Libros electrónicos de estudios esotéricos

domingo, 22 de septiembre de 2013

DISCIPULADO No. 12 LA REALIDAD Y EL UNIVERSO


DISCIPULADO No. 12
LA REALIDAD Y EL UNIVERSO


El aspirante al discipulado debe experimentar una nueva forma de cognición, más allá del pensamiento ordinario, cuya base fundamental es la memoria y el condicionamiento. La consciencia debe trascender la fluctuación de la mente en el espacio- tiempo y la dualidad. Para ello es necesario que el estudiante se haga consciente de su actual estado de cognición.
Usualmente aceptamos el hecho de la existencia de un universo que está fuera de nosotros (dualidad) y nos asumimos como entidades individuales separadas, con capacidad de observar este universo. Damos por hecho que nuestra percepción de lo que existe es real y que quien percibe es un yo personal.
El supuesto yo personal, eso que tú crees que eres, usa instrumentos especiales para percibir, a los cuales llamamos órganos de los sentidos, agrupados en cinco sistemas: sistema táctil, sistema olfativo, sistema gustativo, sistema visual y sistema auditivo. Todos ellos están conectados al cerebro. A través de ellos, el organismo viviente capta informaciones del entorno, denominadas percepciones. Dichas informaciones son de carácter vibracional. El ojo capta fotones cargados de bits de fuerza electromagnética que viajan desde la retina hacia la parte posterior del cerebro a través del nervio óptico. Esto nos da la cognición de la luz. El oído, a través del tímpano capta las pulsaciones del aire respondiendo a ellas con vibración de esta delicada membrana. Esta vibración estimula los nervios generando impulsos eléctricos que viajan a través del nervio auditivo a una zona particular del cerebro. Esto da como resultado nuestra cognición del sonido. El tacto, a través de la piel principalmente, capta diferencias en el nivel o velocidad de vibración que, convertidos en impulsos eléctricos, viajan vía los nervios sensoriales hacia el cerebro y nos dan la cognición de lo que llamamos texturas, formas, variaciones de temperatura, presión, dolor o diferencias de densidad  entre otras.

   Para recibir un sabor se necesita el estimulo de las células receptoras del gusto o corpúsculos gustativos, ubicados en la lengua. Los corpúsculos gustativos son los receptores del sabor y están ubicados alrededor de las papilas gustativas. El corpúsculo gustativo estimulado inicia un impulso nervioso que es conducido por las terminaciones sensitivas hasta los nervios facial, vago y glosofaríngeo; y a través de ellos va a la médula espinal, el tálamo y de allí al cerebro, donde en el lóbulo parietal de la corteza, se emite como respuesta la cognición de sensación gustativa.

El olfato es el sentido encargado de captar los olores. Las sustancias odorantes que estimulan la mucosa olfatoria son sustancias químicas volátiles transportadas por el aire. Estas sustancias químicas son simplemente vibraciones específicas. La mucosa olfatoria estimulada por estas partículas convierte el estímulo en impulso nervioso, el cual viaja hacia el bulbo olfatorio, el sistema límbico, el hipotálamo y finalmente hacia la corteza cerebral donde de hace consciente como percepción olfativa o sabor.
 Los cinco sentidos nos permiten tener percepciones simplemente. Las percepciones son procesadas y son convertidas en sensaciones, en el interior de nuestro cerebro. Para entender esas sensaciones usamos  la mente. En general, se piensa en la mente como algo localizado en algún lugar de la cabeza que nos permite ser conscientes, pero recientes hallazgos  sugieren que la mente no reside necesariamente en el cerebro sino que viaja por todo el cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, ocupada en dar sentido a esas complejas percepciones que recibimos de los sentidos. Mente y  materia, proceso y estructura, están inseparablemente conectados.  
La interpretación de las percepciones sensoriales da lugar literalmente a ese conjunto de imágenes, nombres, formas y características o cualidades particulares que denominamos objetos. Estas interpretaciones se archivan como información en el cerebro y constituyen la memoría. Todo eso ocurre siempre en lo que llamamos nuestro interior, esa simbiosis entre mente y cuerpo. Allí, en ese mundo mental es donde realmente alumbramos el universo que creemos que existe fuera de nosotros. En lo que llamamos afuera, más allá de nuestra piel, solo existe eso que llamamos vibraciones. En realidad no hay allí nada como los objetos o los seres. Todas esas percepciones interpretadas son meras conceptualizaciones que han dado lugar a una cosmovisión o visión mental particular del cosmos, lo cual equivale a decir, aunque parezca chocante, que no hay allí afuera un universo como el que creemos que existe. De hecho, ni siquiera las vibraciones percibidas por los sentidos llegan a la mente como tales sino transformadas en impulsos nerviosos que no son otra cosa que corrientes electroquímicomagnéticas, a partir de las cuales nuestra mente construye su propia deformación de la realidad, eso que los antiguos sabios denominaron Maya.

