siendo Uno y creyendo que somos dos, y una parte le pide a la otra parte. Al final es el Uno pidiéndose a Si mismo, pero si el Uno no está dividido ¿cómo se va a pedir a sí mismo algo? Si el Uno jamás se dividió, jamás se fragmentó en verdad, ¿cómo puede una parte suya haber errado y pedir absolución a la otra? Si no ha habido jamás división, el yerro, la ilusión de la equivocación, el error, solo existe en tanto que hay  ilusión mayávica. Quiere decir esto que el mal no es real. No pertenece a la esencia pura del Absoluto, aunque para nosotros de hecho lo hay, porque toda la creación es un sueño divino, y el sueño divino es un drama que está lleno de personajes, de yoes que sueñan en el bien y el mal.

La única forma de superar el karma, todo el karma en una encarnación, el karma inmediato, el prarabdha karma y el karma acumulado, la única forma de cancelar todo ese karma es salir del sueño, despertar, romper la pesadilla, pedir ayuda para que alguien nos sacuda dentro del propio sueño.  Alguien aparentemente dirá de repente: Hey, despierta! es una pesadilla . Pero en realidad es la Divinidad misma quien a sí misma se despierta, porque no hay un alguien allá afuera que pueda despertarnos. Eso solo ocurre dentro del sueño. Dentro del propio sueño acudimos a figuras de la Divinidad para hacer ese auto despertar mediante personajes especiales que son los Maestros. Como tales, dentro del sueño de Dios existen, están allí, pero son la Divinidad misma encarnada.  Por eso estos seres tienen Sabiduría fluida completa todo el tiempo, Poder completo, omnipresencia, materialización o desmaterialización perfecta todo el tiempo; son el poder de la Divinidad, el poder del Absoluto. Cuesta trabajo a la mente racional creer que a través de una forma o figura pueda la Divinidad operar con toda su completa fuerza, y sin embargo lo hace. Aunque ella a sí misma se limita  en apariencia para poder operar. Crea un vacío en su propio interior, un vacío ilusorio, pues aun las formas de los más elevados Maestros y de las Divinidades externas son formas mayávicas sostenidas por la Divinidad  y a través de las cuales opera. Entonces nosotros jugamos ese juego mayávico y le pedimos a las divinidades que nos den la ayuda del Maestro, que esperamos la ayuda de la Divinidad misma, la ayuda del Ser encarnado, del Avatar o la ayuda de Cristo. Entre mayor sea el grado de elevación en jerarquía que mi mente le haya dado a ese nombre y forma divina, mayor es la esperanza de que su poder va a transmutar mi karma, mi dolor, mi enfermedad, mi angustia, mi soledad. Pero sigue siendo un juego, el juego de maya, en que una parte de la divinidad le pide a otra. Es un juego extraño. Es como si yo me miro en un espejo y le pido a mi imagen en el espejo algo, y espero que la imagen en el espejo me responda, cuando en realidad soy yo el que se mira en el espejo y tengo el poder de hacer lo que le estoy pidiendo a la imagen del espejo. Si le digo a la imagen ¡por favor muéveme al lado derecho! y estoy allí esperando a que la imagen se mueva para el lado que yo quiero, estoy fuera de la realidad, pues en verdad  tengo el poder de moverme al lado derecho y verme en la imagen y decir puedo moverme.  En realidad soy yo, no son dos, soy yo solamente. Entonces,  el hecho de pedir es un juego con la Divinidad. Estamos atrapados en la ilusión de Maya y eso, que significa ignorancia, es lo que hace que el karma se genere. La raíz del karma básicamente es ignorancia. No es la ignorancia de no conocer y caer en un error por no saber, es la ignorancia de vivir en la ilusión de caer en el error y vivir en la ilusión de no saber. En el esoterismo de muchas escuelas simplemente suele cambiarse el término pecado por el termino karma y seguimos con el mismo chip, el mismo programa: si obramos mal seremos castigados por las fuerzas kármicas. ¿En qué se diferencia eso de que si obro mal soy castigado por mis pecados? No tiene diferencia; es prácticamente lo mismo. Si soy castigado por mis pecados soy llevado al infierno; lo único es que trasladamos el infierno aquí. Dejamos de creer que sea un lugar de llamas y tormentos donde  nos lamentamos por cada quemadura de la carne en un eterno fuego lento, y lo trasladamos aquí, al valle de lágrimas, donde sufrimos cada vez que el fuego de la Divinidad quema nuestras ilusiones. Porque en realidad lo que hace el fuego de la Divinidad cuando opera con sus fuerzas kármicas es quemar, a través de su flama divina, toda la ilusión de nuestros deseos. Y sufrimos porque nuestros deseos no se cumplen: el deseo de que alguien permanezca para siempre, el deseo de que algo o alguien no muera, el deseo de que algo esté no esté, de que algo funcione o no funcione. Son nuestras expectativas las que se derrumban y el fuego de la divinidad quema eso. Entonces simplemente trasladamos el infierno aquí. Estamos todo el tiempo pensando en cuándo ocurrirá algo malo. Cuando muchas cosas buenas suceden hay un susurro con susto en la consciencia, como una voz torturante que pregunta ¿hasta cuándo durara esto? ¿cuándo va a pasar algo malo?. Las abuelas, expresando inconscientemente nuestro apresamiento en la dualidad, decían que no se riera uno tanto porque luego de la risa sigue el llanto. También en el mismo sentido dijo el sabio Salomón: “luego de la risa sigue el llanto y al término del gozo es el dolor”. Eso ocurre si estamos en la oscilación. Lo que genera la oscilación es nuestra ilusión mayávica de que así debe ser. Pero si salimos de esa oscilación trepando por el hilo del presente perfecto, de la consciencia del Ser, entonces no hay oscilación. Vamos al punto donde el péndulo comienza, a la fuente de la Creación, donde no hay movimiento. La oscilación está en el extremo del péndulo y entre más lejos se esté de la fuente, mayor oscilación existe, pero en la medida que voy revisando el hilo voy viendo y voy subiendo, entre más cerca de la fuente hay menor oscilación y cuando llego al punto exacto, a la fuente del péndulo, allí solo hay perfecta quietud. Si en la conciencia no hay oscilación, y de hecho en la verdadera consciencia no la hay, no hay karma, no hay ni causa ni efecto. Entonces la ausencia de temor, la ausencia de necesidad de auto castigo,  ayuda a saldar el karma.






