Libros electrónicos de estudios esotéricos

jueves, 26 de julio de 2012

DISCIPULADO No. 6 De vínculos, amores y apegos


 
DISCIPULADO No. 6
De vínculos, amores  y apegos

En este mundo que alumbramos a expensas de las percepciones sensoriales que transformamos en imágenes, ideas, formas y conceptos,  hacemos distinciones entre lo que llamamos seres y los dividimos en cosas,  los seres que llamamos vivos  y las ideas. Vivimos nuestras experiencias rodeados de todos ellos. La repetición de éstas y la cercanía nos llevan a crear vínculos o relaciones fuertes con todo lo que está a nuestro alrededor, enfocando en ellos nuestras  fuerzas vitales, emociones y sentimientos y también nuestras ideas. Vamos creando necesidades corporales, vitales, emocionales, afectivas, mentales y espirituales y buscamos de una u otra forma la satisfacción de esas necesidades y de quienes las satisfacen. Esto crea indudablemente fuertes vínculos que nos conducen al doloroso valle de los amores y odios y posteriormente al purgatorio de los apegos.

Cuando sentimos una gran necesidad de algo o de alguien  y manifestamos nuestros afectos hacia el objeto o ser, decimos que lo amamos. Solemos crear fuertes vínculos de dependencia con lo que amamos y nos sentimos frustrados, decepcionados o abandonados si por cualquier motivo nos son arrancados de nuestro lado esas cosas o seres queridos, o a veces solemos odiarlos si en algún momento dejan de responder a nuestras exigencias o rechazan lo que les ofrecemos. Pero luego, sobreviene la inevitable muerte, que nos lleva de regreso al mundo espiritual, mediante la disolución gradual de nuestra materia, vitalidad, emociones y pensamientos.  Después de un arduo trabajo y estancia en los mundos sutiles planeamos una nueva encarnación y regresamos a nuestro querido planeta tierra. En cada nuevo aterrizaje olvidamos por completo las personalidades de los seres a los que nos apegamos en las vidas anteriores. Quizás si somos algo sensibles podamos inconscientemente percibir a nuestros viejos conocidos y sintamos atracciones y repulsiones que nuestra  nueva mente no logra explicar . Pero los recuerdos conscientes acerca de hechos, personas, seres o cosas concretas desaparecen por completo como si hubiéramos sido atacados por una especie de Alzheimer espiritual .

 Nuestro sabio espíritu sabe que es inútil aferrarse a las formas y personalidades porque mientras permanezcamos en el nivel de consciencia que nos atrapa en el mundo de la secuencialidad, todo lo que vemos a nuestro alrededor tiene  los días contados ya que las leyes que rigen este sistema son las de la mutación  y la temporalidad, es decir que absolutamente todo lo que diferenciamos sensorialmente está sujeto al cambio y a la destrucción o muerte.

No obstante, la ilusión de la eternidad permanece latente en nosotros , alimentando nuestros apegos, y es la que nos hace aferrarnos a las formas externas. No quisiéramos que aquello que decimos amar desapareciera de nuestras vidas y ponemos en ellos con intensidad nuestros sentimientos. Cuando aparece el más leve indicio de un distanciamiento o de un cambio, nos afectamos fuertemente y tratamos desesperadamente de impedir por todos los medios que eso suceda. Solemos convertirnos en seres manipuladores o controladores o nos hacemos víctimas y dejamos que el sufrimiento ensombrezca nuestras vidas. Siempre estamos tratando de acumular, construir, sostener, estabilizar y retener lo que amamos porque hemos puesto en ello nuestra seguridad, olvidando por completo la impermanencia de lo creado. Gastamos gran parte de la energía tratando de hacer esto. Soñamos con ideales condiciones para nuestro futuro y el de nuestros seres queridos y tratamos de lograr esas condiciones con la mayor anticipación, pero suelen sorprendernos la enfermedad, la incapacidad, la pérdida y la muerte como fantasmas que nos acechan e impiden la realización de nuestros deseos. Nos enfocamos en lo externo porque nos desenfocamos de lo trascendental y olvidamos que en realidad somos la expresión del Espíritu Universal viviendo una experiencia humana transitoria.

El caminante consciente del Sendero ha de vivir su vida con plenitud, disfrutando por completo de la dicha del momento presente y ha de recordar que todo lo que está sucediendo a su alrededor junto con los seres que le acompañan constituyen lo más grandioso que la Madre Cósmica se le ha ocurrido como el mejor recurso para el despertar de la consciencia. Ninguna cosa, hecho, conocimiento o ser están ahí por azar, pero igualmente ninguno estará ahí por la eternidad. Todo mutará al igual que nosotros y se irá de nuestras vidas para siempre.

Si al pensar en esto sentimos dolor es porque en realidad no amamos aquello que deseamos tener para siempre, desconociendo su esencia real, que es en realidad la invisible vida que anima lo que los sentidos perciben.

El amor del Caminante del Sendero ha de ser sin apegos , comprendiendo el fluir de la vida en la secuencialidad, con libertad absoluta, sabiendo partir y dejar partir cada cosa, cada ser, cada emoción, cada pensamiento e idea, cada momento de nuestras vidas y destilando en todo instante la esencia de la experiencia vivida, la cual es en realidad la llave mágica del baúl de los secretos de la expansión de la consciencia. Solamente gratitud a la Divina Consciencia Universal ha de ser la sensación que se experimente frente a la eventual partida de cualquier cosa, idea o ser que amamos, pues es esta actitud una muestra clara de nuestra comprensión acerca de la naturaleza real de la creación. En realidad, más allá de la ilusión de los sentidos, todo lo que amamos, en esencia, ha estado siempre ahí y lo estará para siempre pues en verdad somos la Totalidad, la Infinitud y la Eternidad, más allá del tiempo y del espacio.

El Caminante espiritual ha de sobreponerse a sus antipatías, aprendiendo a dejar pasar lo que no le llama la atención pero sin censurar, rechazar o calificar, en una perfecta neutralidad ( el llamado Punto Cero), para evitar el desplazamiento de su energía hacia los polos opuestos del amor y el odio, ya que esta actitud lo mantendrá anclado en la secuencialidad y la separatividad, atrapado en la trampa del tiempo y del espacio por largas edades. Todo apego o antipatía constituyen una dura costra pétrea que impide la expansión de la consciencia y todo esfuerzo por soltar, dejar ser, dejar vivir, dejar partir en su libre ruta de mutación a las cosas, los seres, las personas y las ideas equivale al ablandamiento del tegumento de la semilla del árbol infinito que permite que el brote creciente avance en búsqueda de luz, más allá del reino de la oscuridad. Cada esfuerzo por comprender que lo tenemos todo, en esencia, y a la vez no somos dueños de nada, en la ilusión de lo externo, equivale a taladrar la dura roca de la caverna que encierra al ser Infinito, hasta logar perforarla para que la oscuridad sea vencida por la luz, esa Luz Infinita que siempre ha estado ahí, esa Luz sin tiempo y sin medida. 

Queridos amigos y caminantes, arriba y hacia adelante siempre, siempre. En su última aparición, el Maestro vino para recordarme que no estamos solos en ningún momento y que estará ahí apoyando nuestra labor. Hago extensiva su fuerza a todos los sinceros buscadores. Confíen siempre en la fuerza divina latente en su interior y en la provisión infinita de la Divina Providencia, esa todopoderosa Madre Cósmica que nos brinda sin límites todo lo que considera necesario y mejor para nuestro desarrollo. Sigamos trabajando persistentemente y busquemos romper la ritmicidad de la ola que nos lleva de la consciencia del mundo a la consciencia espiritual de nuestra realidad trascendental y visceversa, a tal punto que nos hagamos cada vez más conscientes de nuestro real propósito en esta encarnación y en esta creación.