Esta mente ordinaria es en realidad el pensamiento convencional. El conjunto de sus observaciones es la memoria y contiene registros de nuestra experiencia, palabra a la que le hemos dado un gran valor pero que no es otra cosa que nuestra propia versión interpretativa y subjetiva de una realidad que no somos incapaces de percibir por este medio mental.
El yo ordinario resulta ser una sumatoria de experiencias subjetivas creadas por la actividad cerebral y el pensamiento convencional con el fin de crear un sistema de referencia para la conducta. La mayoría de los seres humanos no experimentan casi nunca ninguna otra forma de consciencia, así que cuando creen percibir  a su alrededor el universo, el cual confunden con la realidad, solo están viendo sus propias mentes.
En realidad solo tenemos nuestras percepciones, esas sensaciones de un fugaz e ilusorio presente que rápidamente se convierte en pasado. La ilusión del presente es creada por la mente porque en realidad no lo podemos percibir más allá del silencio mental. Las sensaciones que interpretamos son variaciones codificadas de las vibraciones percibidas, las cuales han viajado a desde el aparente emisor externo hasta el órgano de percepción, algunas a la velocidad de la luz, otras a la velocidad del sonido y las más cercanas, finalmente a la velocidad del impulso nervioso. Para cuando llegan al cerebro ya ha transcurrido algún tiempo desde la perspectiva de la mente acostumbrada a medir los cambios mediante esa figura, es decir, ya el presente se ha fugado y la percepción consciente corresponde a algo que ya ha sucedido. Literalmente, no percibimos el presente sino el pasado, lo cual representa una paradoja interesante.
Pero en realidad el tiempo es también una invención de la mente. Es solo un proceso mental adaptado para percibir los cambios de eso que llamamos universo. La física relativista de Lorentz y de Eistein han demostrado que, lejos de ser una constante, el tiempo es relativo y depende por entero de la velocidad de desplazamiento. A la velocidad de la luz los relojes se detienen por completo, es decir no existe el tiempo. Todos hemos sin duda vivenciado las variaciones de la sensación del paso del tiempo según nuestro estado emocional. En los momentos placenteros el tiempo parece volar en tanto que en los momentos que consideramos difíciles el tiempo parece detenerse. Igual sucede con el paso de los años. Lo que en la infancia parecía un tiempo muy largo ahora se escurre en un santiamén. No obstante, la tierra sigue girando a la misma velocidad sobre sí misma y alrededor del sol, lo cual haría los días y los años de igual duración independientemente de nuestras sensaciones.


La ilusión del tiempo es hija de la ilusión del espacio, la cual a la vez surge de nuestra manía de creer que existen cosas separadas. La física cuántica ha hecho incontables experimentos que demuestran que el espacio o distancia no es una realidad para las partículas entrelazadas. Es nuestra percepción la que al poner límites a las vibraciones y llamarlas objetos crea el espacio vacío, desconociendo que haya otras vibraciones no perceptibles para nuestros instrumentos y que conecten lo que creemos desconectado.

 Las últimas investigaciones científicas desconocen tal cosa como un espacio vacío y afirman que eso que llamábamos espacio está vivo de realidad potencial a punto de precipitarse, al ser captada por un perceptor u observador. Tiempo y espacio no tienen realidad independiente fuera de nosotros y son solo procesos del mecanismo de percepción animal. Dicho en términos sencillos, el espacio-tiempo es una creación mental tan irreal como el universo externo que alumbramos en el interior de nuestra cabeza.