En la existencia fenoménica contamos con tres recursos. Existen tres fuerzas: creación, mantenimiento y destrucción. Y existen tres formas de saldar el karma: el dolor, el amor y la consciencia. El dolor está de acuerdo con la fuerza de destrucción, es el abrir una ventana o una puerta a la entrada de las fuerzas de la destrucción. Estamos en el mayor grado de ilusoriedad cuando permitimos esto.
 La fuerza del amor está de acuerdo con la armonía. Ésta revela un punto medio  en el que la fuerza del amor nos enseña que podemos saldar nuestras deudas kármicas a través de ella, del compartir, de la misericordia, de hacer algo bueno, de ejercer una compensación antes de que la fuerza que nos va a compensar lo haga, antes de que tengamos que abrir la puerta a las fuerzas de la destrucción.

Hay una tercera forma que es la consciencia. Si nos hacemos conscientes y comprendemos, no tenemos que esperar a las fuerzas del amor que generan apego, porque nosotros en nuestra ilusión mayávica confundimos el amor real con el apego a las criaturas, y tratando de amar lo que hacemos es apegarnos y atraemos también las fuerzas de destrucción. La consciencia se anticipa a cualquier necesidad de expresar nuestro afecto hacia afuera, debido a que rompemos la ilusión de separatividad. Entonces comprendemos que el que está afuera es todos y yo también, pero son los mismos que están adentro porque todos somos una unidad perfecta. Entonces obramos en una naturaleza del amor distinta. Es el amor de la Divinidad perfecta, que mantiene el equilibrio entre todas las criaturas porque todas las criaturas somos Uno; es una sensación distinta este amor que no genera apego y no atrae las fuerzas de destrucción.

 El camino de la consciencia significa cambiar nuestra perspectiva de percepción, ver como el águila desde un punto más alto; como el alpinista en la cima, ver la totalidad del paisaje, como el que corona los Himalayas y puede ver el más amplio panorama del mundo.  Cuando nos elevamos hacia la consciencia vemos desde una perspectiva superior y nos damos cuenta de que en realidad el karma depende de la oscilación de las fuerzas de polaridad. Y si estamos por encima, como alpinistas, en el sitio más alto, estamos en el punto donde no hay oscilación. Es un estado de consciencia real este estado de no oscilación, el estado de no movimiento y tiene que ver con la mente superior, con la supra mente como diría Sri Aurobindo, el santo de Pondicherry. Cuando logramos estar en ese estado supra mental, entonces vamos por encima de la mente racional, ilusoria, mayávica, memorística, imaginativa, que oscila, que recuerda, que se proyecta al futuro, que nos mueve de la causa al efecto y que se traslada a través del tiempo. En la supra mente no funciona el tiempo, no funciona la dualidad, y ese estado de percepción y de cognición es el equivalente a estar en el punto más alto de la montaña, a ir donde el péndulo no se mueve y a donde, sin haber oscilación, no hay más karma. Entonces se alcanza así el punto de liberación.