Alipur Karim   


*

lunes, 25 de junio de 2012

¿POR QUE ESTAMOS EN CRISIS?





¿POR QUE ESTAMOS EN CRISIS?

No crean que yo he venido
a traer la paz al mundo;
no he venido a traer paz,
sino guerra.
He venido a poner al hombre
contra su padre,
a la hija contra su madre
y a la nuera contra su suegra;
de modo que los
enemigos de cada cual
serán sus propios parientes.

Mateo 10: 34-36

Estas palabras del Cristo pueden parecer una contradicción a su mensaje de paz contenido en el evangelio. El hombre ha vivido y vive en conflicto; la guerra, la violencia, los conflictos sociales, familiares e individuales, están a la orden del día. Frente al conflicto y la crisis mundial, que abarca los tópicos del conocimiento, la economía, la política, la religión, el arte, y otros campos del acontecer humano, el hombre trata de encontrar soluciones a través de líderes, religiones, movimientos o grupos de personas. Sin embargo, aunque existen en la actualidad organizaciones mundiales de amplia trayectoria y de gran recorrido de tradición, la guerra sigue siendo el pan de cada día para los seres humanos. ¿Por qué vivimos en conflicto? ¿Por qué el Divino Maestro de la Luz, profetizó la guerra entre los hombres desde hace más de 2000 años? Porque la paz es interior; la paz no está dada por las condiciones externas sino que llega, únicamente, cuando el hombre se ha mirado interiormente y se ha liberado por voluntad propia de sus bajos sentimientos, acciones y pensamientos. 

La mayoría de los seres humanos desconocen la razón fundamental del conflicto y de la guerra, debido a que se ha dado más importancia a los valores materiales que a los espirituales y nuestra consciencia está sumida en el afán de la satisfacción o de la sobrevivencia. Aparentemente, vemos en el mundo una gran cantidad de injusticias: hambre, catástrofes, crímenes, asesinatos, despotismos, enfermedades aparentemente inmisericordes a las que no se les encuentra una cura, etc. Ante esto, muchos seres humanos levantan sus ojos al cielo y preguntan a la Divinidad el por qué de tanta injusticia, bien en su vida familiar o en la colectividad. En muchas de las ocasiones, tratamos de encontrar un culpable afuera y levantamos nuestro dedo acusador para señalar al causante de nuestros infortunios. Entonces señalamos a los directores, a los políticos, al presidente, al ejército, a la guerrilla, a los paramilitares, a los malévolos, a las ideologías, a los movimientos, a las otras naciones, al capitalismo, y hacia ellos enviamos todo nuestro juicio y junto con ello, todas nuestras emociones de odio y antagonismo. Sin embargo, encontrar al “culpable aparente”, no moviliza las fuerzas de paz y seguimos peleando por las cosas, por la gente y por las ideas. Si nuestros esquemas religiosos se hacen políticos, tampoco son suficientes para explicar la situación de la guerra y siendo que todos buscan la convivencia pacífica, entonces tenemos que reconocer que hay algo que nosotros no estamos teniendo en cuenta; algo que no conocemos o que no reconocemos.

Debemos comprender de alguna manera cómo funciona el Universo del cual hacemos parte, para poder entender el proceso del conflicto ¿Es la guerra una desgracia que nos llega sin causa justa, debida al azar o a la mala fortuna? ¿Acaso proviene de un Dios injusto? Si creemos que es por el azar, tendríamos que concluir que Dios, la Vida Universal, juega a los dados con el mundo, o reconocemos simplemente, que no es injusto y que la Inteligencia que creó un Universo con tantas maravillas de perfección, no puede haber descuidado los acontecimientos humanos y que detrás de todos hay una justicia y una búsqueda de perfección. Entonces, tenemos que reconocer que deben existir leyes que gobiernan las circunstancias y permiten el funcionamiento de los acontecimientos y la precipitación de los sucesos. Esas leyes son: la de Consecuencia, llamada también Ley de Causa y Efecto y la de Reencarnación, las cuales nos permiten entender de una manera más clara, el fluir de los acontecimientos sin ese sabor de injusticia. Debido a esas leyes, cada acontecimiento o suceso que se da en el presente, es el resultado de una causa anterior o de una vida anterior. Todo pensamiento, sentimiento, fuerza vital o acto que se ejecuta en una vida determinada, produce un efecto posterior de la misma naturaleza de la simiente que se siembra. Recogemos los frutos que sembramos en el pasado; la siembra es voluntaria y luego retornamos en otra vida para una cosecha obligatoria. Por el funcionamiento de esas leyes, nuestro Espíritu nos enfrenta a los efectos de las acciones pasadas, con el fin de aprender lo que desconocemos, desarrollar las virtudes que nos faltan, borrar los defectos y lo negativo que atesoramos, y equilibrar las fuerzas que hemos despertado y nos mantienen atados a los mundos inferiores de consciencia y a otros seres.

Ahora bien, todo conflicto externo refleja una batalla interior que se ha gestado desde el pasado y no se ha podido solucionar. Si estamos en desorden en nuestro interior tendremos desorden a nuestro alrededor, si tenemos odio en nuestro interior, tendremos odio a nuestro alrededor, si tenemos confusión en nuestro interior, veremos confusión a nuestro alrededor. Cuando los conflictos entre varios individuos son semejantes, entonces tendremos condiciones externas similares, tendremos desastres colectivos como guerras, catástrofes, epidemias, hambrunas, carencias extraordinarias, que afectan a toda una población, una nación o al mundo entero. Pero solamente nos hacemos conscientes del problema de la guerra, cuando nos viene a nuestra vida, en el momento de poner en evidencia nuestro conflicto interior y esto no debería ser así, pues el problema del mundo es también de cada uno de nosotros. Vivimos en una colectividad diseñada para un proceso, y como parte de ella, cualquier conflicto que se genere, es parte de nosotros mismos también. Si queremos una solución real al conflicto de la guerra debemos romper la ilusión de la separatividad y tener la certeza de que lo que beneficia o daño a uno, también daña o beneficia a toda la humanidad. Somos una unidad llamada humanidad, que es una expresión de la Divinidad misma. Solamente si comprendemos esto muy seriamente, podemos hacernos partícipes activamente del problema de la crisis mundial. Mientras lo consideremos como algo que no nos corresponde a nosotros, no podremos participar y dar una ayuda real al problema de nuestras propias vidas personales.

Ante el problema de la violencia se han buscado múltiples soluciones con el objeto de modificar únicamente las condiciones externas. Se han fundado sistemas políticos que buscan la igualdad económica y sistemas religiosos que dictan códigos, normas y leyes, y se han creado diferentes sistemas de organización de las colectividades y las sociedades, pero la guerra sigue. Mientras el individuo que conforma las instituciones no cambie, llevará a ellas sus propios conflictos y éstas estarán viciadas. La corrupción, la hipocresía, el no revisar el mundo interior, hace que no se limpien las instituciones y ellas, por grandes e internacionales que sean, no van a traer la paz. En la mayoría de los estados del mundo la política y la religión van de la mano, están aliadas. La religión hace parte de los asuntos políticos y los asuntos políticos tratan con los asuntos religiosos. Pero como la religión y la política están viciadas, se hacen tolerantes entre sí con cosas incorrectas; esto ha ocasionado una pérdida de fe en las instituciones. Esto, sin embargo, tiene algo de bueno, porque al perderse la fe, el individuo tiene que ir a confiar en un Dios más cercano, en uno que encuentra dentro de sí mismo. El problema requiere un cambio radical, no de leyes, ni de normas, porque existe aún la gran tendencia a infringirlas en la primera oportunidad y, además, todo obrar que se da por coacción, no corresponde a algo que se ha madurado en el interior. Las leyes coaccionan a los individuos por medio del temor al castigo, a la muerte, la condenación eterna, o por el ofrecimiento de promesas políticas o de prebendas religiosas. Hemos de hacernos conscientes realmente de que las catástrofes y la miseria, llegan a nuestras vidas cuando olvidamos nuestras verdaderas obligaciones y los valores mundanos predominan sobre los valores internos. Y aunque para muchos es muy importante Dios y los valores fundamentales y espirituales, no basta sólo con creer en ellos para que la paz exista, sino que se debe obrar en forma consecuente con las creencias. El único cambio real se logra mediante una comprensión dada por la autoindagación; la comprensión no es un proceso intelectual ni tampoco emocional. Si el individuo rige su vida únicamente por la razón se vuelve un ser frío, sin amor; si rige su vida solamente por la emoción, se llena de sentimentalismo con enamoramientos y temores. La comprensión es la fuerza real, es la voz del Espíritu, y nace de un proceso de entendimiento y de alerta persistente, donde se junta la fuerza del amor, con la de la inteligencia espiritual. Es un proceso que nadie puede hacer por nosotros, es único e individual. La comprensión no se logra mediante la evasión, ni con el liderazgo de alguien, pues nadie puede llevarnos a la paz.