 Tiempo y espacio son creaciones de adaptación de la mente al interpretar las percepciones de la realidad. No hay un mundo interior que nos pertenezca y un mundo exterior para ser examinado. El observador y lo observado son la misma cosa.El universo real es vibración infinita e ilimitada, es una unidad perfecta, sin fragmentos, sin espacios vacíos, que existe en la eternidad, es decir, fuera del tiempo.       
 El fenómeno de contracción de la luz cósmica que generó la creación, dio lugar a la multivariedad de vibraciones que se precipitaron como cristales que surgen de una solución salina homogénea y traslúcida, aparentemente separados, pero que al ser nuevamente disueltos vuelven a ser un todo homogéneo. La mente humana ordinaria funciona como un cristalizador que todo lo separa. La consciencia real, no la ilusoria sensación mental de estar conscientes, funciona como un disolvente universal que logra convertir lo separado en un todo homogéneo.

El aspirante al discipulado ha de esforzarse por ver más allá de las percepciones mentales ordinarias, más allá del tiempo y del espacio. Solo así logrará percibir la realidad de su conexión con todo lo creado en un universo real de infinitas potencialidades y posibilidades. 

La mente ordinaria ha construido la ilusión del yo, del perceptor separado. Si se ve más allá, se descubrirá que no se trata de una conciencia individual que observa y vive un proceso personal de evolución sino de una conciencia única que se manifiesta en múltiples variedades estructurales, en un proceso de movimiento o cambio continuo, fuera del tiempo, en tanto que lo observamos como creación. El universo que creemos ver solo existe en la medida en que lo observamos. El universo real solo es perceptible por la consciencia Unica, a la cual solo se llega al traspasar el triple velo astral, mental y espiritual, lo cual equivale a decir cuando desconectemos la mente de las emociones y salgamos de la ilusión del tiempo del espacio y de la separatividad.
Como expresó sabiamente el escritor, filósofo y poeta Ralph Waldo Emerson:"vivimos en sucesión, en división, en partes, en partículas. Mientras tanto dentro del hombre está alma del todo; el silencio sabio; la belleza universal, con la que cada parte y partícula está igualmente relacionada, el Uno eterno. Y este profundo poder en el cual existimos y cuya beatitud es completamente accesible a nosotros, no es sólo auto-suficiente y perfecta en cada hora, sino que el acto de ver y la cosa vista, el vaticinio y el espectáculo, el sujeto y el objeto, son uno. Vemos el mundo pieza por pieza, como el sol, la luna, el animal, el árbol; pero el todo, del cual estas son partes brillantes, es el alma.”

Vivamos en actitud de permanente observación, pensando acerca del pensamiento y vigilando el incesante vaivén del yo personal, del ego, de la mente ordinaria con todos sus pensamientos, volando como mariposa de flor en flor, hasta que logremos la serena expectación que nos concede el milagro de la percepción de la Seidad o Existencia Real, del Gozo que regala la quietud perfecta y del Conocimiento Absoluto que deriva de la comunión con el Todo.
Bendiciones para todos,

Alipur Karim


*

martes, 6 de agosto de 2013

DISCIPULADO Nº 11 - LA INTELIGENCIA UNIVERSAL

DISCIPULADO Nº  11


LA INTELIGENCIA UNIVERSAL

La investigación científica asocia la inteligencia al cerebro. La investigación esotérica suele atribuirla al trabajo del Ego o Yo interno efectuado mediante la asociación entre el Cuerpo Mental y el cerebro. El aspirante al Discipulado debe trascender estos dos conceptos haciendo consciencia de la verdadera inteligencia.

La investigación y análisis de cualquier estructura presente en el universo, revelará un maravilloso orden, una sorprendente complejidad, ya sea que se aborde desde el punto de vista de la física convencional, de la física cuántica o de la química. En tiempos modernos, la tecnología permite ampliar nuestra capacidad de observación y nos sorprende aún más al mostrarnos aspectos macro y micro cósmicos que el ojo convencional no podría apreciar. Tanto en lo grande como en lo pequeño la aparente realidad está inteligentemente ordenada. Cada estructura enseña el resultado de un largo proceso de acomodación evolutiva del universo y la presencia permanente del movimiento y de la vida. Las nuevas criaturas o estructuras generadas en este proceso son igualmente ordenadas y llevan en sí una herencia extraordinaria de información inteligente que sin duda es independiente del cerebro, aún cuando es a través de él como estamos acostumbrados a comprender, analizar e investigar.