En forma práctica, aquí, desde nuestro remolino de yoidad ¿qué hacer cuando el karma se presenta?. El karma es generado por la oscilación polar. ¿Qué genera la oscilación? Lo que genera la oscilación es una de las características de la creación, que es el movimiento. Cuando el karma llega a mí, y estoy en la conciencia de yoidad, lo primero que hago es saltar, reaccionar, moverme, asustarme, desesperarme, angustiarme; la energía trata de salir por algún lado. Ya llegó y trato de sacudírmela como una lagartija que ha caído sobre mi espalda. Pero lo único que tengo que hacer para evitar el movimiento es tener quietud,  evitar la oscilación, tener calma, y en ese instante pensar en qué es lo que realmente soy. Soy Atman, el Infinito Ilimitado, La Chispa de la llama Divina, un Ser indestructible, que no se quema, que no se moja, que no se destruye, que no se fragmenta. Soy Atman, el Ser Indestructible. Pero  notas, cuando karma aparece, que ha llegado una fuerza, porque la dialéctica surge en la mente. Oh, decimos, pero está llegando esto, pero me llegó la enfermedad, me llegó la ruina, me llegó la desgracia, pero algo no sale, y yo en ese instante digo… y ¿qué pasa?… esto es solo la estructura con la que este yo que teme trata de identificarse. Y por eso sufre; pero yo no soy la estructura, yo no soy lo que se descompone, yo no soy lo que sale mal. ¿Qué es lo más grave que puede pasar? Que muera o que sufra. Si sufro estoy viendo desde el yo que se niega a aceptar la no realización de sus deseos. Si no veo desde el yo, sino desde el Atman, termina el sufrimiento, puede haber dolor porque la estructura está programada para sentirlo, pero es por la programación y no porque en realidad sufra la estructura; es por la manera como fue diseñada, es por la consciencia de yoidad, es una programación del dolor mismo. Tan así es que uno puede ser hipnotizado para no sentirlo. Y bajo esta condición, ¿por qué no sientes? Porque la mente del individuo, del yo que siente el dolor, deja de operar. Entonces el dolor depende de mi mente. A veces en los experimentos que hacen mis queridos colegas químicos, probando venenos para tratar de resolver enfermedades, se hace la prueba del placebo. Se busca una población a la que se le dará un medicamento, para comprobar su acción; se busca otra población a la que se le da un medicamento falso, llamado placebo, pero no se le cuenta a cada cual si toma el químico o el placebo. Quien da el remedio sabe a quién le dio la medicina, y a quién no, y a veces se ve que hay un efecto llamado efecto placebo. La gente se mejora tomando una medicina falsa: eso es ampliamente conocido. ¿Por qué puede mejorarse el dolor, sin medicina? Porque el dolor está en la mente. Un niño, al que no le han dado algo, y está muy enojado,  de repente tropezó y  cayó. Va a manifestar probablemente un dolor muy agudo, como si se hubiera quebrado la pierna y hace una pataleta enorme y llora y grita. Pero si en ese momento le dices que le vas a dar lo que quería antes de que se cayera, el dolor le pasa, se sanó, se curó repentinamente, se le enderezó el pie, salió corriendo… ¿qué paso ahí? Que la mente se desenfoca de la pataleta que quiere hacer y entonces sana. En realidad no sabemos  qué es lo que cura y qué es lo que no cura. Porque podemos haber creado gigantescas formas de pensamiento en relación con lo que cura y con lo que no cura. ¿Cómo curaba el Maestro Jesús? ¿sabía curar con saliva? Llegó a él un hombre ciego. Él escupió en el suelo, amasó el barro, le untó en los ojos y el hombre dijo ¡veo!, entonces, uno se pregunta, ¿será que el barro y la saliva curan la ceguera? No era el fármaco barro, ni el fármaco saliva, es la vibración que cambia el foco mental de quien sufre. Entonces todos pensamos que cierto químico quita la fiebre y creamos una forma de pensamiento gigantesca. Yo como químico me pregunto ¿será el fármaco o la forma de pensamiento que creamos la que puede curar? El efecto placebo demuestra que la mente es capaz de curar. El dolor aparece porque hay una autosugestión, un gigantesco samskara colectivo, de que hay cosas que dañan, destruyen y duelen. Es el estado de ilusión de nuestra propia mente lo que crea el dolor en el mundo de Maya, porque a Dios en realidad no le duele nada. Podemos creer a un Dios quejumbroso? ¿Será Dios infeliz, triste, depresivo, angustiado, irritado porque algo no le salió? ¿se quejará cuando un alfiler cae en la tierra? Pero Dios somos nosotros, todos juntos, una sola Unidad, con una separatividad aparente del Ser que está solo en Maya. Luego, el sufrimiento solo existe en Maya, pero si el Ser sale de Maya no hay sufrimiento. Es enfocándose en la supra mente que es muy poderosa, como ésto se logra, porque la supra mente opera en un nivel por encima de la mente ordinaria. Necesitamos que la Divina Presencia recupere su cauce. Cuando la Divina Presencia recupera su cauce, la supra mente, que es la Mente Divina se establece en la estructura. Pero no es mi mente la que tiene ese poder, no es la mente del yo, no es mi yoidad, no es un poder ganado porque me fue transmitido por alguna entidad caprichosa a la que le caí bien. Es el poder de Dios que actúa en la estructura qué logro la perfección. Solo se logra saldar totalmente el karma con esa perfección de la Seidad, la cual hizo la creación. Es el hecho de Ser verdaderamente, es el hecho de permanecer en el Ser Total. Pero el Ser total como tal, siendo Uno no es , porque nosotros nos referimos a algo que es como algo que está afuera, que existe , que ocupa un lugar en el espacio, pero en la Totalidad del Ser Único no hay espacio, no hay tiempo, no hay ni nacimiento  ni muerte, no hay oscilación. En verdad, en el Ser Absoluto no hay fuerzas de creación, mantenimiento y destrucción. Eso  pertenece al juego de la Creación; las tres fuerzas divinas, son fuerzas generadas, fuerzas aparentemente separadas, aparentemente desconectadas. Lo desconectado solo está en Maya; en realidad el Absoluto es Integro, es Único, absolutamente Autonutricio, absolutamente Autoconsciente, no separado, jamás fragmentado. Entonces, si alcanzo la consciencia del Absoluto, me libero del tiempo y del espacio. La mente instantáneamente salta y dice: ¿y cuándo va a ser eso? No se trata de cuándo porque en Dios no hay tiempo, tampoco de dónde porque tampoco hay en Él espacio. Si me libero del tiempo y del espacio,  me libero de toda oscilación, me libero de la dualidad, no hay causa, no hay efecto, no hay felicidad e infelicidad, no hay alegría ni tristeza, no hay gozo, no hay dolor, es una sola cosa. Es la Beatitud, que es muy diferente del placer. El placer se da en nosotros por contraste al dolor. Es una sensación, es algo sensorial, pero la Beatitud, el Gozo Divino no es algo sensorial. No se capta desde la perspectiva de los sentidos. La Beatitud, el estado de Gozo Divino, se capta desde la perspectiva del estado de permanecer en la esencia de la plenitud.