Todos formamos parte de una sociedad y ésta es una proyección de los individuos que la conforman. El individuo construye una sociedad de acuerdo a como siente y piensa, más que como actúa, porque la acción es el resultado del pensamiento y del sentimiento; si la sociedad está en caos, es porque el individuo está en crisis. Es conveniente considerar tres factores en los cuales el individuo mantiene ocupada la mente y los sentimientos: las cosas con las cuales se relaciona para vivir, sobrevivir o satisfacerse; las personas con las cuales entra en convivencia, y las ideas, con su conjunto de dogmas, convicciones, creencias y el pensamiento de los demás. Si se logra que en esas tres relaciones, el individuo no tenga conflicto, entonces no habrá ningún caos en la sociedad; no existirán epidemias, ni catástrofes, ni calamidades, puesto que los acontecimientos obedecen a la Ley de Causa y Efecto y son la precipitación de nuestras formas de pensamiento y sentimiento.

En cuanto a la relación con las cosas es necesario diferenciar muy bien si existe una necesidad real de las mismas o si se depende psicológicamente de ellas. Nuestras necesidades básicas fundamentales son tres: el alimento, el vestido y el albergue. Ellas son indispensables para alimentar nuestro cuerpo, cubrir nuestra piel y proporcionar un techo donde dormir. Sin embargo, se han convertido en fuente de vanidad. Comemos alimentos sofisticados y que complican nuestra vida, vestimos prendas costosísimas, estrafalarias y de marca, y dormimos o queremos dormir, en suntuosas mansiones y palacios. Cuando las cosas se convierten en objetos de orgullo y vanidad, empezamos a depender psicológicamente de ellas, pues se vuelven una necesidad en la mente, no en la realidad. ¿Y por qué nos apegamos y dependemos psicológicamente de las cosas? Sencillamente, porque somos pobres interna y espiritualmente y tratamos de encubrir esa pobreza del ser, con cosas. Por las cosas hemos aprendido a mentir, engañar, defraudar, batallar, competir y nos destruimos unos a otros, ya que las cosas representan medios de obtención de poder. Si no se cambia internamente, aunque a cada persona se le repartiera dinero, casa, vestido o alimento en forma equitativa, los individuos buscarían otras formas de adquisición de poder, figuración, dominio y opresión, e igualmente sobrevendría la guerra. ¿Por qué fracasaron los esquemas comunistas? Sencillamente porque no trasformaron a los hombres y porque la felicidad no está en las cosas, ni en la organización, ni en los sistemas, sino en las emociones y los pensamientos del individuo.

En la relación con los demás, tenemos dependencia unos de otros, económica o psicológica, para la propia satisfacción, seguridad y tranquilidad. La relación de dependencia coarta la libertad de los individuos y cuando se acosa al otro y se le exige la satisfacción de una necesidad, se generan miedos y el miedo genera reacciones y las reacciones colocan en nosotros máscaras de agresión y éstas generan la violencia, el odio y la guerra; este es el origen del conflicto y del sufrimiento en las relaciones con los demás. Por otro lado, en la mayoría de las relaciones las personas viven pendientes del actuar, sentir y pensar de los demás. El asunto no está en tener presente al otro, sino en tenernos presentes a nosotros mismos, a través de una vigilancia constante de nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones, para que ellos no generen violencia. No se trata de reprimir los instintos, sentimientos y las fuerzas, porque la represión genera más violencia. Si nuestros instintos y reacciones están a flor de piel no pueden ser reprimidos porque tarde o temprano estallarán y causarán un desastre mayor. Así que no es a través de la represión, del miedo o la coacción como lograremos mejorar nuestras relaciones. Muchos creen que se podrían superar por medio del desarrollo de virtudes y hay también existe un peligro. Si nosotros cultivamos solamente la bondad y la generosidad sin comprender la codicia, solamente estamos perpetuando la ignorancia y la crueldad porque la codicia sencillamente no se va a morir. Si nosotros cultivamos el perdón y la compasión sin comprender integralmente el problema de la convivencia, de la dependencia y del apego, nosotros sólo llegaremos al aislamiento. La virtud no es algo que viene de afuera, ni es una iluminación momentánea, ni producto del intelecto, de la bondad ni del sentimiento; una virtud verdadera surge espontáneamente de la vigilancia permanente de las acciones, sentimientos y pensamientos, mediante el cuestionamiento de las verdaderas intenciones, motivos y objetivos de todas las fuerzas que se generan. Las virtudes que se cultivan no son virtudes porque son solamente máscaras de represión que oprimen y ocultan nuestras verdaderas emociones, intenciones y pensamientos. El diamante de la santidad no se pule por fuera sino por dentro.

El tercer punto es el de los pensamientos y las ideas. La vida actual se rige por dogmas, esquemas, sistemas políticos y religiosos, que son seguidos a fe ciega por los individuos, impidiendo el libre movimiento natural del proceso evolutivo. Cuando esto sucede, la creencia se cristaliza y genera corrupción y la corrupción genera violencia, pues el individuo se fanatiza y trata de defender las ideas en las que confía, creyendo que son las únicas y verdaderas. Así, menosprecia a los demás generando una de las mayores causas de separatismo. El hombre debe comprender que existen muchos e infinitos modos de comprender la realidad del mundo, los cuales generan distintas maneras de pensar, diferentes concepciones y esquemas. Pero lo importante no son las religiones, los idiomas, ni los esquemas, sino la esencia primordial de los mismos. Si nosotros discutimos por palabras, por términos, opiniones, ideas, religiones o por dogmas y contradecimos el pensamiento de otros, aunque estemos en libertad de hacerlo, eso no debe generar conflicto. Muchas veces el conflicto no lo genera quien expresa su desacuerdo, sino el que se siente ofendido porque el otro no comparte sus creencias ¿Por qué existe ese afán de defender cosas, ideas, ideologías, razas y banderas? Defendemos lo que creemos, tenemos y pensamos porque eso nutre la vanidad de nuestra personalidad y esto llena el vacío interior de nuestra pobreza espiritual, pues carecemos de valores reales, buscando entonces los artificiales. Usamos etiquetas, trajes extraños, emociones prestadas y triunfos de otros, para pretender ser grandes. Para poder vencer esa tendencia al automatismo mental, al condicionamiento y al fanatismo, es necesario abrir una puerta de tolerancia al conocimiento de todos los esquemas y los movimientos mundiales. Debemos dejar de ser ciudadanos de un pueblo, de una nación, para ser ciudadanos de la tierra y nuestra religión ha de ser la de hacer el bien.