El ser humano le ha dado una especial importancia al cerebro y confunde inteligencia con proceso del pensamiento. En realidad, vivimos en una estructura física cuya actividad vital no es controlada por el pensamiento, pero la mayoría creen que es así  y hasta extrapolan esta creencia al mundo, creyendo que este puede ser controlado por el cerebro, el pensamiento o el deseo. La inteligencia no es exclusiva del cerebro ni de ninguna otra parte del sistema nervioso. El cerebro escasamente puede manejar voluntariamente en nuestro cuerpo aquello que tenga músculos. Trasladarse, hablar, ver, respirar, gesticular solo son completamente posibles gracias al movimiento muscular voluntario. Pero el cerebro no tiene control consciente sobre nada más. Ni siquiera cierta clase de músculos como los que facilitan el tránsito intestinal o el músculo del corazón están bajo esta clase de dominio. Para la mayoría de las actividades vitales el organismo recurre al llamado sistema nervioso vegetativo, el cual es un mecanismo automático, involuntario, sobre el que no tenemos ningún control consciente. Pero no podemos atribuir la inteligencia del cuerpo a este sistema. El desarrollo embrionario del ser humano tiene su origen en una célula heredera del material genético de sus padres, a partir del cual se forma una primaria estructura formada por tres capas denominadas ectodermo, mesodermo y endodermo las cuales nos son otra cosa que hileras de células que poco a poco van diferenciándose y especializándose siguiendo un programa predeterminado. En estas capas germinales originales no existe tal cosa como el cerebro o el sistema nervioso vegetativo. Estos aparecerán mucho más adelante en el desarrollo del feto. Vale la pena decir que el cerebro y en especial la corteza cerebral, asiento aparente de nuestra actividad consciente son la última adquisición de nuestra estructura corporal en el proceso de la evolución. Esto se revela en el desarrollo fetal. El cerebro es uno de los últimos en aparecer y aún debe madurar después del nacimiento antes de que un individuo pueda alcanzar alguna actividad consciente. Su desarrollo y evolución están ligados al programa predeterminado. Es decir, el cerebro está sujeto a la inteligencia y no al contrario.

El programa original de cada ser contiene toda la información relacionada con el desarrollo de la estructura, su funcionamiento, su equilibrio biológico, su capacidad de reacción y la posibilidad de hacer actualizaciones de nuestros programas. También incluye mecanismos de defensa y detoxificación. Toda alteración de la información básica de este programa redundará en una malformación, enfermedad o tendencia patógena y toda alteración funcional o estructural tendrá como consecuencia un deterioro físico, vital, emocional o mental. Las alteraciones pueden ser parte del contenido original, transmitido por herencia o pueden darse por agresiones internas o externas, mentales, verbales, emocionales, energéticas o físicas, por parte de otros individuos, animales, plantas, sustancias no compatibles o infecciones virales, bacterianas o por otros microorganismos y parásitos. Igualmente pueden existir deficiencias nutricionales, afectivas, sociales o cósmicas que desencadenen un proceso de disfuncionalidad o muerte.