 Debemos cambiar nuestra concepción del karma para poderlo superar. Porque mientras pensemos que el karma es una fuerza ciega que nos destruye, contrastando una causa que nosotros generamos en el pasado, como entes individuales, y que vuelve a nosotros como una fuerza individual, por el rayo de una entidad que quiere castigarnos, no vamos a poder liberarnos del karma, porque no hemos comprendido de qué se trata todo esto. Es la comprensión de la Ley Universal lo que salda el karma. Sin embargo, el ser humano va por el mundo caminando, tropieza, se maltrata un dedo y dice: pero yo comprendo que hay que caminar bien, comprendo que hay que fijarse, y no obstante tropiezo y me machaco el dedo. Pero esto sucede porque estoy caminando con la consciencia de la yoidad, no con la consciencia de la Totalidad. El karma no solamente se cura con la consciencia de totalidad sino que no se genera cuando hay consciencia de la totalidad. Solo se genera karma cuando se está en la consciencia de la yoidad. El nivel de sufrimiento está determinado por el nivel de consciencia en el que se percibe. Obviamente, una persona que tiene un nivel de consciencia bajo, lo cual significa, donde Dios duerme profundamente, donde hay una gran ilusión, donde reina Maya, sufre mucho. Lo hacen sufrir cosas que a otro que está en un nivel más alto ya no le mortifican. A lo mejor habría una persona aquí, triste porque el clima no dejó hacer el programa como se debiera, pero como nosotros fluimos con el clima estamos tranquilos y nos acomodamos a lo que es, tomamos lo que está, no importa si el vecino de al lado tiene ruido en la casa, no importa si ronca o no, eso es lo que tenemos, así está establecido por alguna razón, para que aprendamos algo, y estamos felices y vamos fluyendo. Pero si una persona no tuviese esa consciencia de que todo tiene una razón de ser, entonces está todo el tiempo oponiéndose a la realidad, y al oponerse sufre. A medida que vamos comprendiendo cómo funciona esto, el sufrimiento desaparece porque dejamos de ejercer resistencia frente a la realidad. Si vamos saliendo de la ilusión, vamos haciendo agujeros en el Velo de Maya. Nuestra persistencia de obtener el estado de permanecer en la consciencia del Absoluto, nuestra intención silenciosa en la meditación, son capaces de perforar en múltiples lugares el denso Velo de Maya. Entonces la luz penetra, por los agujeros, o más que penetrar surge, porque la luz siempre ha estado ahí, como el sol que es ocultado por la nube, contenida por el remolino del yo. Y entre más luz hay, más comprendemos, y entre más comprendemos menos sufrimos, y entre mas comprendemos y menos sufrimos más estamos en la consciencia de la Eternidad. Entonces karma no tiene efecto sobre nuestro Ser, porque no hay yoidad, no hay necesidad.