A modo de resumen, en la relación con las cosas debemos evaluar, si las que tenemos y deseamos, son realmente una necesidad o la búsqueda de un placer, con el fin de llenar un vacío interior. Ante la convivencia con la gente debemos reconocer la relación de dependencia y de apego que se tiene, y en cuanto a las ideas hemos de aclarar completamente nuestra mente consciente, a través de la observación permanente, para revisar nuestros dogmas y creencias y ver si son reales o heredados; si somos imitadores de pensadores o pensadores, y ver si aquello que imitamos pertenece a nuestra real condición o lo estamos siguiendo a ciegas. De esta forma iniciaremos más fácilmente el proceso de transformación interna, el cual implica una revolución interior.

Revolución viene de revolver, es decir de mezclar todo lo acumulado o que ha sido oculto por la represión de muchos años, dogmas y condicionamientos. Solamente si nos limpiamos por dentro, ofreceremos cosas buenas a la sociedad; no habrá lujuria, pereza, gula, evasión, codicia, ni deseo de imponerse a otros. Cuando todos hagamos el proceso de limpieza interior, la sociedad será el producto de la belleza, la bondad, la justicia, la verdad y la libertad; no habrá leyes que nos coaccionen y sólo así se acabarán las crisis y las guerras mundiales que impiden alcanzar la tan anhelada Fraternidad Universal.       

José Vicente Ortiz (A.K.)


* * *

DISCIPULADO No.5 - ROMPIENDO EL VELO ASTRAL




DISCIPULADO No.5
ROMPIENDO EL VELO ASTRAL

Él discípulo debe hacer un interesante trabajo con su cuerpo mental, el cual consiste en una triple transformación del proceso del pensar, con miras a tener una mejor apreciación de la realidad y un contacto directo con la Sabiduría. Tres velos deberán ser rotos por la fuerza espiritual en el entrenamiento de su mente: el velo astral, el velo mental y el velo espiritual. El primero busca conectar la mente con la respuesta primaria del cuerpo astral, del sentimiento y la emoción; el segundo busca romper el mecanismo del pensamiento secuencial y el tercero logra romper la dualidad y la secuencialidad.
El objetivo de este triple trabajo es el de permitir el desarrollo de la consciencia a partir del proceso automático inconsciente de la mente y llevarla hasta un nivel de percepción altamente consciente con proyección directa de esa percepción en la mente racional y con capacidad de proyección de esa consciencia hacia otras mentes.
El primer trabajo consiste en descubrir que más allá de cualquier acción racional personal, existe una respuesta primaria emotiva  subconsciente que viene por la vía del cuerpo astral. Esta respuesta primaria es instintiva,  proviene de nuestro subconsciente  y es deformada por las construcciones que hemos hecho con nuestro pensamiento, en nuestro intento por definir la realidad, lo cual hace parte del inconsciente individual,  es decir que en el proceso del pensar interpretamos a nuestro modo y nos hacemos una idea e imagen que tomamos por la realidad y creemos adicionalmente que ésta es la misma realidad que todos ven, sin apreciar que cada cual maneja su propia distorsión de esa realidad.
En la actualidad damos una gran importancia al pensamiento conceptual y al raciocinio y creemos que este es el único instrumento de aprendizaje. Los caminantes del sendero, al investigar el proceso de evolución, han de recordar que el manejo de un cuerpo mental elaborado apenas comenzó en la época atlante, hace menos de dos millones de años  para la mayoría de la humanidad, y en la época lemúrica, hace unos 65 millones de años, para los avanzados de la humanidad que son tan solo unos pocos. Antes de eso, todo el proceso de aprendizaje ocurrió mediante el mecanismo instintivo, libre de cualquier proceso del pensar. Este proceso se dio con la ayuda de ciertas jerarquías creadoras que guiaron a la humanidad futura mediante patrones emocionales arquetípicos, sabiamente construidos por ellas bajo la dirección del Arquitecto o Logos Solar, cuya Mente interpenetra todas las cosas que están bajo su dominio.
El mecanismo automático instintivo  hace que en el proceso de elaboración del pensamiento se recurra a la memoria, mas no exclusivamente a la memoria conceptual que es la que se relaciona con el aprendizaje intelectual, sino que se evoca  un patrón de sensación basado en las percepciones sensoriales que se captaron en diversos momentos de experiencia relacionadas con lo que se piensa. Ese patrón incluye nuestras sensaciones de agrado o repulsión, según si la experiencia resultó placentera o dolorosa a nivel físico, revitalizadora o desgastante a nivel energético (etérico) o si se experimento una sensación de emoción o sentimiento de elevado nivel como alegría, agrado, bienestar, confianza, amor, seguridad etc., o si por el contrario hubo vibraciones astrales bajas como temor, angustia, ira, tristeza, celos, odio etc.  Igualmente está registrado allí el impacto de la experiencia en nuestra supervivencia. Todo lo que hayamos sentido que amenazó nuestra vida y subsistencia activará la fuerza de repulsión propia de los bajos niveles del mundo astral y lo que las favoreció evocará la fuerza de atracción, característica de los elevados niveles del mundo emocional.
El patrón de sensación genera reacciones instintivas que afectan al pensamiento, a las emociones, reviviéndolas, si no han sido convenientemente elaboradas y al cuerpo físico, el cual moviliza sus mensajeros químicos y nos hace experimentar sensaciones corporales que frecuentemente están ligadas a la emoción. Si la experiencia ha sido traumática o fuertemente impactante para el individuo, la reacción será violenta e impactante nuevamente y el lenguaje corporal mostrará claras señales de rechazo. Todas las sensaciones que evocan la fuerza de repulsión generan una sensación de malestar, incomodidad o insatisfacción, que en forma automática tratamos de evitar, mediante evasión u oposición, es decir escapando de la experiencia externa o interna o siendo antagónicos a ella. Esto, obviamente, limita nuestra capacidad de percepción y de aprendizaje, cerrando nuestra mente en espacios condicionados, limitados por nuestras apetencias y aborrecimientos y creando un gran temor de salir de allí por miedo a perder nuestra seguridad o a experimentar dolor o sufrimiento.
Si logramos conectar, mediante la atención, a nuestra mente con la respuesta astral distorsionada y rompemos el automatismo condicionado que genera, veremos que detrás de este opera el patrón  original arquetípico inconsciente, que es proyectado por la Mente Divina Macro cósmica, y que constituye una vía segura hacia la acción recta y la clara percepción de la realidad, lejos de toda distorsión. Solo se logra una mente abierta cuando nuestra aparente mente individual se identifica con este primario impulso. Después de esto será necesario romper los otros dos velos.
Medita profundamente sobre este escrito y ante todo practica, trabaja arduamente en ti, hasta que logras romper el velo astral.
Alipur Karim     