Aparentemente el programa original está contenido en el ADN. No obstante, el ovulo fecundado es algo más que hélices de ADN y dos individuos con ADN idéntico, como es el caso de los gemelos univitelinos, son individuos diferentes aunque sus estructuras se parezcan mucho. La inteligencia trasciende el ADN. De hecho, los hijos de padres similares provienen de informaciones de ADN idénticas presentes en los espermatozoides del padre y los óvulos de la madre. En cada fecundación, el programa original correspondiente al ser que encarna determina qué parte del material de cada padre es tomado, dando lugar a hermanos diferentes con ADN distinto. El conocimiento espiritual revela que el programa original está contenido en el llamado átomo simiente o átomo primordial del cuerpo físico, un paquete de información que a la manera de un chip es colocado en la cabeza de uno de los espermatozoides del futuro padre y que debe coincidir con el átomo simiente del cuerpo vital o energético colocado en el óvulo de la futura madre. Tales átomos pertenecen a cada ser individualizado durante todas sus encarnaciones y hacen parte del juego de varios átomos simientes que son necesarios para el desarrollo del ser en cada vida. Estos átomos son programas que contienen todas las posibilidades de desenvolvimiento y evolución de la criatura a quien pertenecen y la información allí contenida es el resultado del proceso vivido a través de múltiples encarnaciones. Toda la síntesis de la experiencia es guardada en ellos. Al morir, después de un largo proceso de destrucción de la estructura física, vital, emocional y mental, los átomos son conservados. La personalidad, formada por estos cuatro vehículos destruidos, llega a su fin. La vida que actuó a través de ella se retira al mundo Mental abstracto. Esa vida actuante que algunos llaman el Triple Espíritu o Yo Superior, no es otra cosa que una proyección del Triple rayo de la Mónada o Espíritu Virginal. Es una triple fuerza cargada de información que se incorpora a la Gran Fuente de información del Espíritu Universal de la cual siempre ha hecho parte. Dicho de otra manera, lo que nosotros llamamos un individuo no es otra cosa que una forma particularizada de información del Espíritu Universal que actúa a través de las estructuras generadas, con un propósito específico, determinado por Su Universal Inteligencia. El impulso hacia una nueva encarnación surge de la Inteligencia Universal y fluye hacia su proyección. La encarnación no es planeada por el Yo, simplemente porque el Yo, tal como solemos concebirlo, como un ente separado de la Divinidad, no existe. El Yo superior es una forma de acción de la Divinidad y no un ente separado. Esta ilusión se crea cada vez que la Fuerza encarna, es decir que adopta una forma particularizada en el espacio-tiempo. Igualmente, si el Yo separado existiera no tendría en el Mundo mental, antes de la encarnación, ni un cerebro, ni un ADN, ni emociones, ni pensamiento, ya que éste último solo es posible mediante la acción del cuerpo Mental sobre el cerebro. La Inteligencia Universal no planea encarnaciones separadas. La Mente Universal (Mahat para el vedantista) lo ha contemplado todo de un solo golpe ya que la creación es una estructura en red y no un rompecabezas compuesto de pedacitos que encajan en un molde. Junto con “tu” programa de vida han sido contemplados los programas de vida de los aproximadamente 7.000.000.000 de habitantes que están encarnados simultáneamente contigo y los programas  de vida de los billones de animales, plantas, minerales, elementales, espíritus de la naturaleza, ángeles en todas sus Jerarquías  y demás criaturas de todas las corrientes de vida de esta creación. Todos estos programas están entrelazados siendo en realidad un solo programa. Es la creación que fluye y ha sido contemplada por la mente Divina, instante tras instante en el eterno presente de su Infinita Existencia. A través de cada aparente criatura fluye constantemente la Fuerza de la misma Divinidad, siguiendo el Plan de Su Divina Inteligencia Universal. Es la misma Mente Universal quien ha creado todos los arquetipos de forma y fuerza de todo lo existente porque El es la Existencia misma. Esra Fuerza Armónica ordenada e Inteligente fluye a través del Angel y de la piedra, del hombre y del animal, de la planta y del elemental. Todos los seres manifiestan de una u otra forma esa inteligencia de una manera aparentemente particularizada para los propósitos del Plan Único  Al igual que los colores del espectro son simples reflejos aparentes de una única luz que atraviesa el cristal, cada ser no es más que una forma particularizada de la Vida Universal que manifiesta la multivariedad en la secuencialidad y la Unidad en la atemporalidad. Cada paquete de información, cada parte del programa tiende a su expresión y va creando, en un creciente proceso, la ilusión del ego, del yo separado, que luego adorna con la figura de un Yo Superior. La Vida Universal está en inconsciencia profunda en el elemental, duerme en el mineral, sueña en la planta, siente en el animal y despierta en el hombre, viéndose con claridad a sí misma en el ser iluminado y en el ángel.