 Donde hay claridad, no existe karma, donde no hay Maya no hay karma, donde no hay ilusión no hay karma. Pero no es que karma no opere sobre mí, sino que no hay un mí sobre el que pueda operar un karma, y al comprender que no hay un mí,  no me convierto en un foco magnético, atractor de fuerzas de destrucción. Simplemente porque comprendo que no soy un yo, no necesito una corrección porque estoy en lo recto. Solo si me desvío, necesito algo correcto para corregir el rumbo, pero no si estoy en lo recto que es el camino más corto entre dos puntos. Si hago consciencia de que no hay división estoy en el mismo punto infinito siempre y el camino más cercano es aquí mismo, en la consciencia de Ser, con la consciencia de la Totalidad, donde ni siquiera hay camino. Pero si no estoy en ningún camino recto,  ni en quietud, estoy en un camino desviado y necesito una corrección; la corrección es lo que los cabalistas llaman el tikún. Debemos alcanzar nuestra propia corrección, y la alcanzamos por la conciencia de la rectitud, por la conciencia del equilibrio, de la justicia,  del neutro de los polos opuestos, del punto cero. Es el justo medio entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra, entre aprender y enseñar,  entre espíritu y materia, diferentes visiones tendientes a encontrar el polo neutro vertical y el polo neutro horizontal.

En el sendero del discipulado, bajo una mirada más profunda, debemos iniciar nuestro cambio de la visión del karma. Cuando sobrevenga desde la yoidad eso que nosotros llamamos karma lo primero que hay que hacer es guardar quietud. ¿Qué pasa? Nada grave. Solo que el fuego de Dios quema mis deseos. Quema mis perspectivas de lo que la yoidad quiere que ocurra. Y entonces la yoidad se retuerce en su agonía y muere. Pues que muera. ¿Qué pasa si muere? Cuando la yoidad muere desaparecen los deseos, desaparece el karma. Si no hay deseos no hay karma. Karma, se parece a Kama, palabra sánscrita que significa placer, deseo, pero con una r en la mitad. Karma es la corrección del deseo; son palabras parecidas, casi idénticas, deben tener una raíz común. Entonces es simplemente el deseo la fuente del karma. Alguien puede decir, pero bueno… los animales tienen karma. Esa es una perspectiva de percepción sensorial. Los animales sufren, desde esta perspectiva. ¿Qué hubiera pasado si nos ocurre lo que le pasó a la gata que fue mordida por una comadreja? Si nos muerde un animal  en la articulación  de la rodilla y nos desgarra y se nos ve un tendón seguramente pensaríamos en correr de urgencia a un hospital, en medio de una gran alarma, angustia y miedo de infectarnos, perder la pierna o morir.  ¿Qué hizo la gata? Guardó quietud. No corrió a buscar al cirujano. Busco un rincón donde no llegara la comadreja y se enrolló y se quedó quieta dos días; no comió, no era importante para ella en ese momento, y se empezó a recuperar. Lo mismo hay que hacer cuando llegue nuestro karma. Enrollémonos, volvámonos sobre sí mismos. Y quien soy yo mismo? El Ser, únicamente el Ser Uno. Si voy al autoconocimiento y a la auto reflexión me pregunto: ¿qué es lo que está sucediendo, que me he convertido en un imán que atrae la fuerza de la destrucción? ¿dónde está ese imán dentro de mí? El yo saltará con rapidez para acallar a la consciencia y dirá tal vez... eso viene de otra vida, no lo podré comprender. Pero más allá de la astucia del yo debo auscultar hasta en los profundos recovecos de mi propia alma para ver dónde creé ese imán, ese aviso que dice: “fuerzas de destrucción entren aquí”. En alguna parte, en algún temor, en algún miedo, en alguna palabra, en algún pensamiento, en algún punto, en alguna palabra que enuncié, en algún deseo hacia otro, en algún sentimiento de venganza, tal vez yo me he convertido en un foco que atrae a las fuerzas de destrucción. No necesito echarme culpas, no necesito descubrirlo para culparme, latigarme, necesito entender el juego de polaridad simplemente, y cuando lo descubro karma cesa. Eso es consciencia, es comprensión. Necesito primero aceptar que no fue gratis. No vayamos en primera instancia hacia la otra vida. El inconsciente forma el remolino, la estructura, los cuerpos, la energía, los apegos, los deseos. La memoria está formada en esta vida. Y está siendo atraída la fuerza en esta vida, aquí y ahora y hay un foco. Necesito elevar mi consciencia para decir: la fuerza viene para destruir algo que se equilibra. Y qué pasa? Nada. Al final debo pensar en que cuando iba a nacer nada traía, antes de que se formen los cuerpos. Nada. Cuando me vaya a morir ¿qué voy a llevar? Nada. Todo queda ahí, todo se descompone, se pudre. Si fui muy famoso a lo mejor pasaré a ser parte de la historia. De una historia distorsionada, porque la historia nunca revela la realidad. Es una novela escrita a conveniencia. Total, ni siquiera la realidad de mi vida permanece. Entonces ¿qué queda? Lo que Soy, la Esencialidad, el Ser. Lo que ha de nacer nace, lo que ha de morir muere. Y lo que ha de estar permanece, lo que se  ha de ir se va, y debo permanecer en ese punto de serenidad. Solo así dejo de convertirme en un magneto de deseos que interfiere con la realidad.