* *
*

jueves, 12 de abril de 2012

DISCIPULADO No. 4 El despertar de la conciencia y los ciclos cósmicos




DISCIPULADO No. 4
El despertar de la conciencia y los ciclos cósmicos

La Ley del Ritmo o Periodicidad nos enseña que  en la Creación todo fluye y refluye, asciende y desciende, nace y muere, en periodos exactos de oscilación pendular, entre los dos polos determinados por la Ley de Polaridad. Esto nos indica que todo en la Creación se desarrolla siguiendo un movimiento ordenado dentro del cual existen momentos indicados para cada proceso. Esto da lugar a los ciclos de desarrollo y recapitulación que abarcan desde los grandes días de manifestación o Manvantaras, gigantescos períodos de creación que van acompañados de sus correspondientes noches Cósmicas o grandes Pralayas, gigantescos períodos de disolución, hasta los pequeños ciclos de vida y muerte de cualquier criatura. Cada ciclo macro o micro cósmico contiene dentro de sí un juego de ciclos menores que son representaciones exactas del gran ciclo. Podemos afirmar que siempre existirán ciclos dentro de ciclos, en un sistema holográfico o fractal como se le denomina en la actualidad. En cada ciclo particular sea grande o pequeño se trabaja sobre un principio especial y se busca llevarlo a la perfección, siendo ésta un programa ideal trazado en la Mente del Divino Arquitecto, hacia el cual avanzamos como quien camina tratando de llegar a la línea del horizonte, de tal suerte que una vez hemos avanzado, la meta se ve igualmente o más lejana, pero se trata de un horizonte distinto, cuyo propósito no es lograr que lo alcancemos sino hacer que caminemos, en un proceso llamado evolución.
Al comienzo de un ciclo grande, la vida parece regresar al comienzo como un péndulo que vuelve una y otra vez, de polo en polo, buscando el equilibrio, y los ciclos pequeños son etapas de recapitulación de procesos gigantescos que ya se han vivido pero que se repasan ahora a mayor velocidad, o etapas de preparación para futuros procesos que despertarán en futuros grandes ciclos. Para el caso de nuestra Corriente de Vida, nuestro Esquema Creador, que se desarrolla en siete mundos de diferente nivel de vibración,  comprende 7 días de Creación  o Períodos Mundiales, que se reflejan o subdividen en siete grandes Revoluciones Cósmicas o Rondas. Estas a su vez se subdividen en 7 periodos globales, ya que en cada revolución trabajamos en 7 globos diferentes. Los periodos globales se subdividen en7  Épocas o Grandes Razas y cada una de éstas en Razas propiamente dichas, las cuales a su vez se fraccionan en 7 subrazas y éstas en encarnaciones o vidas. Cada encarnación se subdivide en etapas de siete años y representa en su totalidad todo el proceso creador del Esquema.
 Nuestro Esquema creador particular se ha desenvuelto a partir de tres Fuerzas Cósmicas: Voluntad, Sabiduría y Actividad, las cuales se proyectan como Poder, Amor e Inteligencia Creadora. Nuestro Esquema se desarrolla en tres grandes Manvantaras o Grandes días de manifestación,  estando en cada uno de ellos predominante  una de las tres fuerzas, en su orden. En la actualidad estamos atravesando el segundo de estos Manvantaras y nos falta un tercero, estando formado cada uno de estos grandes períodos de Creación por todos los ciclos septenarios enumerados anteriormente y muchos otros que no menciono para no complicar la comprensión ahora. En cada día de manifestación las tres fuerzas obran todo el tiempo cumpliendo tareas diferentes.
 La fuerza de la Inteligencia Creadora actúa primero, para construir los mundos que serán el campo de la evolución. Su tarea es gradual y se desarrolla conforme a las necesidades de las Corrientes de Vida evolucionantes. La fuerza del Amor-Sabiduría actúa en segunda instancia proporcionando las Corrientes de Vida, que a su vez se subdividen en Oleadas de Vida, es decir, esta fuerza vitaliza el Esquema. La fuerza de Poder-Voluntad actúa en tercer lugar para despertar la Consciencia de las aparentes entidades evolucionantes y llevarlas hasta la omniconsciencia.  
La vida arquetípica ideal de un ser humano debe abarcar 147 años que son 3 grandes períodos de 49 años. En cada uno de estos períodos trabaja una de las tres grandes fuerzas en forma predominante. La fuerza de Inteligencia Creadoradomina en el primer período, de 0 a 49 años; la fuerza del Amor-Sabiduríagobierna en el segundo período, de 49 a 98 años y la fuerza  Poder-Voluntadgobierna el tercer período de 98 a 147 años. La mayoría de los seres humanos debe alcanzar por lo menos el segundo ciclo, el cual representa el segundo Gran día o Manvantara del Esquema actual, pero como éste aún no termina y vamos más o menos a la mitad, de igual forma los seres humanos alcanzan una edad promedio de unos 72 años que sería el fractal correspondiente a un ciclo y medio aproximadamente.
Cada período de 49 años se subdivide en 7 ciclos de 7 años equivalentes a los 7 días de Creación o Períodos mundiales . En total, los 147 años contienen 21 períodos de 7 años. Cada período de 7 años se subdivide a su vez en 7 períodos de un año y también, al igual que todo el ciclo de vida, por ser fractal de éste, en 21 períodos de cuatro meses. Los subperíodos de 7 años y los menores de un año son etapas de trabajo recapitulatorias o preparatorias de cada día de la creación. Los 21 períodos de 4 meses( 3 ciclos  por año, uno para cada una de las 3 fuerzas), representan momentos especiales de trabajo. Todo el ciclo de 21 períodos de 4 meses es gobernado por una fuerza planetaria o zodiacal principal que abarca todo el período y cada uno de los 21 ciclos permite el trabajo de otra fuerza planetaria o zodiacal abarcando con esto un trabajo gradual ordenado con las 22 fuerzas sagradas que nos dirigen (12 fuerza zodiacales y 10 fuerzas planetarias, los 22 senderos del árbol cabalístico).
La Chispa de la Llama Divina o Mónada, nuestro Ser Esencial, a imagen y semejanza de su Creador, irradia de sí una triple fuerza, las cual construye el triple Espíritu o Ego ( con E mayúscula). Poder- Voluntad se manifiesta como Espíritu Divino o Atma, Amor-Sabiduría como Espíritu de Vida o Budhi  e Inteligencia Creadora como Espíritu Humano o Manas Superior. Este triple Espíritu se refleja en el foco llamado Mente y se refleja en un triple cuerpo: Físico, Etérico y Astral respectivamente, dando lugar a un juego de 7 vehículos primarios para el trabajo evolutivo. Cada día de la creación está dedicado a uno de estos siete vehículos  e igualmente cada período de siete años y cada ciclo menor de un año está especialmente dedicado a este trabajo.
El primer ciclo de 49 años es recapitulatorio ya que corresponde al Primero de los tres grandes días o Manvantaras donde se trabajó fundamentalmente la fuerza de Inteligencia Creadora. En ese ciclo el juego de 7 cuerpos es reconstruido gracias a los átomos simientes que contienen toda la información de la experiencia adquirida en pasadas encarnaciones. Se hace en ellos alguna mejora, pero el karma acumulado de otras vidas se hace presente.  En este ciclo, la fuerza de Inteligencia Creadora debe actuar en el individuo para construir el alrededor ambiente o campo de evolución de la encarnación.
En el segundo ciclo de 49 años se realiza el verdadero trabajo de la encarnación, donde es fundamentalmente activa la fuerza de Amor- Sabiduría correspondiente al Segundo Gran día del Esquema. El individuo debe aplicar todas sus fuerzas despiertas para este trabajo, haciendo uso de todas sus facultades y talentos, a la vez que hace un gran trabajo de interiorización que le permite descubrir falencias, corregir errores, pulir tendencias y desarrollar mejoramientos de sus estructuras.  El tercer ciclo de 49 años es preparatorio de futuros trabajos y de vidas o niveles posteriores. Solo llegan a él quienes cumplen satisfactoriamente las dos anteriores etapas. Este ciclo maneja la tercera fuerza, Poder Voluntad y es una etapa de alto contacto espiritual, si las condiciones de los cuerpos son óptimas para el trabajo, lo cual implica que se ha vivido sabiamente en las etapas previas. El número de años vividos no indica necesariamente que el individuo ha despertado al nivel de conciencia correspondiente pero sí señala que los vehículos están ya listos para ese proceso. El espíritu puede haber o no aprovechado la oportunidad. También puede indicar que en una encarnación anterior se alcanzó el nivel pero que alguna situación kármica impide su manifestación.
 En el primer ciclo de siete años, del primer ciclo de 49, nuestra primera infancia, se trabaja fundamentalmente sobre el Cuerpo físico. Los demás cuerpos  de la personalidad permanecen en un estado de incubación o latencia. Este primer desarrollo físico será complementado durante otros tres períodos de siete años, hasta los 28, al igual que sucede en el proceso macrocósmico, en el cual en cuerpo físico comenzó en el primer día  de la Creación y se perfeccionará al final del cuarto. En el último año de este ciclo, de 6 a 7 años, despierta el Espíritu Divino o Atma al igual que ocurrió en la última revolución Cósmica o ronda del Primer día creador.
En el segundo ciclo de siete años, de 7 a 14, despierta  o nace el cuerpo vital o etérico,  se trabaja sobre él y se reconstruye hasta el quinto período, hasta los 35 años. En el penúltimo año de este ciclo, de 12 a 13 años, despierta de su letargo el Espíritu de Vida o Budhi y de los 13 a 14 se activa la conexión con Atma.
En el tercer período de 7 años, de 14 a 21, la adolescencia, despierta el cuerpo astral o Emocional, junto con sus oleadas de emociones, se trabaja en él y se reconstruye hasta el sexto período, el cual culmina a los 42 años. De los 18 a 19 despierta el Espíritu Humano o Manas o Mente Superior, de los 19 a 20 se activa su conexión con Budhi y de los 20 a 21 con  Atma.
 En el cuarto ciclo, de los 21 a 28 años, la Juventud, despierta el cuerpo mental, se trabaja en él y se construye hasta el séptimo período, el cual finaliza a los 49 años. A partir de los 25 a 26 debe comenzar la construcción del puente que establecerá la conexión del cuerpo mental con el Espíritu Humano o Mente Superior. De los 26 a 27 comienza el trabajo de conexión con Espíritu de Vida o Budhi y de manera similar de los 27 a 28 comienza el trabajo de conexión con Espíritu Divino o Atma. Esta triple conexión que constituye la parte superior del Cordón de Plata, que aún no se ha alcanzado en el proceso evolutivo, es el trabajo anticipado ya que constituye una labor a realizarse durante la quinta, sexta y séptima Rondas o revoluciones del presente día de la Creación llamado Período Terrestre en nuestro Esquema particular de evolución. Este trabajo puede también ser reforzado durante los períodos septenarios quinto sexto y séptimo los cuales recrean no solo los tres últimos días creadores sino también las revoluciones correspondientes. Es a partir de estas edades que deben ser comenzadas las prácticas de meditación, contemplación y adoración o éxtasis espiritual, ejercicios espirituales cuyo propósito es efectuar las conexiones mencionadas. Si no se ha hecho un trabajo previo al respecto en otras encarnaciones, lo cual se evidenciará notoriamente en la vida del individuo ya que toda anterior iniciación debe ser recordada conscientemente y el poder alcanzado despertará tal vez en los primeros años de vida, todo trabajo  de meditación, contemplación o ejercicios de mayor nivel a edades tempranas constituye un trabajo prematuro que puede producir fuertes alteraciones o patologías mentales de diversa índole. En esta época de 21 a 28 en la que culmina el trabajo reconstructivo de cuerpo denso, trabaja intensamente Espíritu Divino o Atma, reincorporando la quintaesencia del trabajo de reconstrucción y recapitulación kármica de Cuerpo Físico. El Alma Consciente, fruto de este proceso alcanza el nivel de la encarnación pasada y si el trabajo es bien realizado se alcanza una leve mejora junto con la eliminación de programas errados en relación con hábitos, tendencias y situaciones kármicas, incluidos patrones de enfermedad que nuestro vehículo físico trae de otras encarnaciones.
En el quinto ciclo, de los 28 a los 35 años, la adultez, Espíritu de Vida, el cual se refleja en el Cuerpo Etérico, que termina aquí su reconstrucción, extrae la quinta esencia de la experiencia etérica vivida en la reconstrucción y en la recapitulación kármica. Alma Intelectual, fruto de este proceso alcanza el nivel anterior junto con las correcciones y mejoras correspondientes, si se ha hecho un buen trabajo ( recordar aquí que nuestra Alma constituye el triple fruto de la evolución, como reflejo del  triple aspecto de la Chispa de la Llama Divina o Mónada).