Esa compleja estructura física, vital, emocional, mental y espiritual en la que parece habitar tu yo es una forma particularizada de la Inteligencia Universal que se esfuerza para verse a sí misma, deshaciendo la obstrucción que genera la ilusión de la separatividad, para fluir con todo su Poder con entera Libertad. Al paso de la Luz crujen las tinieblas generando el proceso del sufrimiento humano, el dolor de los egos que en su ilusión de ser tan grandes como Dios no pueden ver que son la Divinidad misma. La prepotencia del ego no es más que agua estancada de la Divina Fuente, agua que perdió el cauce del río de la Vida, luz apagada en la profundidad de una caverna.
Es necesario permitir que la Verdadera Inteligencia fluya a través de toda estructura humana, permitiendo que el verdadero discernimiento, el proceso contemplativo que se halla más allá del pensamiento ordinario, basado en la memoria y los patrones emocionales descontrolados, atrapados en el vaivén del tiempo, retome el control, vuelva al cauce y permita que el cerebro cumpla la verdadera función para la que fue creado: el fluir de la Sabiduría, la expresión de la Inteligencia Universal. El pensamiento ordinario, con todo el proceso del silogismo, del raciocinio, es un simple juego comparado con la maravillosa complejidad que inunda al ser iluminado, conectado con la Fuente de la Sabiduría Universal. El conocimiento que deriva del pensamiento es una mera falacia virtual que envejece y muere con el tiempo para convertirse en falsedad, pues el pensamiento desconoce el Plan Original, el verdadero Arquetipo de la Creación. El pensamiento junto con sus ayudantes de laboratorio, los órganos de los sentidos, son incapaces de percibir la realidad, solo ven su reflejo, quizás su sombra. Los sentidos nos hacen ciegos a la Verdad; el pensamiento egóico, con su carcelera la memoria psicológica, nos invalidan para sentirnos en la presencia Divina. Hay que huir del condicionamiento, hay que escapar de la prisión del intelecto, hay que ir más allá de los sentidos y más allá del tiempo, hay que dejar de sentirnos como pedazos de la Creación y ver que somos la Creación misma y el Creador actuando en ella, develando su sueño de verse reflejado en el espejo de la Manifestación. Hay que permitir que el triple velo astral, mental y espiritual sea corrido para permitir el paso de la luz, de esa Luz Universal que siempre ha estado ahí, contenida, dispuesta a fluir cuando hayan sido liberados los obstáculos que estorban su paso.

El ego, el falso rey actual de tu personalidad debe abdicar al trono y ceder el paso al Verdadero Rey. Esfuérzate en ello, no como un yo, sino en la consciencia de la Unidad, de la Totalidad,  de la complejidad de la Red del Tejido Infinito de la Divinidad. Extiende tu visión, mira más allá. No eres alguna clase de ser abstracto escondido en el cerebro. No pretendas hallarte allí como quien busca al locutor dentro de un aparato de radio. El artífice está más allá. Tu cerebro es solamente un maravilloso instrumento biológico que aun no alcanza el propósito de la Inteligencia que lo construyó. Este aparato no construye la inteligencia. Ella lo genera a él y le permite evolucionar. Busca la verdadera Inteligencia, cambia el dial, sintonízate con la frecuencia correcta, pásate al modo Consciencia Infinita y  encuentra la clave del contacto con la Sabiduría Universal. Deja de buscar al yo en el cerebro, en las creencias, en los partidismos, en las organizaciones. Nunca lo hallarás allí. Deja de buscar al yo. El yo no existe. Solo hay una Única presencia: la Vida que actúa a través de esa estructura particular de la que te crees dueño, que es la misma que actúa a través de todas las estructuras de las que otros tantos egos buscándose a sí mismos se creen dueños. Tu alma, el Alma del Mundo es como una mariposa en  crisálida. La estructura es el capullo. Rompe tu capullo alma divina y emprende el vuelo de la Libertad.

El cerebro, además de ser un supervisor de la actividad del organismo, debe ser un instrumento puente entre el mundo biológico, el mundo de la energía o etérico y el mundo mental. La actividad del pensamiento ordinario hace que el cerebro quede atrapado en la actividad repetitiva de la memoria, la cual es la base del yo inferior o ego. En este estado cada conjunto de estructuras individualizadas se creerán individuos y soñarán con obtener satisfacciones meramente materiales, con tener y mantener una familia y alcanzar el éxito en la personalidad para ser reconocidos en la sociedad. El pensamiento convencional no permitirá ir más allá.