 Recordemos la historia del Job bíblico. Job era un hombre amante del Señor. Y entonces Satán, el tentador, pide permiso a la Divinidad para tentarlo, para probar si es cierto que es un hombre de Dios. Entonces le quita cosas, la fortuna, la salud, el dinero, la familia, todo lo que tenía. Y Job inmutable; siempre decía: Dios da, Dios quita, bendito sea Su Santo Nombre. Inmutable, totalmente inmutable porque sabía que no era ni su dinero, ni su salud, ni su cuerpo, ni su familia. Nada. Permaneció inmutable como una roca, tranquilo, hasta que Satán se aburrió. Entonces Dios le devuelve todo, lo cual significa que la vida fluye y el karma cesa, se detiene para siempre y se convierte en abundancia, porque se dice que Job recibió entonces siete veces lo que antes tenía. Lo cual significa multiplicidad de abundancia,  abundancia absoluta. Significa que el karma cesó y el Ser se integra realmente a la consciencia divina. Realmente Job no se movió y por eso el karma no le generó sufrimiento. El sufrimiento está basado realmente en nuestros apegos, en nuestros anhelos, en el deseo de que nuestros deseos se realicen, porque hemos creado una ilusión de que somos seres especiales con una misión importante que hacer en este planeta y que debe de ser hecha antes de morir. Son las muchas expectativas que tenemos como yoidad. Nuestras misiones, seguramente no son misiones del yo. Son trabajos que la Divinidad hace a través de uno. Y elige una estructura específica para hacerlo. Si la estructura es adecuada, la Divinidad hace el trabajo a través de ella y si no es adecuada la Divinidad  se detiene porque no juega a regar sus aguas, y si las riega es porque ya tiene una estrategia para recogerlas después, a través del karma. Las misiones de la Divinidad a través de la estructura son grandes, no son bobadas, no son minucias que se hacen  para la yoidad, sino para la totalidad. Y es la Divina Eternidad la que obra a través de la estructura de cuerpos. No soy yo el que debe hacer o no debe hacer, el que se debe oponer o no se debe oponer, yo simplemente debo seguir, dejarme llevar como remolino que se deshace hasta que desaparezca en el curso del agua. Hay que dejarse llevar por la ola de la infinita eternidad y nada más. Pero obviamente que la ola de la Infinita Eternidad tiene una multiplicidad de fuerzas que se expresan en la creación y esas fuerzas son: la fuerza de la voluntad, la fuerza del amor y la de la inteligencia. Y debo permitir que esas fuerzas se expresen a través de mí. Simplemente, el trabajo de la yoidad es deponer su reino. Es hacer como el musulmán que se postra en tierra cuando es la hora de la oración. Es colocar nuestro rostro de la yoidad en tierra y decir: ¡hágase tu voluntad! Como dijo el maestro Jesús en la hora previa a su misión de sacrificio: si es posible aparta de mí este cáliz. Era el cáliz del yo; luego lo pensó y dijo: “no se haga mi voluntad sino la tuya”. Porque no soy yo, simplemente debo fluir, si lo que hay que hacer ahora es morir, pues vamos a morir. En la tierra que me vio nacer hay un dicho:”si nos hemos de  morir, vámonos a ir enfermando”. Lo que hay que hacer debe hacerse, cuando hay que fluir hay que fluir, si hay que nacer hay que nacer, si hay que morir, hay que morir. No importa quién nace, no importa quién muere. La vida sigue, el Eterno permanece; es inmutable, no se destruye. La angustia aparece cuando lo que sucede hace referencia a la yoidad, algo sale mal, falló en algo, me roban algo o me enfermo, surge un miedo. El miedo es de la yoidad. Pero si salgo de la yoidad, me elevo por encima del yo, clavo mis estacas de alpinista, me alzo y observo una perspectiva diferente y me digo: qué importa…me he convertido en un foco magnético que atrae fuerzas de destrucción. He sido un generador de fuerzas de destrucción en un remolino de yoidad, sumido en la ilusión de ser el gran conquistador del mundo. Entonces comprendo y entiendo: no quiero estar más en eso, y que pase lo que Dios quiera. ¿Cuál es mi papel y qué debo hacer? Una oración que nos envió un estudiante en  la mañana está muy a propósito para esta situación: Padre, ilumíname el camino para hacer bien mi parte en Tu plan de hoy. En tus manos me pongo; haz de mí lo que quieras. Por todo lo que hagas de mí te doy gracias; estoy dispuesto a todo, con tal de que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más… . Es Hermosa. El cumplimiento de la Voluntad Divina es en lo que debemos pensar cada mañana. Nuestro primer pensamiento: soy la Divinidad en acción, y hay un remolino de yoidad que aún permanece en mí y aún hay dualidad. Que esta dualidad, esta yoidad, cumpla su parte en la obra divina.