En este ciclo hay trabajo especial de Espíritu Humano. Este quinto ciclo de siete años es esencialmente una etapa preparatoria para las futuras condiciones del período de Júpiter, pero también recrea la Quinta Revolución Cósmica, donde El Espíritu Humano es despertado. Este vehículo sale de su letargo en esta época y ejerce su influencia separatista y de independencia. La energía del Espíritu Santo influencia poderosamente la vida del individuo. Es una buena etapa para independizarse, para casarse, para tomar partido, para elegir una ruta definida. También es la época ideal para la meditación profunda que nos permite entrar en contacto con el mundo de las ideas. Siendo el Espíritu Humano, el que expresa La energía creadora del Espíritu Santo, es esta la edad propicia para intensificar nuestro poder de Epigénesis. Es la época de la inteligencia, de la invención, de la creatividad, de la acción sabia. La clave de toda esta etapa esindependencia creativa e inteligente.

En el sexto ciclo, de 35 a 42, Espíritu Humano, extrae la quintaesencia del cuerpo Emocional, que termina aquí su reconstrucción. El Alma Emocional, fruto de este trabajo, alcanza el nivel de vida anterior, junto con las mejoras correspondientes.
Este sexto ciclo de siete años es una etapa preparatoria para las futuras condiciones del Periodo de Venus, pero también recrea la sexta Revolución Cósmica, donde el Espíritu de Vida tiene su acción predominante. Este vehículo tiene un nuevo despertar y ejerce su fuerza unificante, dejando sentir la poderosa energía de Cristo en la vida del individuo. Es una época adaptada para el despertar del Cristo interno y para afianzar nuestros principios de Unidad y Fraternidad Universal, rompiendo la influencia separatista. La subdivisión septenaria, siguiendo la clave recapitulatoria nos da la guía de
acción en estas edades.

En el último ciclo del gran ciclo de  49 años correspondiente a la fuerza de Inteligencia Creadora, de 42 a 49, se hace una última recapitulación reconstructiva, año por año para cada vehículo y muy especialmente para el cuerpo mental el cual termina aquí su reconstrucción completa.
Este séptimo ciclo de siete años es una etapa preparatoria para la divinas experiencias del Período de Vulcano o séptimo dia creador, y una recapitulación de la séptima revolución cósmica y el séptimo globo, donde la actividad del Espíritu Divino predomina. Durante este ciclo el trabajo consiste en la educación de la voluntad humana para la aceptación de la voluntad Divina mediante el conocimiento y colaboración con el plan evolutivo. Este septenario debe estar dedicado a la práctica de la adoración y a la vivencia espiritual más elevada, mediante la disciplina no dogmática ni represiva y la acción recta.Igualmente, cada uno de los siete vehículos se dispone especialmente para ser interpenetrado, en un nivel más alto, por la fuerza de Amor- Sabiduría que gobernará especialmente en el segundo ciclo de 49 a 98 años.