El ego inferior es un truco de la Divinidad para permitir que la estructura alcance la supervivencia y el desarrollo necesarios. Este proceso se lleva a cabo hasta la edad de veintiocho años. En este tiempo, el individuo pasa por varias etapas que hacen parte del desarrollo psicológico  a la par que los llamados vehículos de la personalidad (físico, etérico, astral y mental) alcanzan la misma estatura de la encarnación anterior. A partir de esta edad, en sucesivos períodos de siete años, los vehículos superiores, sin forma, surgen paulatinamente. Esta triple fuerza espiritual llamada el Yo Superior (Atma, Budhi, Manas o Triple Espíritu) debe hacer conexión con el cuerpo físico a través del puente en el cerebro, desterrando el control del pensamiento y la ilusión de la separatividad. Si esto no se consigue, el individuo será un personaje más del montón cuya mente patina una y otra vez en el condicionamiento de su memoria, atrapado en sus hábitos, manías, deseos, emociones y recuerdos, es decir se convierte en un autómata comandado por el yo inferior que es todo lo anterior. Si logra el contacto, se implantará el comando de su Yo Superior. A la edad de cuarenta y nueve años, no obstante, este Yo Superior debería dar paso a la conciencia de Unidad. Si el ser logra dar el salto, la Luz Universal permeará toda la estructura y hará que el predominio de la Triple Fuerza Divina, la proyección del Triple Aspecto Divino, tome el comando. Si no se logra dar el salto, el ego inferior o Superior seguirán tomando el comando y patinarán en la misma rueda de la espiral evolutiva, viviendo otros siete periodos septenarios en los cuales intentará corregir aquellas deficiencias o fallas cometidas en el proceso correspondiente a cada vehículo, con el fin de alcanzar el objetivo, en el caso de que sea el Yo Superior o Ego quien comanda. Pero si se trata del ego inferior, esa ilusión virtual que nos hace creer que somos individuos separados, es posible que surjan violentos impulsos o deseos reprimidos de otros tiempos y que el ser experimente una especie de retrogradación a la infancia o la adolescencia, aspectos que con gran frecuencia se aprecian en las personas de edad avanzada. Esto representa una caída al abismo, de la cual solo es posible escapar mediante la muerte y una nueva encarnación.

El Yo Superior o Triple Espíritu intentará dar la batalla por el trono de la estructura, mediante algún proceso como el del Probacionismo y tal vez se ayude de la Ronda Interna en la cual cada año de un septenario representa a un septenario completo para hacer o corregir el trabajo necesario en cada vehículo.

En el proceso del Discipulado, el ego no está invitado. Es imposible invitar a alguien que realidad no existe.

En el proceso del discipulado está invitado el Yo Superior y el trabajo comienza con el desarrollo de Manas, el Espíritu Humano, quien opera más allá del pensamiento ordinario, en el Mundo del Pensamiento Abstracto.

 La meditación contemplativa es la práctica más adecuada para permitir la conexión del Manas con el puente del cerebro y permitir que el discernimiento verdadero, el fluir de la Inteligencia Universal, sea la mecánica permanente.. Esto generará una extraordinaria mutación evolutiva en el cerebro que hará que el proceso elevado de percepción alcanzado sea el estado natural y que sea imposible el manejo del pensamiento ordinario. El Yo superior habrá escapado para siempre de la prisión del intelecto y comprenderá que es necesario dar paso a la Luz. Entonces será cuando el conocimiento perfecto del Plan Primordial y la Sabiduría fluyan a través del ser.

Alipur Karim
  

*

miércoles, 6 de marzo de 2013

DISCIPULADO No.10 ROMPIENDO EL VELO ESPIRITUAL


DISCIPULADO No.10
ROMPIENDO EL VELO ESPIRITUAL


 
El trabajo mental del discípulo implica la ruptura de tres velos: el velo astral, también llamado velo del arco iris; el velo mental o velo del templo y el velo Celestial o Abismo. A los dos primeros nos hemos referido en anteriores líneas. Trataremos ahora lo concerniente al último.
                                                                                                            
El velo celestial es la frontera que separa la Unidad, representada por la Trinidad Suprema, expresada como Voluntad, Amor-Sabiduría y Actividad Inteligente, bellamente simbolizadas por tres distintas personas o dioses en las diferentes concepciones religiosas, y la dualidad, interpretada por el ser humano como expansión-contracción, luz-oscuridad, negativo-positivo o Mal y Bien. Esta cortina nos separa del Paraíso del que fuimos expulsados al probar la fruta del Árbol del Conocimiento  de la Ciencia del Bien y del Mal. Hay un gigantesco abismo en este velo que franquea el paso del discípulo, el cual debe construir un puente que le permita superar la dualidad. En realidad se trata de salir de la ilusión de la separatividad, de la concepción sujeto-objeto. Más allá del Abismo se halla el Sujeto Único: la Divinidad. Muy pocos seres humanos han logrado traspasar esta frontera. Quienes lo han logrado, ciertamente se han convertido en la Divinidad misma.
                                                             