Es la manera como enfrentamos el karma  y como logramos día a día, en forma persistente, una perfecta imperturbabilidad, lo que determina el estado de felicidad. Venimos caminando y llueve… ¿qué pasa? No pasa nada. Cuando éramos niños no había tanta yoidad. Éramos felices mojándonos y no pasaba nada grave. Ahora como adultos pensamos: me voy a resfriar. Surgen los miedos y son estos los que nos convierten en un foco de enfermedad. Si vamos por la vida sin temores, sin angustias, conscientes de que en la yoidad hoy somos y mañana no somos, no pasa nada. No importa quién nace ni quién muere,  y esto me incluye a mí. Todo esto tiene que terminar, todo este drama personal se termina con la muerte, a menos que en esta encarnación logremos la inmortalidad. Pero aun así el drama de esta existencia tal cual fue originalmente programada termina, porque para lograr la inmortalidad debo morir y renacer. Debo resucitar, como el Maestro Jesús  El Cristo. Debo resucitar para ser un ser inmortal. La muerte es un mal necesario, la muerte hace el favor de matarnos después de haber caído en la rueda de las encarnaciones, porque rompe la ilusión del yo. Abre un roto en el velo de maya. Cuando morimos, se abre un agujero en el velo de Maya y nuevamente, en mediana conciencia del Ser, volvemos a decir: ah era una pesadilla, es un sueño comatoso, el sueño de la encarnación. 



Es muriendo como despertamos, es naciendo como dormimos;  lo importante es naciendo poder despertar. El juego ilusorio está activo cuando estamos dormidos aquí. Por eso el despertar total, la liberación, debe darse cuando estamos en la encarnación, no mientras estamos muertos. Porque se trata, en la mitad del sueño, de ser conscientes de que soñando todo es una pesadilla y una ilusión y que no pasa nada. Si permanecemos en imperturbabilidad,  nos damos cuenta de que el sueño solo es una creación de alguien que duerme, y ese alguien que duerme es la Divinidad Absoluta y esa divinidad absoluta soy Yo. No el yo ficticio, sino el verdadero Yo. El Yo total y absoluto. Ese es el secreto de la resolución del karma.

 Este es un nivel de comprensión un poco más alto, de lo que el karma es, que debemos abordar en profundidad para no temer y no convertirnos en simples pecadores karmáticos, karmatizados, etiquetados, deudores del karma. Porque si nos ponemos el letrero  de deudores  siempre habrá algún avivato que quiera hacerse pasar por cobrador. Aparece quien diga: ¡Ah! me debes a mí y debes pagarme. Recordemos siempre esto: si la Divinidad lo sabe todo, ¿cómo se castigaría a sí misma por sus yerros? ¿cómo puede errar si todo lo sabe? Si es perfecta, ¿cómo puede equivocarse? En el Absoluto no hay error, no hay equivocación, no hay corrección, no hay causa no hay efecto, no hay karma. El karma es una invención del yo. Es una invención dentro de la creación y hace parte de lo que sueña la divinidad mientras decide dormir. Pero es un juego. Para Él es un juego divertido.
La vida suele ser muy irónica con nosotros. A veces, cuando uno quiere no se le da y cuando no quiere pues aparece. Es parte del juego. Cuando quieres coronar la ficha del juego del parqués todos se te van adelante para ponerte trampas. Y a veces el que juega desprevenido, el novato, es el que gana el juego. A veces no sabe ni correr bien las fichas, no le importa irse a la cárcel o perder. Nada le intimida. Es un juego, es lo que piensa, y de repente, ganó. Y entonces dicen los otros jugadores: huy, ganó el más malo. Y hasta se pelean con él y no le vuelven a jugar.

Se debe permanecer imperturbable hasta que termine el juego de causas sembradas. El juego de polaridad, de dualidad. Cuando termine la oscilación pendular llega un momento en que no hay literalmente más karma. El péndulo permanece en quietud.  Pero en tanto que no se logre el punto de quietud absoluta, sigue habiendo karmas, cada vez más pequeños, pero sigue habiendo. Sigo barriendo con los karmas del inconsciente porque no estoy aún en el punto de quietud. No es solamente comprenderlo intelectualmente. Lo puedo entender intelectualmente y el karma sigue ahí y me sigo tropezando. Me sigo machacando el dedo. Entonces simplemente hay que elevar el nivel de conciencia. 