La edad de 49 años representa un verdadero segundo nacimiento. Es la época del despertar del segundo Aspecto- Fuerza que venimos trabajando desde la aurora de este Segundo Gran día o Manvantara. Antiguos hábitos destructivos, patrones emocionales caducos y vicios mentales deben ser dejados atrás por el aspirante a la vida Superior si desea despertar en plenitud esta Segunda Fuerza. De lo contrario, rodará solamente por la rueda del ciclo anterior, siguiendo un patrón en círculo en lugar de abordar el sendero en espiral, propio de un correcto sendero evolutivo. El sendero circular indicará que la anterior etapa no fue vivida plenamente y los errores no corregidos aparecerán, generando diversas patologías crónicas, a nivel físico, emocional y mental, que pondrán en evidencia las grandes falencias que impiden entrar en la onda superior de la espiral. En la mayoría de las personas es la etapa de los desórdenes crónicos y este sendero llevará al deterioro y destrucción de los vehículos constituyendo tan solo una etapa de ajuste kármico que será vivida encarnación tras encarnación hasta que karma se agote y se entre en el proceso real del despertar del Amor- Sabiduría. ( Para una explicación más detallada, año tras año, del primer ciclo de 49 años lea el artículo “La Recapitulación en la Vida diaria” escrito por mí hace algunos años, disponible en PDF, anexo).
Si alcanzamos correctamente la segunda voluta de la espiral ascendente, a partir de los 49 años, la Segunda Fuerza, Amor- Sabiduría, despertará de su letargo e irradiará a través de los siete vehículos, en forma paulatina, siguiendo el curso ordenado de siete nuevos períodos septenarios.
A los cuarenta y nueve años el hombre ha vivido en pequeño los siete días de la creación y se prepara para otro nuevo ciclo que representa un nuevo esquema evolutivo, otro día de manifestación. Estos al igual que todo nuestro proceso siguen un orden perfecto de tal suerte que el primer ciclo septenario  (primeros cuarenta y nueve años de vida) corresponden a una vida de expresión física donde el desarrollo del Cuerpo Denso y la educación de la Voluntad son las claves a seguir. Este segundo juego de de cuarenta y nueve años corresponde al Cuerpo Vital y a su contraparte el Espíritu de Vida y la nota clave es el Amor. Esta nota clave se relaciona con Chokmah cabalístico o el principio Crístico.

Cada septenario de esta segunda vuelta corresponde igualmente a una etapa recapitulatoria  y de trabajo, relacionada con uno de los siete Períodos mundiales de creación, o con una revolución cósmica, globo, época, raza o subraza. La Fuerza Amor- Sabiduría ya ha sido incorporada en nuestros vehículos en pasadas encarnaciones y permanece latente en los átomo simientes, despertando gradualmente en cada uno de los subciclos correspondientes, en el primer ciclo de 49 años, principalmente en los años que corresponden a Espíritu de vida ( 5-6, 12-13, 19-20, 26-27, 33-34, 35-42, 47-48), pero con un despertar total en este segundo gran ciclo. Espíritu de Vida o Budhi es el aspecto de nuestro Yo Superior que fue emanado del segundo aspecto de la Mónada, Amor-Sabiduría y es el vehículo espiritual que nos permitirá funcionar conscientemente en el Mundo del Espíritu de Vida o Mundo Búdhico, también llamado Mundo Samádico o Intuicional, siendo este nivel cósmico el mundo donde cesa completamente toda diferenciación y se alcanza contacto pleno con la Unidad universal.

En el primer ciclo, de 49 a 56, el cuerpo físico debe ser convenientemente revisado y purificado para que alcance un nivel vibratorio superior, una voluta más de la espiral ascendente. El Amor debe irradiar de él. Deben haberse superado toda clase de bloqueos en la expresión afectiva. Si no es así, es una buena época para hacerlo. Aquí es importante considerar que el cuerpo denso debe ser nutrido con sabiduría y debe atenderse cualquier rezago de enfermedad que aparezca en él. Es la época para aprender acerca del efecto en este cuerpo de mala alimentación, sobresfuerzo, abuso o desorden de la sexualidad, emociones negativas, pensamientos destructivos, tendencia egoísta o separatista, tendencia anti solidaria, debilidad de la voluntad o cualquier otra fuerza mal usada o canalizada proveniente de los demás vehículos. En cada uno de estos 7 años ha de considerarse el vehículo correspondiente, su relación con el denso y el mejoramiento de la armonía entre cada par, con el objeto de espiritualizar el vehículo material a tal punto que se convierta en un verdadero canal para la Fuerza de Amor o Fuerza Crística. El discípulo ha de desarrollar y manifestar corporalmente, en esta época, afectuosidad, magnetismo, sanidad, solidaridad  y misericordia. Todo contacto corporal ha de transmitir amor en su más pura manifestación. El trabajo del cuerpo denso que comienza aquí tendrá cuatro nuevos estadios de 7 años y será terminado en el septenio de 70 a 77.

En el segundo ciclo, de 56 a  63, el cuerpo Etérico vuelve a tomar protagonismo. Siendo este el reflejo de Espíritu de Vida y este a su vez proyección del Segundo Aspecto. Este septenio tiene gran importancia. Es época para espiritualizar el cuerpo Vital , para lo cual el cultivo de los llamados éteres superiores es necesario. Estos dos éteres llamados luminoso y reflector son el asiento de la percepción y la memoria y son la clave del mejoramiento conductual del ser humano pues es aquí donde se fijan fuertemente los programas de vida y conducta. La oración desde el corazón y el discernimiento son claves en este proceso así como el estudio profundo de grandes verdades espirituales, puesto que la clave de la grabación en el cuerpo etérico es la repetición. Lecturas, audios, conferencias, videos y toda clase de ayudas de conocimiento espiritual son muy útiles para este tiempo. El desarrollo de los dos éteres superiores capacitará al individuo para el aprendizaje por método directo en los mundos de vibración superior ya que estos dos principios pueden ser separados del vehículo físico para ser llevados como instrumentos de registro por el Ego durante vuelos anímicos por planos superiores de consciencia. Para el desarrollo del cuerpo Vital es necesario el cultivo de una actitud amorosa y solidaria en relación con el medio circundante. Esto constituye el amoroso espíritu Crístico o irradiación Búdhica que permite la manifestación del Segundo Aspecto lo cual equivale al nacimiento del Cristo Interno. Aquí es necesario, a la par que se efectúa el anterior trabajo, el economizar éter en sus dos aspectos inferiores, llamados químico y de vida con el objeto de aumentar los superiores. Para ello, una sana alimentación evitará el desgaste, al igual que la moderación con el ejercicio físico y el uso de la sexualidad. A este respecto, toda promiscuidad debe haber cesado a esta altura de vida, con el objeto de evitar la contaminación de los éteres. Una vida sexual moderada y sana debe ser llevada por el aspirante al discipulado para evitar represión destructiva. El celibato absoluto solo se sugiere para los iniciados de alto grado que han logrado el despertar del poder creador de la palabra y pueden canalizar en forma perfecta el poder de la energía sexual no utilizada.

Por ser el cuerpo Vital el vehículo inferior de consciencia, ya perfeccionado por los Ángeles, el contacto con esta Jerarquía puede ser de gran utilidad en este septenio. Se sugiere al aspirante al discipulado el estudio de los llamados Coros Angélicos o Jerarquías creadoras y en especial el Coro de Ángeles. Es de utilidad que se conozca el sistema de correlación y trabajo de estas Jerarquías con cada ser humano de acuerdo con su carta Natal. Es muy útil el estudio de los 72 ángeles de la cábala, regentes del zodíaco y, para esta época especialmente, el estudio de los 8 representantes angélicos correspondientes  ( del 65 al 72). El libro “Los Ángeles al alcance de todos” del Iniciado Kabaleb puede ser una buena guía para introducirse en este tema. La Jerarquía de los Ángeles es la actualmente encargada del desarrollo, perfeccionamiento y espiritualización de los cuerpos vitales de plantas, animales y humanos. También pueden ser útiles los libros “La estructuración dévica de las formas” y “Los Ángeles en la vida social humana” del Iniciado Vicente Beltrán Anglada.