Harmonic Light Spiral VortexLa necesaria división entre sujeto conocedor y objeto conocido, creada al comer el fruto del Árbol del Conocimiento, constituyó la caída del Paraíso, símbolo de la Conciencia de Unidad. La Triada Divina se separó del resto de la manifestación por el Abismo. Fueron separadas las Aguas Superiores de las Inferiores según el texto simbólico del Génesis. El Pensamiento de la Divinidad fue separado, por este Abismo, de sus contenidos singularizados, dando la ilusión de la emergencia de entidades separadas. Este fue el proceso involutivo de individuación de las Mónadas o Espíritus Virginales. El Divino Pensamiento se transforma en Luz (“…Y Hubo Luz”). La Luz generó la consciencia del Yo. Los seres sensibles, dentro de la Mente de Dios, en una  Gran Ilusión se percibieron unos a otros como objetos o se pensaron a sí mismos como Yoes, asumiendo la subjetividad como propia. 

Entonces  surgió el Universo de los nombres y las formas (Adán puso un nombre a cada cosa). El lenguaje surgió de la necesidad de coordinar acciones entre los seres generados por la ilusión de la individualidad.Esto creó la noción de objetosAparecieron  símbolos e imágenes mentales de los objetos. La distinción de objetos generó conceptos abstractos de ellos. Los conceptos generaron distinciones y éstas generaron el proceso de observación consciente.

 El Observador apareció al distinguir entre observaciones, y la consciencia de sí como observación del que observa. El observador distinguió un mundo externo a él, cuya imagen podía compartir, pero no era un mundo real sino uno que alumbramos con los demás, al ponernos de acuerdo en definiciones de nuestras observaciones.


Ese mundo que alumbramos incluye pensamiento abstracto de nuestro mundo interno, conceptos, creencias, imágenes mentales, intenciones y consciencia de sí.
De hecho, el ser confió en sus sentidos físicos de percepción al confundirse con la forma biológica individualizada en apariencia. Pero definitivamente nuestros cinco sentidos son extremadamente limitados para percibir la realidad. Solo perciben reflejos de vibraciones de la realidad misma que ni siquiera pueden ser captados por el observador en tiempo presente ya que las vibraciones, envueltas en la secuencialidad generada por la ilusión del espacio entre individualidades separadas, deben viajar de un supuesto objeto al sujeto. La luz, el sonido, las partículas, las radiaciones etc., tienen una velocidad determinada y, por grande que ésta sea, hace que las señales tarden un tiempo mientras llegan al observador. Entre mayor capacidad para percibir a la distancia tenga nuestro poder de percepción más distante es el pasado que percibimos. Al mirar el cielo de una noche estrellada estamos viendo lo que sucedió hace varios años, que es lo que demora la luz de las estrellas en llegar desde lejanos lugares del espacio a nuestra retina. Al mirar al Sol vemos lo que sucedió hace 8 minutos. Y nuestros limitados sentidos apenas si captan una pequeña gama de entre todas las infinitas vibraciones posibles. Y ha sido con estos pocos e imprecisos datos que hemos generado nuestra imagen del universo.

El discípulo debe aprender a distinguir entre lo ilusorio y lo real. Tal vez en primera instancia a darse cuenta de su muy limitada percepción de lo Real y de su incapacidad de acercarse a la realidad mediante observaciones sensoriales. Al igual que no podemos ver a simple vista la infinidad de conexiones entre todas nuestras células que hacen de nuestro organismo una unidad perfectamente sincrónica, nos es imposible ver con una mente ordinaria las infinitas conexiones entre todos los seres de la Creación. Más allá del Abismo, al romper el velo Celestial, el Iniciado comprenderá y sentirá que no hay sujeto ni objeto separados, ni mónadas individualizadas.

 El mundo separado, diferenciado, el reino de los nombres y las formas, solo existe en la mente del que se cree el Observador. Al traspasar el Abismo, después de la llamada Noche obscura del Alma, el Iniciado experimentará la fusión con la Unidad y recobrará la Consciencia Real de que no hay ni mundo, ni Yo, ni Dios, ni nada adentro o afuera. Solo hay un Sujeto Único: la Divinidad. Esto solo será posible al retornar al Paraíso y comer del fruto del verdaderoConocimiento del Árbol de la Vida.

Es un buen ejercicio para el aspirante el tratar de ver siempre la expresión de la Divinidad a través de todo lo que existe, sintiendo en cada criatura la manifestación viviente de una de sus infinitas facetas y sintiendo, más allá de la dualidad, a cada ser aparentemente separado como una parte de sí mismo, conectado por invisibles hilos a toda la Creación.

Alipur Karim


* * *