Cuando el nivel de conciencia se ha elevado, al punto en que no se genera más karma, el que tengo se tiene que acabar. Cuando se agota el karma, solo se regresa a la encarnación si quiere voluntariamente volver. Los liberados con frecuencia  quieren volver, no porque estén atrapados en la rueda de samsara o rueda de las encarnaciones. Lo hacen para disolver el karma de la humanidad. El iluminado debe hacer voluntariamente el juego de la Divinidad. Crea un vacío dentro de sí y se precipita como una proyección individualizada de la Divinidad, como un Maestro, pero tiene que hacer el juego de crear un vacío, crear un Maya artificial para poder estar aquí, hacer un sacrificio. Solo que lo controla, sabe cuando despertar si quiere, despierta cuando quiere, duerme cuando quiere, lo maneja a voluntad. Puede hasta tomarse la libertad de asumir el karma de algún discípulo, porque Él no sufre. En realidad lo que hace es irradiar Su Luz. Esa alma, el Atman, rompe su consciencia de separatividad.  Como todo iluminado tiene la claridad de que es la Divinidad que se expresa a través de todo y a la vez a través de una estructura definida. No es más una individualidad. Nunca más lo será. A un Ser así no le importa un nombre y responde a cualquiera que deseen achacarle. A la mayoría se les llamamos por nombres que no fueron sus nombres de pila; no tiene importancia. El Maestro lo que quiere es que busquemos la Seidad Única, que en realidad es aseidad del yo; no le interesa si eres discípulo de Él o de otro, con tal que rompas tu ilusión de la yoidad. Hasta que no seas parte de, hasta que se rompa la ilusión de ser parte, esa es la clave: vivir un presente siempre a consciencia  en la Seidad, sin ilusión y viendo que todo está conectado. Imaginemos la naturaleza, la vida, el mundo visible e invisible conectado todo por infinitos cables; no hay espacio donde se pueda meter un cable más. A través de la cuántica lo podemos entender. La física cuántica nos da la posibilidad de comprender  aun intelectualmente esa conexión con todo el universo. No es tan fácil, porque no es fácil ser físico cuántico. Pero si le metemos muela como verdaderos discípulos, entonces la mente se tranquiliza de esa manera. Porque la mente suele tener una sed persistente de información. Quiere indagar, comprender, encajar en un modelo matemático, porque fuimos entrenados así, a encajar en un modelo de teoría, corroboración, desde la hipótesis. Está programada asi: a+b=c, entonces válido, correcto, y lo que la mente no entiende no existe. Porque solamente usamos un pedacito de la mente, un foco de la mente, un punto del mundo mental, pero cuando entramos en la supra mente nuestra perspectiva es otra, nuestro conocimiento no es sensorial, nuestro conocimiento no es memorístico, es algo distinto que se precipita en el instante en que es necesario. Es algo que esta fuera del tiempo y del espacio. Es otra concepción del Ser. Es distinto y hemos de entrenarnos  para entrar en la supra mente. Fíjense en la vida de Sri Aurobindo, el santo de Pondicherry. Un día decidió que iba a entrar allí, en la supra mente. La vida le dio los recursos para hacerlo. Se encerró en un lugar del  que no salió por muchos años, pero no se sentó ahí a que lo mantuvieran, ni a holgazanear, se sentó en trabajo interno de meditación durante años, y de ahí surgió toda la belleza de su enseñanza. Era La Divinidad operando a través del Ser, porque se iluminó. Y luego Madre, la discípula más cercana también se iluminó. Se dijo tal vez: verdaderamente este hombre está cerca de Dios. Siguió el camino de Él y se ilumino sin que hubiera ningún otro propósito en eso. También dejó maravillosas enseñanzas.

 Curiosamente, cuando ahondamos en el sufismo,  en la kábala, en la vedanta, en el gnosticismo cristiano, en todas las grandes enseñanzas que están atrás de las aparentes creencias del mundo, allí donde hay un conocimiento, donde un ser se ilumina, donde un ser se encuentra a sí mismo, donde la Divinidad se revela a sí misma en una estructura que llamamos un ser, ahí surge una sabiduría que es idéntica. Varía un poco el lenguaje, el idioma, pero entre los conocedores es en realidad el mismo lenguaje. Es cuestión de palabras de un idioma nada más, pero las ideas, las concepciones fundamentales son idénticas. Esto se da porque solo hay una Realidad, no puede haber dos. Entonces como funciona esto? Solo hay una manera, no hay dos formas en que funcione. Es en la no dualidad, en la quietud interior, en el silencio de la mente, ese que no tiene comienzo ni final porque permanece en la Eternidad, donde la Sabiduría se manifiesta y es en ese estado de conciencia donde el karma no existe más.

Alipur Karim


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