El tercer ciclo, de 63 a 70 años, es nuevamente del predominio del cuerpo de deseos el cual debe ser espiritualizado. El Amor-Sabiduría debe inundar el campo de acción de este vehículo para permitir elevar el grado de vibración de nuestras emociones, deseos y sentimientos en los cuales debe primar la nota clave del Segundo Aspecto. La espiritualización de las emociones implica una dura batalla contra el egoísmo, un gigantesco dragón de 7 cabezas formado por el desborde y pérdida de control de energías planetarias: la solar soberbia. La venusina lujuria, la mercurial envidia, la lunar pereza, la saturnina avaricia, la jupiteriana gula y la marciana ira. Las positivas emociones que contrarrestan estas fuerzas negativas deben ser desarrolladas a partir de la transmutación de éstas. Sugiero estudiar el artículo “ El Culto a la Personalidad” de mi autoría, el cual les anexo a este escrito. El conocimiento de la Ley Divina debe constituir el código de acción del aspirante. Estudiar las Leyes de la Naturaleza es clave en esta época: Mentalismo o Unidad Universal, , Polaridad, Género, Ritmo, Causalidad, Correspondencia o Analogía o Afinidad y  Vibración (Ver “ El Kybalión”, por Tres Iniciados).

 La corrección del cuerpo de Deseos o Astral, reflejo del espíritu Humano o Manas superior, reflejo del Tercer Principio, lleva al establecimiento equilibrante del Segundo Principio, el Amor-Sabiduría. En la cabalá, la corrección perteneciente a la columna de la izquierda o del Rigor comandada por Binah, equivalete al Espíritu Santo, lleva a la cesación de todo karma mediante la acción equilibrante de Chokmah, equivalente al Cristo cósmico, perteneciente a la columna de la derecha, la de la Misericordia, que nos trae como regalo la Sabiduría.

En esta época es deseable la ayuda de los Arcángeles, jerarquía actualmente encargada del Cuerpo Astral. Conviene estudiar la acción y beneficios de los 8 representantes Arcangélicos (57 al 64) dentro de los 72 genios de la cabalá.

El cuarto ciclo, de 70 a 77 años, corresponde a la Mente concreta. Es el septenio para espiritualizar la Mente. Ha de revisarse aquí la correcta conexión de ésta con los vehículos de la personalidad, físico, etérico y astral, de los cuales debe ser su comandante y con los vehículos de la Individualidad, Atma, Budhi, Manas o Espíritus Divino, de Vida y Humano respectivamente. Es también el tiempo de corregir antiguos patrones mentales caducos o anquilosados y de eliminar los vicios mentales, a los cuales me referiré en una futura entrega.

En este septenio termina el trabajo de espiritualización del cuerpo denso en el segundo gran ciclo de 49 años. Espíritu Divino extrae la quintaesencia de este trabajo y lo convierte en Alma Consciente.

Pueden ayudarnos en este ciclo los Señores de la Mente o Principados ( ver genios cabalísticos 49 a 56). Esta Jerarquía es la actualmente encargada del cuerpo Mental.

El quinto ciclo, de 77 a 84, es el tiempo de Espíritu Humano. Es época de vencer toda influencia separatista y romper apegos y barreras, al tiempo que se evalúa el trabajo real individual realizado pues esta época es de creatividad pues la energía de Inteligencia Creadora está en predominancia para ser integrada a Amor, propio de este segundo gran ciclo. Es el tiempo de ofrecer frutos propios que beneficien al colectivo. Es tiempo de entrega total sin búsquedas de reconocimiento o recompensa. En este ciclo, Espíritu de vida recoge la quintaesencia del trabajo de espiritualización del cuerpo etérico, que termina aquí y lo convierte en alma Intelectual. Es tiempo de Meditación. Son de gran ayuda Las Virtudes o Señores de la Forma ( ver genios 41 a 48).

El sexto ciclo, de 84 a 91, es muy importante ya que es el ciclo de Espíritu de Vida, reflejo de Segundo Aspecto, fuerza central de todo este gran ciclo de 49. Es época de manifestación del Amor más elevado, la expresión hacia el mundo del Cristo Interno, la exteriorización de la Sabiduría destilada. Aquí termina también la espiritualización de cuerpo Astral y Espíritu Humano toma su quintaesencia y la transforma en Alma Emocional. Es un tiempo para trabajar la Fraternidad Universal. Es tiempo de Contemplación. Son de ayuda Las Potestades o Señores de la Individualidad ( genios 33 a 40).

El séptimo ciclo, de 91 a 98, es el momento de Espíritu Divino o Atma. Es la hora de la Adoración que nos lleva al sentimiento perfecto de unidad con la Totalidad. Es también el ciclo donde termina la espiritualización de la Mente luego de su cuarto período septenario.  En este ciclo nos ayudan los Señores de la Sabiduría o Dominaciones ( genios cabalísticos 25 a 32). Todo este septenio es a la vez recapitulación, año tras año de todo el segundo gran ciclo de 49 y cada vehículo se prepara en su respectivo año para ser interpenetrado por el despertar o el advenimiento de una Tercera Fuerza, Poder Voluntad, la que gobernará en el tercer gran ciclo de 49, si la encarnación prosigue, al haber alcanzado los standares requeridos para ello, es decir si se pasó exitosamente por el ciclo de Amor- Sabiduría.

El Tercer gran ciclo de 49 años, de 99 a 147, es preparatorio y constituye un período de anticipación reservado a quienes aprobaron satisfactoriamente los dos cursos anteriores y aún mantienen sus vehículos en óptimas condiciones para un proceso más avanzado que corresponde a la acción de la Tercera Fuerza, Poder Voluntad. Esta irradiará a través de todos los cuerpos en sus respectivos septenios y llevará al ser a la trascendencia, al contacto consciente con la Unidad de toda Vida. La Fuerza cabalística de Kether, el Padre será reinante en este gran ciclo y despertará al ser a la omniconsciencia, proceso que será paulatino y que será continuado en futuras encarnaciones si no se logra la liberación.

Todas las fuerzas despertadas, todos los logros alcanzados serán incorporados a los átomos simientes y entrarán en estado de latencia o noche cósmica al final de la encarnación, para despertar después del largo sueño de la muerte , en una nueva encarnación, después del necesario proceso de recapitulación.

Los seres que van alcanzando un nivel de evolución más avanzado o que desean avanzar a una mayor velocidad, no necesitan esperar el lento proceso recapitulatorio de cada siete años para recapitular o desarrollar algún aspecto de cada vehículo, sino que pueden hacerlo dentro de la espiral más pequeña de un solo septenario, donde el trabajo de cada vehículo pude hacerse en un año. De esta manera los Discípulos e Iniciados trabajan a una velocidad sorprendente, sin infringir la Ley Cósmica. Igualmente si alguien dejó pendiente un trabajo de un vehículo dado en su septenario correspondiente, puede recuperar el tiempo mediante un trabajo más intenso en el año correspondiente del siguiente ciclo
de siete años. Este ritmo, llamado la ronda interna, permitiría a un individuo realizar siete espirales completas en lugar de una en cuarenta y nueve años, con lo cual adelantaría el trabajo de varias vidas. Y se aún quisiera ir a mayor velocidad  lo cual necesariamente multiplicaría la intensidad de su trabajo espiritual, puede tomar la ruta de espirales más pequeñas contenidas en cada año, en cada mes y aún en cada semana.

La recapitulación es un proceso que se vive permanentemente y aún dentro de cada año hay pequeñas espirales individuales para cada persona con mágicas divisiones septenarias de las que puede deducirse la clave de acción inteligente y amorosa bajo el concurso de la voluntad Divina para llevar una vida completamente adaptada a la leyes cósmicas. El autor considera que todo aspirante al discipulado y a las Iniciaciones de avance evolutivo debería conocer este esquema a profundidad para avanzar rápidamente en el sendero, alcanzando cada vez mayores alturas y siguiendo el gran lema de la evolución: Arriba y hacia delante siempre siempre.

José Vicente Ortiz Z. ( Alipur Karim)


*